jueves, 16 de mayo de 2013

Un día en Venecia

By Sole
Mayo 2012

A las 5:30 hs sonó el despertador! Mmm, no estábamos de vacaciones??? Como pudimos nos levantamos, inundamos el baño y salimos hacia la estación. El desayuno no estaba incluido en el precio de la habitación, tenía un costo adicional de E10 por persona. Olvídalo! Pasamos por el Mc Donald’s que teníamos a una cuadra, pero aún estaba cerrado. Seguimos caminando. Atravesamos la plaza, que a esa hora estaba desierta y compramos un café con una bollería en la estación. Validamos el pasaje y nos sentamos en nuestro asiento a desayunar mientras esperábamos la partida.
Tras 2:25 hs, y haber parado en varias estaciones intermedias llegamos a la estación Venezia Santa Lucia, apenas eran las 9 de la mañana! Bajamos del tren y ya estábamos en la Venecia que tanto habíamos visto en películas y fotos! Intentamos conseguir un mapa en la oficina de turismo, pero dejamos de hacer la fila para ingresar a la misma cuando leímos en una de las paredes el cartel que decía que no se entregaban mapas. Compramos uno a E2,5 en uno de los negocios vecinos que vendían souvenirs y casualmente mapas! Unos metros más adelante ya encontramos el primer puente, que cruzamos. Fuimos adentrándonos en las callecitas, sin seguir el mapa, caminando a donde el camino nos llevara, en algunos casos no había muchas posibilidades, y la ausencia de camino nos hacia retroceder y buscar una calle que terminara en un puente. Es increíble como las casas tienen sus cimientos en el agua y no están llenas de humedad, o al menos en su parte externa. Había calles de diferente ancho, varias muy angostas, que abriendo mis brazos conseguía tocar ambas paredes. Desde ya que no había diferencia entre calle y vereda, era todo suelo de piedra o adoquines peatonal. Al lado de algunas casas se veían aparcadas lanchas, como si fuese el auto en el garaje. Cada tanto nos cruzábamos con los carteles amarillos colocados en las paredes con la inscripción “Per Rialto” o “Per S. Marco”, que iban indicando el camino hacia esas atracciones.



Por una de las callecitas...

A medida que nos fuimos acercando al Ponte di Rialto, el más importante de la ciudad, fue aumentando la cantidad de negocios. De hecho, el puente era tan ancho, que en su centro albergaba dos hileras de negocios que vendían principalmente souvenirs. A los recuerdos clásicos se sumaban acá las máscaras del carnaval de Venecia, góndolas, y colgantes en cristal de Murano. Ya habría tiempo para comprar.
Debajo del Ponte di Rialto estaba el Gran Canal, que como su nombre lo indica era el “gran Canal”.  Acá el tránsito de góndolas y lanchas de todo tamaño era más intenso, sería como una avenida. Mientras estábamos sacando una foto, pasó una “lancha ambulancia” con sirena encendida a toda velocidad, generando un gran movimiento de agua, que fue fácilmente perceptible en las góndolas cuyos movimientos oscilatorios fueron más intensos.

Rialto sobre el Gran Canal

Ya del otro lado del Rialto seguimos caminando hacia Piazza San Marco, el centro de Venecia. Ahí nos encontramos con toda la gente que no habíamos visto en el resto de las calles. La masa de gente hacía fila para ingresar a las diferentes atracciones que rodeaban la plaza: la Basílica y el campanario del mismo nombre, el Palacio Ducal, y la torre del reloj.
Además de gente, había muchas palomas demasiado sociables. Cuando alguien les daba de comer, lo rodeaban y hasta se posaban en su mano! Algunos padres entretenían a sus niños con estas aves tan poco atractivas. Dada mi aversión habitual a las mismas, evité todo contacto con ellas.
En los alrededores de Piazza San Marco estaba prohibido sentarse en el piso, incluidas escalinatas o escalones. De igual manera no estaba permitido ir vestido indecorosamente con el torso desnudo o comer en el lugar. No bien alguien cometía alguna de estas infracciones del código de ética local, venía gente de seguridad para modificar la actitud del infractor. Había un par de carteles que informaban las prohibiciones.



A unos metros de la plaza, pudimos observar el Puente de los Suspiros o Ponte dei Sospiri, que antiguamente unía el Palacio Ducal con la prisión. Según cuenta la historia, el puente debe su nombre a los suspiros de los prisioneros que desde ahí veían por última vez el mar.
Volvimos a la Piazza, sacamos algunas fotos, giramos a la izquierda y continuamos caminando hacia ese lado, metiéndonos en más callecitas no tan pobladas. En la caminata nos cruzamos con algunos infortunados que paseaban sus valijas por el lugar, tal vez buscando un hotel o tal vez buscando la estación de tren tras haber realizado el check out. Qué complicado caminar por Venecia con las valijas, teniendo que subir y bajar varios escalones en cada puentecito! Pudimos ver después que otros pagaban a una lancha para que les transportasen el equipaje hasta su alojamiento.

En uno de los tantos puentecitos

Llegamos caminando hasta la galería de la Academia, donde dimos media vuelta y emprendimos el regreso hacia la zona del Rialto. Volvimos a cruzar lentamente el puente que nos había conducido a ese sector de tierra, disfrutando del paisaje. Ahí nos cruzamos con el oriental de la ensalada de fruta. Como si fuese un objeto extraño y fuera de lo habitual, apoyó el vaso que contenía las frutas en la baranda del puente y le sacó mínimamente 10 fotos de todos los ángulos posibles. O bien era un fotógrafo que quería capturar la esencia de esa ensalada, inspirado, luego de haber visitado la galería de arte o bien alguien que nunca en su vida vio un trozo de manzana, naranja, sandía y una rebanada de kiwi juntos en un mismo vaso de plástico! Mientras observábamos esto, a unos pocos metros se escuchaba a un par de personas queriendo regatear un viaje en góndola; el gondoliere se negaba a cobrar menos de E80.
Se estaba haciendo el horario del almuerzo, apenas habíamos comido unas galletitas en una plaza donde sí estaba permitido el consumo de alimentos y sentarse en el piso. Comenzamos a buscar algún lugar donde comprar algún sándwich o algo que pudiéramos comer sin necesidad de sentarnos en una mesa. Sin convencernos nada, terminamos en el mercado de Rialto, donde había puestos que vendían frutas, verduras, pescados frescos y flores. Compramos maníes y una bandeja de frutillas, que enjuagamos en un bebedero al lado del mercado. No sentamos en un escalón, frente a una pequeña piazza donde había un par de restaurantes con mesas en la calle, y varias personas comiendo y tomando alguna bebida alcohólica en copas de parados, frente al Gran Canal.
Aún no hemos encontrado frutillas mejores a las que comimos en esa oportunidad, grandes, rojas, en su punto justo de maduración, sabrosas, podríamos decir, que eran las frutillas perfectas. Terminamos almorzando frutillas con maníes mirando el Gran Canal. Al lado se nos sentaron dos niños ingleses a comer duraznos.
La tarde trascurrió caminando, entrando en algunos locales que vendían souvenirs donde  compramos algún imán, llaveros y un par de colgantes de cristal de murano para regalar. Hasta pasamos por el hospital, que tenía aparcadas varias lanchas ambulancias de diferentes tamaños. En la isla de San Michele, curiosamente frente al mismo, se encontraba el cementerio. En este punto podemos decir que la gente de Venecia es muy práctica, o bien el paciente se va a de alta caminando o sale en lanchita hacia la isla de enfrente.
Antes de enfilar hacia la estación, nos detuvimos en alguna calle, que no tengo la más mínima idea donde estaba ubicada, y compramos un gelato. A estas alturas Seba era un experto hablando en italiano. “Voglio un gelato di fragola e cioccolato”. Hasta ahí todo bien! El problema vino cuando pidió una cucharita adicional, “una cuchiara, per favore”. La empleada interpretó lo que quiso decir, pero no pudo evitar reírse.
Guiados por los carteles que indicaban el camino hacia Santa Lucia, llegamos a la estación. Aún faltaba un rato para el horario de partida, tiempo suficiente para hacer uso del baño más caro del viaje: 1E!
El tren partió repleto, con gente parada. Era un servicio más económico que el de la ida, en un tren más viejo, que tenía más paradas intermedias y en consecuencia tardaba más. Habiendo tardado una hora más que a la ida, llegamos cerca de las 21 hs a Milano.
Antes de volver al hotel hicimos una parada en el Mc Donald's, el mismo que a la mañana estaba cerrado, para comer un Big Mac; el primero y último en mucho tiempo. Agotados regresamos al hotel.




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