lunes, 13 de mayo de 2013

Praga - Puente de Carlos y Barrio Judío

By Sole

Finalmente llegamos al puente de Carlos, el más antiguo de la ciudad, que conecta Old Town con Malá Strana. Tiene una longitud de 516 metros y un ancho de 10 metros. Alberga una colección de esculturas, y varios pintores y vendedores de chucherías. Había artistas que en 20’ te hacían un retrato, y entre 5 y 7’ caricaturas. No sé si alguien se animó a posar para ellos, pero las imágenes que tenían colgados de muestra teóricamente de gente famosa, en la mayoría de los casos nos resultaron ignotas, eran todas las imágenes bastante parecidas y con la misma mirada. No les dimos la oportunidad de que nos retrataran. Entre oriental y oriental que pasaba con una gran máquina de fotos inserta al esternón, conseguimos sacar alguna fotografía. Desde ahí tuvimos una vista muy bonita del río y las construcciones que estaban a ambos lados del mismo, incluyendo el castillo.


Castillo desde el Puente de Carlos

Tras cruzar el puente dimos una vuelta, llegando al arroyo Certovka o del diablo, un pequeño afluente del Moldava, bordeado por casas; hay quienes llaman a esta parte de la ciudad “la Venecia de Praga”. Entre el Moldava y este arroyo estaba la isla de Kampa, con varios restaurantes y espacio verde con bancos para sentarse. Justo cuando fuimos el día no se prestaba para sentarse ni en estos bancos, ni en las terrazas con mesas de los restaurantes. Sospecho que debe ser lindo en un día de sol.
Regresamos caminando por calles menos pobladas, esas pobres paralelas a Karlova, discriminadas por los turistas, que al estar vacías tenían mucho más encanto que esta. No sé cuantas vueltas dimos, de un lugar a otro, hasta encontrar un lugar para comer. Terminamos en un restaurante/ cervecería llamado U Bubeníčků.
Cuando ingresamos nos pareció un lugar como cualquier otro, hasta que nos sentamos y tras leer la carta, miramos las paredes a nuestro alrededor. Estaban pintadas con dibujos muy coloridos, que en un principio nos llamaron la atención justamente por los colores, pero cuando miramos con más detalle nos dimos cuenta que eran gráficos bastantes obscenos. Que desinhibidos son estos checos, primero el museo de Sex Machines y ahora estos dibujos en las paredes…

Una de las paredes del restaurant

Comimos una ensalada de atún, papa, huevo y chauchas, y una pechuga con salsa de tomate, y agua como bebida; no íbamos a empezar con cerveza desde tan temprano! Luego de engullir el almuerzo, volvimos a Old Town.  Esta vez la idea era ir para el sector que aún no habíamos ido, el barrio judío. Hace muchos, muchos años había visto el suplemento de viajes del diario Clarín, donde había una imagen del cementerio judío de Praga, y recuerdo que en ese momento había dicho, “quiero ir a ese lugar”. Así que nos adentramos en el barrio de los rabinos y los kipa.
Nos llamó la atención que en este lugar las tiendas de suveniers incluían estatuillas y llaveros de rabinos y de una representación del Golem, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada como barro o materiales similares, protagonista de algunas leyendas.
Para ingresar al cementerio había que pagar una entrada, en la que también estaban incluidas 5 sinagogas. Fuimos a la ventanilla a comprar la entrada de 300 Kč que sólo podía ser pagada en efectivo. Con mucho dolor entregamos esas 600 Kč, cosa que de volver el tiempo atrás no volvería a hacer.
Comenzamos por la Pinkas Synagogue, una edificación de dos plantas, actualmente memorial de las víctimas judías del Holocausto. En la planta baja estaban los nombres de los fallecidos grabados en bajo relieve en las paredes; en la planta alta se exponían dibujos teóricamente realizados por niños del campo de concentración de Terezin.
Seguimos con el cementerio, el Old Jewish Cemetery, cuya tumba más antigua databa de 1439. En los siglos siguientes a medida que se iba enterrando gente, por la falta de espacio se ponía otra capa de tierra y se enterraba otra tanda. La cantidad de tumbas estratificadas es incierta, pero se calcula en una 15000. El último entierro fue en 1787. Entre los habitantes, el más conocido es el Rabbi Judah Loew, que cuenta la leyenda, en el siglo XVI, creó un Golem de arcilla de la orilla del río Moldava y le dio  vida recitando unos conjuros hebreos para tal fin. Junto con el Golem ayudó a proteger a los judíos de Praga de ataques antisemitas.
En la entrada del cementerio nos encontramos con un par de carteles muy curiosos. Uno informaba que estaba prohibido sacar fotos y grabar videos en el interior, salvo que uno pagase 40 Kč adicionales. Puedo entender que por una cuestión de respeto hacia la gente que está enterrada ahí no se permita sacar fotos, pero no impresionaba ser el caso. Parecería que los muertos se ofenden menos si uno saca fotos de sus tumbas pagando previamente. El segundo cartel indicaba que los hombres debían ingresar con una kipa. Pagando 5 Kč uno podía agarrar un kipa de material descartable, el mismo del que están hechos los camisolines y campos quirúrgicos, para hacer el recorrido por el cementerio sin ofender a ningún Dios. Depositamos las 5 Kč y agarramos uno. Lentamente fuimos caminando el corto recorrido que nos dejó en dos minutos en la puerta de salida. Esto fue todo? Tantos años queriendo visitar el cementerio de Praga para que sea sólo un recorrido de menos de 100 metros???  Realmente me decepcionó, esperaba algo más grande. Como nos pareció una visita muy corta, lo volvimos a caminar para el otro lado, y nuevamente hacia la puerta de salida. La única tumba que identificamos fue la del Rabbi, sobre la que la gente deposita dinero como ofrenda.


Cementerio Judío de Praga

Antes de salir había otro cartelito donde decía que había que devolver el kipa descartable. WTF??? Me alquilaron un pedacito de polipropileno de casi 17 cm de diámetro por 5 Kč???
Y si uno quería visitar el baño… a seguir poniendo coronitas!!! Las 300 Kč no incluían el baño!!!! Menos mal que apenas habíamos tomado 500 ml de agua en el almuerzo y la vejiga es un tanto complaciente. Seguimos a las sinagogas que nos faltaban.
El Ceremonial Hall que estaba incluido en la entrada estaba cerrado al público, no obstante lo pagamos.
La siguiente en la lista fue Klausen Synagogue, que tenía una exhibición de objetos judíos (vestimentas para diferentes ocasiones, candelabros de Hanukkah, copas, libros, etc.), costumbres y ceremonias, con una breve descripción tanto en checo como en inglés de las mismas.
Las siguientes fueron Maisel y Spanish Synagogue que aparentemente contaban la historia de los judíos en Bohemia y Moravia. Me pareció super aburrido, y ni siquiera las sinagogas son pintorescas como las iglesias para mirarlas desde un lugar artístico. Lo que no faltaba en ninguna de ellas era la urna de plástico transparente donde la gente depositaba dinero. No sé si realmente lo que estaba en el interior había sido depositado voluntariamente por alguien o era un señuelo diciendo “no seas miserable que el que pasó antes dejó E50!”. Hubo alguien, que no voy a develar su identidad que dijo “qué aburrido este lugar, ni siquiera tiene un santito”.
Luego de esta gran decepción volvimos a dar vueltas por Old Town, plaza Wenceslao, y por los negocios que hay frente a la misma. Estos merecen también un comentario. Ahí hay un par de casas de cambio que cobran una comisión de alrededor del 30% por realizar la transacción, así que si alguien tiene que cambiar dinero, es mejor caminar y conseguir un mejor precio en los locales de calles internas. Los checos se parecen mucho a los argentinos en algunos aspectos.
Fuimos a merendar a un Costas Café que estaba cerca de la plaza. Nos sentó muy bien el cafecito con alguna bollería que no recuerdo. La vejiga también fue feliz.
Y ahora qué hacemos??? nos preguntamos. Volvimos una vez más a la Plaza de la Ciudad Vieja y al Puente de Carlos!!! En un par de oportunidades que pasamos por la torre del ayuntamiento vimos a los apóstoles, al trompetista y a la gente asombrada.
El puente estaba un poco más despoblado que a la mañana, pero de todas maneras la gente pasaba en forma incesante. Ya no teníamos ningún apuro, habíamos visto todo lo que habíamos planeado para ese día, así que nos quedamos un rato en el puente, viendo la gente pasar, criticando a algunos y dando rienda suelta a la imaginación.
Se nos gastaron las suelas de las zapatillas de caminar de un lugar a otro, no podemos decir que no caminamos Praga. Qué más podíamos hacer que ir a cenar???
Entramos en un pequeño restaurante que vendía comida típicamente checa, Pivnice (a estar alturas sabrán que significa cervecería) “Na Ovocném trhu” –El mercado de Frutas-, en castellano. Decidimos probar el Goulash checo, que venía acompañado por el “knedlíky”. El plato consistía en una salsa de tomate con mucha paprika, 5 pedacitos microscópicos de carne y algunas rebanadas de ese pan hervido insulso, bastante escaso; menos mal que estaba el pan del “servicio de mesa” para llenar un poco el estímago. Después no íbamos a saber si nos dolía el estómago del hambre o de la acidez generada por la paprika.  El servicio fue de lo más comunardo, pero que aparentemente los empleados del lugar lo consideraban extraordinario, porque en la cuenta venía incluido un 15% de tip. Después de esta experiencia evitamos todo cartel que dijese “Typically czech”, porque era sinónimo de curro.
No puedo decir que fuimos a caminar para bajar la comida. Simplemente voy a decir que regresamos a la plaza de la ciudad vieja, porque Seba quería sacar algunas fotos nocturnas del lugar. Otra vez le sacó fotos al ayuntamiento y a la Iglesia de la Virgen María ante el Týn, que en este momento ya era tan familiar que simplemente la llamábamos Týn, “otra foto de Týn”.
Hicimos los 30 minutos de caminata obligados que nos separaban del hotel y nos fuimos a dormir! Había que descansar porque teníamos otro ajetreado día por delante.

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