sábado, 12 de enero de 2019

Los madrugadores de la Acrópolis

By Sole (editado por Seba)

22 de febrero 2018

Teníamos un objetivo/capricho: ser los primeros en llegar al Partenón. Preparamos la mochila, nos abrigamos y antes de las 7:30 horas estábamos caminando bajo un cielo nublado rumbo a la Acrópolis. Pese al apuro disfrutamos mucho de esa caminata matutina por las calles casi desiertas.

Dejando atrás nuestro barrio continuamos por Makriggiani, la ancha peatonal que separa el museo de la Acrópolis de una seguidilla de locales de comida donde había algunas personas desayunando. Luego giramos en Dionysiou Areopagitou viendo a nuestra derecha todo el complejo de la Acrópolis, y a la izquierda varios edificios con aire señorial incluida la embajada de la madre patria España.



Hacia la Acrópolis

A las 7:45 horas ya estábamos en la puerta cerrada de “Ticket office”; el lugar estaba desierto, teníamos el primer lugar asegurado! A las 8 y punto abrieron y sacamos el pase combinado para Acrópolis y el resto de los sitios arqueológicos de la ciudad.

Number one!

Corrimos raudamente escaleras arriba con la música de "Carrozas de fuego" sonando en nuestra cabeza y enfilamos directamente hacia el Partenón dejando el resto de las ruinas para después. Objetivo cumplido: fuimos los primero en estar frente al colosal templo dedicado a la diosa Atenea. En esa carrera alocada le ganamos incluso a los restauradores, que unos minutos después fueron tomando sus lugares de trabajo en los andamios que tapaban parte del edificio. Ya sabíamos y habíamos aceptado que los andamiajes y las grúas formaban parte del monumento; si han visto alguna foto reciente sin una estructura de caños sospechen del fotoshop!

El Partenón sin turistas

No sé si la construcción era linda o no, pero no podíamos dejar de mirarla y sacarle fotos. Son esos momentos en que nos cuesta creer que estemos en un lugar que vimos cientos de veces en libros, fotos y documentales.

Para que se dimensionen el tamaño y monumentalidad de lo que estoy hablando… Se trata de una estructura de mármol blanco, estilo dórico, de 30 metros de ancho, 69 metros de largo y 15 metros de alto. El frente tenía 8 columnas y los laterales 15; gracias a las obras de restauración, en las zonas sin andamios se veían perfectamente sus estrías verticales que morían en un sencillo capitel. La obra pensada por Pericles, y ejecutada por varios arquitectos y constructores entre 447 y 438 AC, no ahorra en esculturas, bajorrelieves y frescos. De hecho, el trabajo de decoración recién estuvo terminado en 432 AC. No me voy a detener ahora a contarles sobre esto, porque es algo que veremos más en detalle cuando visitemos el Museo de la Acrópolis.



Si bien el Partenón es la construcción más conocida de la Acrópolis, no es la única… ya habían empezado a llegar otros viajeros tempraneros y luego de sacar todas las fotos, algunas incluso con algunos rayos de sol que se asomaban entre las nubes, fuimos hacia el Erecteion, un templo en honor Atenea y Poseidón y a Erecteo (un rey de la ciudad). Lo que más llama la atención son las réplicas de las cariátides, 6 columnas con forma de mujer; cinco de las originales están en el museo de la Acrópolis.

Las cariátides

Al ir bordeando ese templo encontramos el Pandrosio, un santuario en honor a Pándrosos. Lo más significativo no era el edificio, sino el olivo plantado a principios del siglo 20 en memoria al árbol sagrado de Atenea.

El olivo del Pandrosio

Para que entendamos porque el olivo es sagrado tenemos que remontarnos a la mitología… Atenea y Poseidón (hija y hermano de Zeus, respectivamente) compitieron para ver quién sería el patrono de la ciudad gobernada por el rey Cécrope. La consigna fue que los participantes ofrecieran algo, y en función de eso se elegiría al ganador.
Poseidón golpeó la tierra con su tridente e hizo brotar un manantial de agua de mar, pero al ser salada no resultaba útil. Atenea plantó el primer olivo, resultando ganadora porque su árbol podía dar madera, aceite y alimento. En honor a su patrona, la ciudad tomó el nombre de Atenas.

La Acrópolis


Dejando atrás el Erecteion con el santuario de Pándrosos, la segunda atracción en importancia de la Acrópolis, encontramos la tercera que le competía cabeza a cabeza... y no estoy segura si no le gana: la vista panorámica de Atenas!!!

Desde esa posición elevada fue muy interesante ver en los alrededores de la Acrópolis las casas más viejas con sus techos de tejas, en una disposición errática sin un trazado ordenado de manzanas como se veía en la zona más moderna. En las inmediaciones se identificaba el “Ágora romana”, el “Teatro de Dionisio” y el “Odeón de Herodes Atico” con la colina de Filopappus de fondo, y a lo lejos el monte Licabeto, el estadio Panatinaico, y el templo de Zeus.

Vista desde la Acrópolis

Fieles a nuestro estilo, cuando vimos que empezaban a llegar los primeros tours, y que el asunto se estaba poniendo multitudinario enfilamos hacia las ruinas que estaban abajo y habíamos pasado por alto más temprano.

Cuando estábamos bajando de la colina, levantamos la cabeza y en el extremo sudoeste descubrimos el pequeño pero atractivo templo de Atenea Niké. Sí! Seguro que se les vino a la cabeza la marca de ropa deportiva que casualmente tomó tu nombre de la diosa Atenea victoriosa, y se inspiró en una de sus alas para diseñar el logo que nada tiene que ver con una “pipa”.

Templo de Atenea Niké

Tras haber bajado varios escalones encontramos un grupo de olivos y detrás de estos el Odeón de Herodes Atico, un anfiteatro–originalmente techado- construido en el año 161. Aunque no se podía entrar, desde donde estábamos veíamos perfectamente las escalinatas semicirculares de mármol blanco, y detrás del escenario una pared de piedras llena de arcos que nos recordaron al Coliseo romano. Remodelado y con una capacidad para 5000 personas, fue el lugar elegido para varios eventos importantes en el último tiempo.

Odeón de Herodes Atico

Varios metros de sendero más adelante y abajo, prácticamente al nivel de la calle estaba el teatro de Dionisio. Al acercarnos nos sorprendió que se pudiera acceder al interior. A diferencia de Herodes Atico, era más pequeño, no tenía una pared alrededor y no estaba remodelado. Con la curiosidad de un explorador caminamos por las gradas de mármol blanco desgastado y roto; pequeñas matas de yuyos crecían entre los bloques de piedra. Nos sentamos a descansar bajo los aislados rayos de sol mientras divagábamos sobre lo que motivaciones que tenía la gente para ir al teatro… sería esa curiosidad de pispear la vida de otras personas (aunque fuese ficticia) una forma de “voyerismo” pero sin la connotación de perversión? Creo que esta idea se originó por haber leído el artículo de The New Yorker “The Vouyeur’s Motel” de Gay Talese unos meses antes.


En el teatro de Dionisio

Con esto dábamos por terminado el recorrido por la Acrópolis. Debo reconocer que la idea de Seba de ser los primeros frente al Partenón fue genial!

Unos metros más abajo, hacia el noroeste, encontramos la pequeña colina de Areopagus Hill. Desde lo alto tuvimos una vista privilegiada del “Ágora Antigua”; también se veía parte de la Acrópolis, pero no justamente de su mejor perfil. Vale la pena subir la escalerita hacia la cima!

Agora Antigua

Desde ahí bajamos al barrio de Monastiraki que recién estaba comenzando a tomar vida. Parsimoniosamente los vendedores armaban sus puestos, acomodando las camisetas truchas de equipos de fútbol de Europa, pañuelos y pashminas de colores, y boinas en un ritual que debían repetir cada mañana. Recién detuvimos un poco la marcha al acercarnos al sector del Flea Market. Aunque nunca compremos ahí, nos resulta interesante ver los objetos en venta, e identificar esas cosas que estaban en la casa de las abuelas o incluso en las nuestras cuando éramos chicos: muebles, discos de vinilo, vajilla de porcelana, lámparas, teléfonos, adornos de bronce y las clásicas patas de máquina de coser Singer. Son el boleto para un viaje en el tiempo al universo de los recuerdos!

Flea market

Cruce de avenida mediante nos metimos en Psyri, un barrio de moda con restaurantes con mesas con manteles y sillas de madera en las veredas, y calles “intervenidas artísticamente”: grafitis en las paredes y pantallas de lámparas y/o bombillos colgando de un tendido de cables.

Caminando por Psyri

Faltando un par de horas para el almuerzo seguimos de largo hacia el mercado central, para salir de la Atenas de la Edad Antigua y meternos de cabeza en la ciudad que se mueve indiferente de las ruinas, en la que hoy hacen su vida casi 700.000 personas.


TIPS:
  • Les recomendamos visitar la Acrópolis ni bien abre. Lo ideal es comprar el día previo la entrada combinada a todos los sitios arqueológicos de la ciudad, así entran directamente sin pasar esa mañana por la taquilla. Vayan directamente hacia el Partenón y después recorren el resto del complejo sin prisa. No dejen de mirar las vistas panorámicas de los alrededores!
  • Baños: están saliendo del complejo, al mismo nivel de la entrada, hacia la izquierda (cara sur de la colina). Son gratis y al menos en ese momento estaban limpios. Es una opción si están caminando por los alrededores y no tienen pensada una parada en otro sitio con sanitarios.


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sábado, 5 de enero de 2019

Llegando a Atenas: la ciudad olímpica


By 2018

21 de Febrero de 2018

Cuando salimos del edificio con las valijas para ir al aeropuerto nos encontramos con una procesión de burros cargados con bolsas de arena que nos impedía el paso; eso explicaba la bosta que habíamos visto los días previos en esa calle. Verlos bajar las escalinatas, tambaleantes de tanto peso, hizo preguntarnos si no había otra forma de transportar los materiales hacia las obras. Como turistas no nos corresponde juzgar estas prácticas locales, pero sí podemos no contribuir al sufrimiento animal subiendo y bajando las escaleras caminando en lugar de hacerlo en el lomo de un burro.


Esperando la siguiente carga

Arrastramos el equipaje cuesta arriba por las escaleras y viaje en auto mediante unos minutos después llegamos al sorpresivamente diminuto aeropuerto, teniendo en cuenta que Santorini es una de las islas más turísticas del Egeo. Los pocos puestos de check in que había estaban identificados con el logo de “Aegean Airlines”, ahí retiramos el boarding pass para el vuelo de su línea low cost Olympic Air y despachamos nosotros mismos la valija en una cinta transportadora.



Tras pasar el control de seguridad a cargo de la módica suma de 11 uniformados, ingresamos al hall de embarque que era tan pequeño que apenas una fracción de los pasajeros podían esperar sentados. Se nos vinieron a la cabeza los aeropuertos de Mpumalanga, Koh Samui, Katmandú: este con un mini free shop, un kiosko (que ni siquiera tenía una mesa), y dos baños les ganaba en pequeñez.

Cuarenta y cinco minutos después, al aterrizar en el aeropuerto de Atenas encontramos una escena totalmente diferente a la de la madrugada de unos días atrás: los negocios estaban abiertos y había gente por todos lados. Siguiendo los carteles fuimos hacia la estación de metro donde compramos los pasajes y tomamos el tren de la línea azul hacia la ciudad; tras combinar con la línea roja bajamos en Syngrou Fix.

Guiados por el excelente sentido de la orientación de Seba y su previo recorrido virtual de la zona con Google Street view, en pocos minutos estábamos en la puerta del departamento que habíamos reservado por Airbnb. Google nos había mostrado las calles y edificios, pero no los fragantes árboles de cítricos llenos de frutos en las veredas. Me enamoraron!!!




Nuestra anfitriona Kaliopi, una joven cálida y de aspecto bohemio, nos dio una cordial bienvenida y nos llenó de recomendaciones. Son pequeños detalles pero que hacen una diferencia cuando uno llega a un lugar nuevo.

Como ya es costumbre dejamos las valijas, agarramos las mochilas y salimos a recorrer la ciudad! Caminamos las primeras cuadras entre más mandarinos, negocios, y edificios departamentos de no más de 3 o 4 pisos; parecía un barrio tranquilo, moderno y sin ostentaciones. Iba tan entretenida mirando aquí y allá, tratando de absorber cada imagen, sonido y olor, confiando plenamente en la orientación de Seba (siempre que llego a algún lugar necesito varios días para ubicarme), que al levantar la vista me sorprendió encontrar la Acrópolis con el Partenón!!! Confieso que no es la primera vez que me sucede algo así… caminando por Roma de igual manera me encontré con el Coliseo sin esperarlo!!! Seba tenía inserto el chip con el mapa de Atenas en la cabeza y fue totalmente esperable que esa colina con el colosal monumento estuviera ahí.

Bajo una nube oscura, que parecía que nos estaba siguiendo, enfilamos hacia el templo de Zeus; queríamos comprar el ticket combinado que incluía los sitios arqueológicos de la ciudad para entrar la mañana siguiente temprano al Acrópolis hacer la fila en las taquillas. Pero cuando llegamos, pese a que eran las 14:40 horas, ya había cerrado; al ser invierno estas atracciones cerraban entre las 3 y 4 de la tarde. Tendríamos que madrugar un poco más…

Sin desanimarnos, bajo una suave garúa, seguimos caminando hacia el estadio Panathinaikos.
Cuando llegamos al estadio apenas caían unas gotas aisladas, la nube negra se estaba alejando. Sacamos las entradas, que incluían una audioguía, nos colocamos los auriculares y comenzamos el recorrido guiados por la voz de un colombiano. Sucesivamente nos contó la historia del único estadio del mundo construido enteramente en mármol, sede de los juegos olímpicos de 1896 y el lugar donde 45000 personas esperaban la llegada de los corredores en la emocionante maratón olímpica de 2004.



Como si fuésemos niños trepamos hasta lo más alto de las escalinatas, como si fuésemos espectadores da la llegada de la maratón de Atenas nos sentamos en la tribuna, como si fuésemos Bolt corrimos por la pista de atletismo y como si fuésemos campeones subimos al podio!!!





Caminamos por el largo pasadizo abovedado por el que salían los deportistas al estadio, accedían a los vestuarios y antiguamente las solteras atenienses se reunían a hacer rituales para conseguir un buen marido. Al final de este, estaba la exhibición permanente “Memorias de los Juegos Olímpicos: Posters y antorchas desde 1896 a la actualidad”.




De regreso en el estadio, subimos hasta el nivel superior de la tribuna 21 desde donde se ve la Acrópolis. Satisfechos con todo lo que habíamos hecho y visto en esa hora y media, firmamos el libro de visitantes y salimos.




Cruzamos la avenida Vasileos Konstantinou hacia el Jardín Nacional de Atenas, un parque público enrejado con senderos, esculturas y árboles con una superficie de 15 hectáreas, o sea dos veces el tamaño del Jardín Botánico de Buenos Aires.



En los primeros metros cruzamos más policías que peatones; cuando vimos que de la mano de enfrente estaba el imponente edificio neoclásico del Palacio Presidencial entendimos el porqué de tanta seguridad.

Palacio Presidencial

Caminamos tranquilamente, viendo por un lado los árboles del parque, y, calle mediante, las construcciones muy señoriales. Tras girar a la izquierda pasamos por el gran edificio del Parlamento Helénico, y al volver a girar en el mismo sentido terminamos frente a plaza Syntagma en el Monumento al Soldado Desconocido. La tumba semicircular de mármol blanco y gris estaba custodiada por los Evzones, soldados de un batallón de elite. Como era la hora de la merienda y teníamos hambre dejamos para otro día el cambio de guardia que se hace cada hora.

Monumento al Soldado Desconocido

Atravesamos plaza Syntagma, una explanada de cemento sin pasto y con algunos árboles, y continuamos por Ermou, la principal calle peatonal y comercial de la ciudad. Ahí encontramos una gran variedad de negocios de las principales marcas, los clásicos fast food y cafés. Luego de descartar varios coffee stores por ser sólo take away o no tener mesas libres, nos decidimos por Gregory’s Café.  Justo en el primer piso de ese pequeño local con precios accesibles nos esperaba una mesa con dos mullidos silloncitos donde hicimos una reparadora parada que incluyó unos cafés, un croissant con nutella y unos minutos de descanso.

Peatonal Ermou



Antes de las 18 horas, horario en que anochece en invierno, continuamos viaje. Caminamos un poco más por Ermou y alrededores deteniéndonos en un par de iglesias que nos llamaron la atención:

  • Iglesia de Kapnikarea. Esta pequeña iglesia ortodoxa, una de las viejas de Atenas, está en el medio de la peatonal contrastando con los modernos locales comerciales. Se estima que fue construida  en el siglo XI sobre un antiguo templo pagano.

  • Catedral de la Anunciación de Santa María (o Mitrópoli). Sin saber que era la catedral, nos acercamos atraídos por los mosaicos dorados de la fachada.



De alguna manera y sin darnos cuenta desembocamos en la calle Adrianou, en el corazón del famoso barrio de Plaka, llena de locales de souvenirs. Entre los recuerdos se destacaban: conservas de aceitunas, frascos de tapenade y de miel, jabones a base de aceite de oliva, posavasos, compoteras y monederos iguales a los de Turquía y destapadores tallados madera fálicos.



En algunas calles laterales había cafés y restaurantes pintorescos, que se parecían más a la imagen que me había hecho de Plaka antes de viajar.
Terminamos el día cenando a la vuelta del departamento en Kalamaki, un resto moderno con una variada oferta de platos griegos. Nos tentaron varias cosas pero elegimos de entrada bouyourdi (queso feta grillado), de principal una ensalada griega y brochets de pollo y cordero, y de postre kormos. Si hay algo que saben los griegos es cocinar rico!
  
Ensalada griega


Datos útiles

Cómo fuimos al aeropuerto de Santorini?
Teníamos la opción de contratar un transfer (25 euros) o caminar hasta la terminal de Fira y tomar el bus; esta última es la más económica e ideal si están con mochilas. Como estábamos a poco más de un kilómetro de terreno irregular y con pendiente de la terminal tomamos el transfer.
Otra posibilidad según John, el host de Airbnb, era alquilar un auto el día previo para recorrer la isla y devolverlo en el aeropuerto; en febrero 2018 el alquiler costaba 35-40 euros por día, a lo que había que sumar el combustible que nos pareció un poco caro (1,87 euros el litro de nafta común, y 1,99 euros la super).


Experiencia en Olympic Air:
Nuestra experiencia en esta low cost fue muy buena. Partimos puntualmente y hasta nos dieron un snack (barra de avena y chocolate).


Cómo fuimos del aeropuerto de Atenas a la ciudad?
En el hall del aeropuerto había carteles que indicaban cómo llegar a la parada de buses y a la estación de tren. Siguiendo los del tren terminamos en un hall con un par de ventanillas y máquinas expendedoras de boletos. El servicio de la línea azul que iba hacia la ciudad partía cada 30 minutos, y tenía un costo de 10 euros. Más allá de los habituales gráficos del recorrido que están sobre las puertas, había carteles electrónicos que informaban en griego e inglés la siguiente parada; la misma data era anunciada por altavoces antes de llegar a cada estación. Cuando llegamos a Syntagma hicimos combinación con la línea roja por dos estaciones hasta Syngrou Fix que era la más cercana a nuestro alojamiento. Más información sobre el metro y buses en https://www.athenstransport.com/english/



Tickets para los monumentos arqueológicos
Se podía optar por comprar cada ticket por separado o uno combinado de 30 euros que incluía: Acropolis, Agora Antigua y su museo, Kerameikos y su museo arqueológico, Sitio arqueológico del Liceo, Biblioteca de Adriano, Templo de Zeus Olímpico y el Agora Roamana. Si piensan visitar todo es la opción más económica y rápida para evitar las filas. Más info en http://odysseus.culture.gr/h/3/eh30.jsp


Estadio Panathinaikos
Sin ser muy aficionada a los deportes me pareció un lugar muy interesante que debería estar en cualquier itinerario de Atenas. Compramos la entrada en la puerta que incluía el acceso al estadio, la audioguía y el museo por 5 euros. De noviembre a febrero está abierto de 8 a 17 horas, y de marzo a octubre de 8 a 19 horas. Más información en http://www.panathenaicstadium.gr/thepanathenaicstadium/history/tabid/96/language/en-us/default.aspx


viernes, 14 de diciembre de 2018

Check list Santorini: Ancient Thira

 By Sole

20 de Febrero 2018

Al abrir la ventana comprobamos que la lluvia, que nos había despertado a la noche, se estaba tomando un descanso. El cielo estaba cubierto por una combinación de benévolas nubes blancas y aterradoras nubes grises que prometían más agua. A pesar del pronóstico de precipitaciones decidimos seguir adelante con el plan del día: ir hasta Perissa y subir hasta la antigua ciudad de Thira.

Con los minutos contados enfilamos hacia la estación de buses de Fira por donde encontramos algunos cafés y negocios abiertos, y una feria improvisada en un par de camionetas con los pescados y vegetales expuestos en sus cajas. Varias mujeres vestidas con polleras y sacos oscuros y pañuelos en la cabeza que dejaban entrever las canas, la viva imagen de las abuelas griegas de mi imaginario, mantenían ocupados a los puesteros que seleccionaban y pesaban los productos frescos.

Sacamos el pasaje hasta Perissa y nos acomodamos el bus mientras seguían subiendo orientales entremezclados con personas de ojos redondos. Con puntualidad inglesa el chofer tomó su lugar y partimos. Luego de atravesar la “zona céntrica”, que se limitaba a un par de cuadras, aparecieron las casas, la ferretería, la peluquería y la panadería: un barrio residencial. Este se esfumó paulatinamente dando lugar a caseríos separados por pequeñas parcelas sembradas y otras llenas de raíces y ramas secas de vides que esperaban ser aradas.




Poco a poco nos acercamos a Pyrgos, la ciudad más alta de la isla. Desde lejos parecía un pueblo medieval edificado en la cima de una colina, pero al llegar ahí notamos que las casas e iglesias eran muy parecidas a las de las villas costeras. Nos detuvimos apenas unos minutos en el pueblo para que bajaran un par de pasajeros; no era la gran atracción para los turistas.

La siguiente parada importante fue en Akrotiri, un yacimiento arqueológico del antiguo asentamiento de la civilización minoica que fue arrasada por la erupción volcánica del siglo XVII AC que dio origen a lo que hoy es Santorini y las islitas vecinas. Ahí bajó la mayor parte del pasaje, incluyendo los chinos.

Luego de parar en Embori, y haber recorrido prácticamente media isla, llegamos a Perissa. Al descender del micro encontramos una calle tan desierta como el balneario que estaba enfrente. En este solo quedaba el fantasma de un parador playero con los esqueletos de las carpas y decenas de reposeras de madera apiladas que esperaban resucitar en la siguiente temporada estival. Caminamos por la arena negra hasta la orilla del mar constatando la frialdad de su agua cristalina. Al mirar hacia arriba vimos que las nubes oscuras se habían apoderado del cielo.




Entre tanta soledad y negocios cerrados nos sorprendió encontrar 2 restaurantes abiertos como si estuviesen a la espera de un contingente de turistas. Caminamos un par de cuadras deteniéndonos frente a la iglesia de la Santa Cruz (The Church of the Holy Cross), una gran estructura blanca con múltiples de cúpulas entre las que resaltaban cinco pintadas de azul. Era uno de los pocos lugares que parecía tener vida con varias prendas colgadas en el jardín y el sacerdote bajando del auto las bolsas del supermercado.


Y la gente dónde está?

Iglesia de la Santa Cruz
Sin mucho más para ver, dejamos atrás la zona céntrica de Perissa y enfilamos hacia el inicio del sendero a Ancient Thira, el sitio arqueológico ubicado en lo alto de la colina Messa Vouno que estaba hacia el norte. En el siglo VIII AC un grupo de espartanos liderados por un tal Thera se instalaron en la sudeste de la isla, un punto estratégico frente el Egeo. El asentamiento se transformó en una ciudad, la cual estuvo habitada en forma permanente desde ese entonces hasta el siglo VI DC, y luego de manera transitoria por los árabes en el VIII DC cuando el lugar ya estaba casi en ruinas. A partir de ahí permaneció deshabitado y oculto hasta las excavaciones que comenzaron en 1896.




Cuando estábamos yendo hacía ahí y analizando si íbamos a desviarnos hacia la pequeña y blanca capilla Katefchiani, que se veía en medio de la ladera, comenzó a garuar poniendo en dudas todo el plan. Nos refugiamos bajo un techo (nuestro “cipres de las malas decisiones” de El Bolsón) durante unos minutos hasta que amainó. Decidimos ir directamente hacia las ruinas, encontrando unos metros más adelante la senda junto a un cartel con un mapa topográfico de la colina Messa Vouno y la vecina Profeta Elias.






Detalles del cartel

El camino se presentó con una pendiente ascendente constante pero poco pronunciada que no exigía demasiado esfuerzo físico, pero si unas buenas zapatillas por lo pedregoso del terreno. Las pequeñas matas de vegetación rastrera verde con flores amarillas, y arbustos espinosos y achaparrados sugerían que estábamos en una zona seca, situación contrastante con el agua que había caído minutos atrás. Al mirar el cielo y ver una gran nube negra sobre el monasterio de Profitis Ilias en lo alto de la colina homónima y varios cuervos negros sobrevolando toda la zona nos sentimos dentro de una película de Hitchcock; nos preguntamos si estarían presagiando alguna fatalidad.


Sendero con Perissa de fondo

Al subir, la vista panorámica de Perissa se fue ampliando, permitiéndonos ver que el caserío se extendía más allá de lo que habíamos imaginado. Algunos metros antes de completar los 1,3 kilómetros de ascenso aparecieron los primeros indicios de Ancient Thira: el cementerio de la antigua ciudad. No esperábamos encontrarnos con esas placas de mármol con inscripciones en griego en el suelo.


Antiguo cementerio

Luego de varias paradas para sacar fotos y quitarnos las camperas, en treinta minutos llegamos a la cima de la colina donde encontramos un parking con apenas un auto; no se veía gente en los alrededores. “Estarán abiertas las ruinas?” –nos preguntamos.

Al acercarnos a las rejas que delimitaban el sitio comprobamos que estaba abierto y que había una mujer en la taquilla esperando que llegase algún alma perdida. Luego de ingresar, avanzamos algunos metros por un terreno llano hasta que aparecieron los primeros de una gran cantidad de escalones que conducían a los vestigios de la antigua ciudad. 



Gracias a la presencia de varios carteles con dibujos y una dosis de imaginación las piedras, columnas y pequeños muros fueron tomando las siguientes formas:


  • Iglesia de Agios Stefano (siglo VIII o IX DC): la modesta y rústica construcción actual fue erigida sobre las ruinas de una basílica del siglo VI DC cuando los habitantes de Thera y las islas vecinas sufrieron la invasión de los árabes.
Iglesia de Agios Stefano

  • Témenos de Artemidoros (siglo III AC): era un santuario al aire libre inspirado en un sueño que tuvo el sacerdote y autor de la obra Artemidoros de Apollonios. En élse pueden identificar tallados en la piedraa los dioses personificados como animales: un águila (Zeus), un león (Apolo) y un delfín (Poseidón).
A ver quién encuentra el águila, el león y el delfín...

  • Exedrae (siglo I-II DC):eran tres edificios del tiempo de los romanos que albergaban estatuas de los ciudadanos más importantes, como si fuese el hall de la fama de la ciudad. Apenas quedan unos escalones y pequeños fragmentos de la parte inferior de la pared.

  • Agora: los pequeños muros de piedra remanentes no eran suficientes para que la imaginación recreara este lugar de encuentro de los ciudadanos, centro de la vida social y política, que formaba parte de la sección central de la ciudad.

  • Basilike Stoa (siglo III AC- modificado en el II DC): era el centro administrativo de la ciudad. Se identifica por las 8 columnas dóricas que aún permanecen en pie.

  • Edificio público- baños romanos: este recinto incluía una habitación con una letrina pública que era básicamente un banco de piedras con orificios circulares construido sobre una alcantarilla; un desagüe de agua aseguraba su limpieza. Incluía también las tradicionales piletas (como los hammam de Estambul o Budapest), un lugar de encuentro mientras se disfrutaba de un baño caliente.


  • Teatro: lo único fácil de imaginar es el escenario con el mar como fondo. Con los años fue adquiriendo ornamentaciones, salas y edificios anexos hasta tener capacidad para 1500 personas.

  • Santuario de Apollo Pythios: era un centro de culto durante la época helenística dedicado al dios Apolo… hoy solo está la base de la construcción de piedra y algunas columnas truncadas.

  • Las residencias: lo que se ve actualmente pertenece a la época helenística y romana; las previas no sobrevivieron. Esas casas, ubicadas en la zona más alta de la colina pertenecían a los nobles y adinerados; tal como sucede ahora, los más pobres vivían en las afueras. Estas viviendas tenían 2 niveles, varias habitaciones, letrinas y una cisterna subterránea en la que se acumulaba agua de lluvia. Si bien su aspecto exterior era simple, en el interior no ahorraban en gastos y solían tener bajo relieves de yeso en las paredes, mosaicos en los pisos y estatuas de mármol reflejo de su poder económico.


Cuando llegamos ala zona más alta y cercana al mar confirmamos que efectivamente la antigua ciudad estaba en un punto estratégico e inexpugnable, ideal para la defensa de posibles ataques. Desde ahí se podía ver el monasterio de Profitis Ilias en lo alto de colina homónima hacia el oeste, Perissa hacia el sur, Kamari y el aeropuerto hacia el norte, y el mar hacia el este y mojando la costa de los dos puntos anteriores. El fuerte y frío viento proveniente del Egeo que nos golpeaba la cara y volaba el cabello (sólo en mi caso) limitó nuestra permanencia en el lugar.

Dejando atrás los vestigios de paredes de estas casas, pasamos por la zona donde estaba el gimnasio del que no hay fotos por dos razones: no había nada para ver y comenzó a llover!

Con las primeras gotas dimos por terminada la visita que casualmente estaba por llegar a su fin. Bajamos con cuidado por las resbaladizas piedras mojadas buscando sin éxito un lugar donde guarecernos; ni siquiera en la boletería había un techo!

En estas circunstancias quedaba 100% descartado el hiking a Profitis Ilia y Pyrgos, y el objetivo pasaba a ser: Kamari, la villa más cercana que estaba al norte de la colina.

Podíamos bajar a Kamari por un sendero de trekking pedregoso con tramos empinados, o por el camino vehicular; considerando mis habilidades motrices nos decidimos por ese último. Bajo el paraguas que nos protegía parcialmente de la copiosa lluvia comenzamos a caminar, caminar y caminar… para que la ruta no fuese tan empinada tenía un particular diseño zigzagueante de varios trechos que culminaban en giros de casi 180º que se extendían por toda la ladera.


Los 1,3 Km que habíamos caminado para subir se transformaron en una bajada de 2,5 Km! Debió ser un gran espectáculo vernos bajar con el paraguas calculando cada paso que dábamos para no caer en los en sectores con suelo de adoquines lisos y resbaladizo.





Cuando llegamos a Kamari la lluvia estaba amainando. Caminamos un par de cuadras sin ver señales de vida: los negocios y tabernas estaban cerrados y no había gente en los alrededores. De casualidad terminamos en la parada de bus donde nos quedamos a esperar el siguiente servicio.




Tal como estaba estipulado a las 13:45 llegó el micro. Estimo que el chofer no esperaba encontrarnos ahí porque casi sigue de largo, tuvimos que agitar varias veces los brazos para que se detuviera. En las sucesivas paradas subieron y bajaron chicos que salían del colegio como si se tratara de un bus escolar. De esta manera dejamos atrás al pequeño pueblo de arena negra que no llegamos a conocer.

El trayecto fue más rápido que a la ida pasando por las inmediaciones de Pyrgos, sin subir a lo alto de la colina. Distraídos mirando por la ventanilla y tarareando “Despacito” que sonaba en la radio, repente nos encontramos en Fira. 

Habiendo pasado las 14 horas decidimos pasar de largo el almuerzo, y tomar unos mates en el balcón que acompañamos con baklava y grisines con semillas (bread sticks) que compramos de camino.

Como seguía sin llover y hasta había algún rayo de sol, agarramos la cámara y celulares y nos fuimos hacia Imerovigli a jugar a los fotógrafos. Las callecitas peatonales de la isla son tan lindas que todo parece (y es) digno de ser fotografiado. Cada vez que caminábamos en uno u otro sentido descubríamos cosas que no habíamos visto anteriormente. Y ni hablemos de las vistas costeras! Si con la luz de la mañana ya nos habían parecido muy lindas, con la de la tarde eran espectaculares!





Cuando estaba por comenzar a atardecer volvimos a nuestro balcón para disfrutar el último atardecer de Santorini tomando una copita de vino rosado con unos manicitos.



Información útil:

Ancient Thera Archological Site: abierto de 8:30 a 14:30 horas (lunes cerrado). Pagamos 2 euros por persona para ingresar. En ese momento un cartel anunciaba que el baño estaba fuera de servicio.

Cómo ir y volver?
Desde Fira parten buses hacia Perissa y Kamari, la dos ciudades más cercanas.
La parada de bus en Kamari está en la esquina de Makedonias y una calle sin nombre, frente al restaurante Mamma Mia y la agencia de turismo Ancient Thira Tours.
El pasaje de Fira a Perissa nos costó 2,4 euros, y el de Kamari a Fira 1,6 euros (Horarios y precios actualizados en https://www.ktel-santorini.gr/index.php/en/)

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