domingo, 31 de marzo de 2013

Dubrovnik -Isla Lopud

By Sole
Mayo 2012

Luego de una apacible noche, nos levantamos tempranito. Desayunamos en el balcón lo que habíamos comprado el día anterior en el supermercado: jugo de naranja, leche chocolatada, pan y galletitas jaffa. Estas galletas son buenísimas!!! masa, mermelada de naranja (también las hay de cherry) y baño de chocolate.
Una vez más fuimos a Old town, a la mejor hora, cuando aún la masa de turistas no había llegado, y aprovechamos para sacar algunas fotos.



Ese día teníamos planeado ir a la isla de Lopud, una de las islas Elafiti. A esta isla se accede por medio de un ferry que sale del puerto Gruz, el mismo al que habíamos llegado el día anterior. Esta vez, en lugar de taxi, tomamos el bus local. Compramos los tickets en una de las boleterías que estaba ubicada cerca de la Puerta de Pile, y por 10 kunas (kn) cada uno llegamos al puerto. Ahí enseguida encontramos la oficina de Jadrolinija donde compramos los tickes del ferry, ida y vuelta, por 76 Kn para los 2. El barquito salía a las 10 hs, aún faltaba 1 hora, por lo que decidimos caminar un poco por la costa.

No faltaron cosas para ver. A pocos metros de donde estábamos encontramos un mercado de verduras y pescados. Nos llamó la atención la frescura, y la calidad de las frutas y verduras que vendían en el lugar, así como la variedad de pescados y mariscos. Saliendo de ahí encontramos una panadería o “Pekarna”, donde no faltaba el tradicional strudel de manzana. Compramos una porción para hacer el "second breakfast".

Cruzamos la calle y llegamos al puerto donde había amarrados varios barcos y lanchas. Había algunos con el aspecto de los barcos piratas de las películas, que aparentemente se alquilaban para hacer fiestas en el mar. Nos sentamos en un banco de cemento que había frente a uno de estos barcos, donde degustamos el strudel. No tardó en llegar una pareja que hablaba en inglés a sacarse una foto. Mientras él maniobraba la cámara, ella posaba con los brazos abiertos delante de la punta del barco tarareando la canción de Titanic “My heart will go on”… sin palabras. Entre el mercado, el strudel y la simil Kate Winslet, se fue haciendo la hora de partir.

Poco a poco fuimos subiendo. Como era sábado, había mucha gente local, que iba con sus canastas a hacer un día de playa a la Isla. El día estaba hermoso y se prestaba para cualquier tipo de excursión. Nos sentamos en la cubierta, con el sol y el vientito golpeando en el cuerpo. Algunos de los compañeros de viaje, ya estaban comiendo.





Luego de un rato, el ferry rodeó la isla de Kolocep, la primera de las Elafiti, donde se detuvo para que subieran y bajaran pasajeros. Rápidamente continuamos viaje hacia Lopud, donde descendimos 50 minutos después de haber iniciado el viaje, en un puerto pequeño, acorde al tamaño de la isla.





En la oficina de turismo nos proporcionaron un mapa de la isla con los distintos senderos.
Elegimos el camino que estaba identificado con el nombre de Getina, la calle de la que partía. En la zona más cercana al puerto había varias casitas, que a medida que nos fuimos adentrando y ascendiendo en la isla fueron haciéndose cada vez más aisladas hasta desaparecer. Luego de caminar algunos minutos llegamos a una bifurcación del camino que llevaba a la iglesia Sv. Ivan. Hacía ahí fuimos! Ascendimos unos cuantos metros por un camino solitarios que nos condujo a lo que quedaba de una iglesia (uno de los monumentos más antiguos de la isla), y a un espectacular mirador desde el que se tenía una vista panorámica de la parte poblada de la isla, la más cercana al puerto, y de las islas vecinas.



Luego de sacar varias fotos, es un lugar que realmente merece ser fotografiado, regresamos sobre nuestros pasos hacia el camino principal, en busca del desvío que nos conduciría al fuerte de la isla. No fue difícil encontrarlo ya que estaba señalizado y el sendero se encontraba en óptimas condiciones. En el trayecto, que se transformaba en un pequeño bosque, tuvimos que esquivar a un grupo de adolescentes que hablaban inglés, que estaban sentados en ronda en el suelo, escuchando a un hombre más grande hablar… impresionaban estar en un viaje de estudio o tal vez un retiro espiritual o campamento.
Tras algunos minutos, nuevamente en ascenso, llegamos a un sector con menos vegetación, hasta aparecer frente a nuestros ojos el fuerte. En realidad eran los restos de un antiguo fuerte de piedra, ubicado en una zona estratégica, que permitía tener una excelente vista de todos los territorios vecinos, seguramente para anticipar cualquier invasión enemiga. No estuvimos mucho tiempo ahí, ya que había abundante cantidad de excremento animal diseminado por el lugar, y no teníamos idea a qué tipo de alimaña pertenecía.



Regresamos otra vez más al camino principal que habíamos tomando en un principio, adentrándonos en la isla. Fuimos pasando por varias iglesias, la mayoría en pobre estado de conservación. Aparentemente para fines del siglo 16 había unas 70 iglesias en el lugar, por lo que es muy probable que uno se cruce con varias, tome el camino que tome.
A mitad de camino tomamos un desvío que conducía a la playa… Cuando uno lee información turística hablan de las grandes playas de la isla, bla, bla, bla. A menos que hubiese alguna escondida, la que vimos nos pareció de una pobreza extrema; super pequeña y justo delante de la misma el agua era marrón! La otra posibilidad es que se refirieran a la playa nudista, identificada con las letras FKK, que no vimos, y tampoco buscamos.



Como ya era el mediodía, nos sentamos en un banco cerca de esta, a comer los sandwichs de sunka y gouda cheese. A pocos metros se nos estacionó un carrito como los de golf con la música de Michel Telo, "Ai eu se te pego”. Quien iba a decir que la canción del verano de Brasil, popularizada por Neymar se iba a escuchar en ese recóndito lugar del mundo.
Luego del almuerzo musicalizado por el carrito que trasladaba gente entre el puerto y la playa, tomamos un camino más corto que nos dejaba directamente en el puerto, identificado en el mapa de la isla como Od Sunja.

Rápidamente llegamos a destino, deteniéndonos a descansar en un pequeño jardín botánico que había frente a la costa.
Esta isla con alrededor de 200 habitantes, parecía haber conocido mejores momentos. En el recorrido vimos varias casas y hasta un hotel abandonado. 
Mientas esperábamos que llegar el barco que nos llevaría de regreso a Dubrovnik, no pudimos dejar de tomar un helado!

El regreso fue tranquilo. Como en la cubierta había mucho sol, casi todo el tiempo estuvimos sentados en el interior del pequeño Ferry.

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