jueves, 2 de mayo de 2013

Praga - De la Colina de Vysehrad a la primera comida checa!

By Sole
Mayo 2012

Desde la estación de tren hicimos combinación con el subte. Ya habíamos cambiado algo de dinero en Budapest así que teníamos algunas coronas checas o Kc para comprar el pasaje en metro. Sacamos 2 tickets de adultos, 32 Kc cada uno, y 2 tickests de 16 Kc para las valijas; si uno quiere viajar con niños, mascotas o valijas tiene que comprarles este medio pasaje.
Partimos de Hlavní nádraží en la línea C de metro, una de las 3 que hay en la ciudad, que se identifica con el color rojo; bajamos 2 estaciones después en Pavlova. Unas 4 largas cuadras nos separaban del hotel.
Además del metro, la ciudad cuenta con una extensa red de tranvías, la tercera de Europa en importancia luego de San Petersburgo y Budapest, y algunos colectivos. De todo esto, el subte era lo que mejor nos dejaba.

Cuando salimos a la superficie constatamos que estaba nublado y bastante fresco, algo que no nos sorprendió mucho dado que antes de salir de Salzburgo habíamos consultado el tiempo de Praga en "weatheronline.co.uk".  Apareció ante nuestros ojos una larga avenida, un tanto despoblada, franqueada por una sucesión de edificios de entre 3 y 4 pisos, del mismo estilo aunque diferente diseño, y colores que iban de un color tiza, pasando por el gris, rosa, un naranja muy suave, un caqui, y terminando en marrón.  A pesar de la monotonía, no tenían el aspecto deprimente de los edificios de Zagreb.
Avenida Legerova


Luego de avanzar una cuadra nos dimos cuenta que no se podía cruzar la avenida hacia el otro lado. Para nuestra fortuna unos metros más adelante encontramos un paso bajo nivel que nos permitió acceder al otro lado de la avenida, donde estaba el hotel. Ya no teníamos brazos ni cintura, y a las pobres valijas se le estaban gastando las rueditas de tanto trajín! Después descubrimos que luego de algunas cuadras la calle se transforma en una autopista y por eso estaban las restricciones de cruce.
Encontramos el hotel sin problema. Rápidamente hicimos el check in, y la recepcionista muy amablemente nos dio un mapa; los ojos de Seba se iluminaron!!! Otro mapa!!! Estaba más contento que perro con 2 colas!!! Dejamos las valijas en la habitación, y nos abrigamos para volver a salir.

Nos dirigimos por Legerova hacia la colina de Vysehrad. Las primeras cuadras que caminamos estaban desiertas!!! Nos fuimos adentrando en un parque con bancos para sentarse, que debía ser muy lindo cuando hacía calor y brillaba el sol; ese día era bastante tétrico. Pronto nos comenzamos a cruzar con alguna que otra persona que pasaba. Ahí nos encontramos con la iglesia de San Pedro y San Pablo, que en ese momento se encontraba cerrada. Al lado de esta se encontraba el antiguo cementerio lugar de residencia final de varios artistas, científicos y políticos checos. A la entrada del mismo estaba la lista de residentes; la mayoría nombres sin ningún significado para nosotros. Había una combinación de lápidas, pequeños mausoleos y estatuas de figuras humanas de caras tristes. 



Dejamos atrás el cementerio y nos dirigimos hacia una zona de miradores, donde se tiene una vista bonita del río Moldava y las edificaciones que están al otro lado del mismo. Tras tomar algunas fotos y cansarnos del olor a marihuana de otros visitantes, bajamos de la colina y salimos a la calle que va bordeando el río. Caminamos algunas cuadras, intentando no quedarnos quietos para que no nos atacase el frío que cada vez se iba haciendo más intenso! "Brrr, porqué no habré traído una buena campera????" me pregunté más de una vez.
Cuando llegamos a la calle donde estaba ubicada  “la bailarina” o “la casa danzante”, una edificación de 1996, conformado por dos edificios de líneas curvas que parecen entrelazarse entre sí mientras bailan, giramos a la derecha y nos adentramos en la ciudad con la intención de encontrar un lindo lugar para cenar.

La bailarina


Tiritando de frío ingresamos en un restaurante de aspecto tradicional, que ya tenía varias mesas ocupadas a pesar de la temprana hora. Teníamos hambre y frío, así que pedimos comida sin ninguna discreción. Enseguida llegaron las costillas de cordero con knedlíky  y el plato de fideos con brócoli, pollo y crema.  Estos knedlíky eran unas rebanadas de algo, que nunca supimos que era, pero que estaban en casi todos los platos que pedimos en Praga. Nos preguntábamos, "qué es esto??? Papa prensada??? Pan mojado???" Fuese lo que fuese no era demasiado sabroso. Buscando en Internet acabo de descubrir que es una especie de pan hervido. Algo muy poco feliz!!!

knedlíky


Tan pronto terminamos de comer regresamos al hotel, que terminó estando cerca de 15 largas cuadras de dónde estábamos. En el camino descubrimos varios cafés, restaurantes, y hasta un minimercado, a pocas cuadras de donde íbamos a pernoctar.
No hay palabras para describir lo confortable que estaba la cama con el frío que hacía afuera!!! 

anterior/ siguiente

No hay comentarios:

Publicar un comentario