domingo, 19 de mayo de 2013

Florencia - Piazzale Michelangelo y alrededores

By Sole

Luego de cruzar el Arno, caminamos por la otra costa del mismo, tomando Costa San Giorgio, donde nos topamos con la casa de Galileo Galilei. Seguimos por la vía Belvedere, una calle delimitada por dos murallas, que iba en descenso. Descendimos, descendimos, hasta que a nuestra derecha aparecieron casas; a la izquierda continuaba la muralla. En vía dei Bastioni, giramos, tomando Vía del Monte alle Croci, y de ahí tomamos el Viale Galileo, una especie de escalinata con escalones bajos y muy largos, en ascenso, que nos condujo a una avenida del mismo nombre. Si bien parece un camino complicado que requiere mucho esfuerzo, no es tan cansador porque uno va distraído descubriendo lugares increíbles.
Caminamos unos 200 metros más por Viale Galileo, cruzando con bastante dificultad la calle para llegar a la Iglesia San Miniato al Monte. Esta tenía exteriormente un aspecto similar a otras iglesias que vimos en Firenze, parecía que todas habían sido construidas con el mismo estilo e igual mármol. Otra larguísima escalera nos condujo hacia el atrio de la iglesia, a la cual no entramos. Una vez más nos topamos con un par de novias que se estaban tomando fotos. Desde las terrazas que estaban delante de la iglesia tuvimos una espectacular vista de la ciudad; valieron la pena cada uno de los escalones que subimos! Para esa hora, el sol había reaparecido, elevando la temperatura.
Tras sacar varias fotos, esquivando a los novios, volvimos a Viale Galileo, pero caminamos en sentido contrario al que lo habíamos hecho previamente, llegando a Piazzale Michelángelo. La vista desde ahí también era muy buena, pero había más gente que en la zona de la iglesia. Además de la gente, había otra estatua del David; a cada paso nos encontrábamos con uno!

Vista desde Piazzale Michelangelo

Bajamos hacia el Giardino dell’Iris, y de ahí hacia alguno de los “Lungano” que corren paralelos al río, hasta llegar nuevamente al Ponte Vecchio. Esta vez no nos detuvimos en él, sino que seguimos al siguiente puente, el Ponte Santa Trinita. Sin dudas el atardecer es uno de los mejores momentos del día para ver el Ponte Vecchio desde esa ubicación. Bellísimo.

Ponte Vecchio al atardecer

En el regreso pasamos por el Mercato del Porcellino, que a esa hora apenas se veían sus restos. Ahí encontramos la Fontana del Porcellino, una escultura de un jabalí de bronce, al que hay que acariciarle el hocico. No sé si traía buena suerte, o te aseguraba el retorno a la ciudad, pero por las dudas yo fui, lo toqué  y hasta me saqué la foto. Seba se negó a tocar “el chancho sucio que todos tocan”.

Il Porcellino


Y de ahí nuevamente a la Piazza della Signoria, para ver el David que con la luz de ese momento del día tenía una sombra posterior sobre la pared del Palazzo Vecchio. Paso seguido, pasamos por el Duomo, el Campanile di Giotto y el Battistero di San Guivanni. De este último, que tiene las paredes bastante sucias, lo que más llama la atención es la puerta con placas doradas que mira hacia el lado del Duomo. En estas hay tallado en relieve escenas de diferentes hechos y  figuras humanas. Una obra de arte.  
Era más que obvio que ya era hora de regresar, y planear la cena; habíamos caminado durante horas.
Nuestro hotel estaba en una calle bastante transitada, con un par de restaurantes, trattorias y bares. Sin caminar mucho, apenas unos metros, ingresamos en el que nos había resultado más atractivo, la Trattoria Nerone. Qué difícil describir este lugar! Creo que la siguiente imagen lo dice todo!

Trattoria Nerone


Si tengo que elegir una palabra, elegiría “bizarro”. Ambiente grande, un tanto oscuro, iluminado con varias lamparitas de bajo voltaje colocada en lámparas de diferente tipo. Daba la impresión que habían ido a un mercado de pulgas y habían comprado todo tipo de sillas, mesas, lámparas, candelabros, adornos, platos, etc. Uno podría pensar que el resultado de todo esto es un cachivache, pero sin embargo esa mezcolanza quedaba agradable a la vista.
Luego de recorrer con la vista la carta, nos decidimos por las pastas. Un plato de Penne alla Nerone (con varios vegetales salteados)  y unos Spaghetti Alfredo (con una salsa con crema). Los spaghetti de Seba estaban buenísimos!!! Creo que fue la primera vez que probé fideos con crema, y resultó ser muy rico.
Cuando salimos caminamos hasta la esquina, donde había una gelateria. Había que seguir degustando el gelato italiano!

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