lunes, 21 de enero de 2013

Colonia del Sacramento (parte 2)

By Sole


A la tarde lentamente fue desapareciendo la gente, pasando el silencio y la tranquilidad a apoderarse del lugar. Volvimos a la posada para descansar un rato y prepararnos para salir a cenar.
El lugar elegido para la cena fue “Drugstore”, un restaurante ubicado enfrente a la Plaza de Armas con una decoración muy particular, con coloridos manteles a lunares, posters antiguos en las paredes y un coche-maceta en la calle. Pedimos una ensalada y un chivito al plato que resultó enorme! Tenía de todo ese plato, carne con jamón, queso, ensalada rusa, papas fritas, arvejas, huevo frito, etc. Una verdadera bomba!  





Al día siguiente, nos levantamos relativamente temprano, en parte por haberlo decidido así de antemano, y porque no nos iba a quedar otra con el bullicio proveniente del otro lado de la puerta, de la gente que estaba desayunando.
El desayuno fue bueno, era auto-servicio e incluía café, té, leche, jugos, cereales, tostadas, medialunas, manteca, dulces y queso.
Juntamos las cosas, lo que no nos llevo mucho tiempo dado que no habíamos llevado demasiado por una noche. Estuvimos un rato en el jardín junto a la pileta en algunos de los bancos de madera que estaban dispuestos alrededor de la misma, y cerca de las 11 de la mañana hicimos el check out. Como íbamos a estar algunas horas más en la ciudad, nos permitieron dejar las mochilas hasta la tarde en la posada.
Ese día quedaban muy pocos turistas en el lugar, más que nada europeos. Volvimos a caminar el casco histórico, sacamos alguna foto y subimos al faro. No era muy alto, se subía por una escalera caracol pequeña, accediendo mediante la misma a dos miradores en niveles diferentes para observar la zona aledaña desde la altura. Estuvimos un rato tomando fresco en lo alto del faro, hasta que comenzó a venir más gente y bajamos.




Hicimos la última comida en un bistró-cafeterié “Casa Grande”, donde comimos tallarines y lenguado natural con ensalada. En muchos de los restaurantes de la zona ofrecían pescados como el lenguado como plato del día. La comida fue buena también en este lugar.

El día anterior en la merienda ya nos habíamos dado cuenta que los uruguayos son muy parecidos a los argentinos en algunas cosas. Uno podía pagar la cuenta en uruguayos, dólares o pesos argentinos. Pero si uno se sentaba con la calculadora se daba cuenta que no era lo mismo pagar en dólares que en pesos argentinos. Pagando en dólares terminábamos pagando hasta 5 o 6 pesos argentinos menos que si pagábamos directamente en pesos argentinos. Ellos son “vivos”, yo también “soy viva”. Les pagaba en dólares, pero la propina se la dejaba en pesos argentinos haciendo mis propias conversiones del 10%.

Después de almorzar, dimos una vuelta más, compramos algunos alfajores para traer y pasamos a retirar las mochilas para ir al puerto. Para no llegar tan tarde a Buenos Aires, habíamos sacado pasaje en otro buque de Buquebus que salía más temprano, tardaba menos, poco más de una hora y costaba un poco más que el de la ida. Volvimos en el Silvia Ana. No se si fue por la mayor velocidad o porque el río estaba un poco más agitados, solo sé que sentí algunas oscilaciones que no me llegaron a marear, pero para para evitar cualquier complicación evite ingerir alimentos durante el viaje.


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