lunes, 8 de julio de 2013

Vill Traful - Mirador del Viento

By Sole y Seba
Febrero 2013

Amaneció lloviendo. Ya a esta altura no había dudas que teníamos una maldición encima!!! Desde que habíamos aterrizado habíamos tenido lluvia!!!
Nos levantamos sin apuro, el cerro Negro estaba descartado… Nos vestimos y fuimos a desayunar.
El desayuno se servía en el salón- restaurante de la hostería. Impresionaba que el servicio estaba concesionado. Había leído algunas críticas no muy buenas en tripadvisor, por lo que no fui con grandes expectativas. Resultó ser mucho mejor de lo esperado. Había un mostrador con alimentos, para servirse libremente. Incluía infusiones, yogurt, leche, jugo de naranja, corn flakes, ensalada de frutas, pan (y tostadora por si uno lo quería tostado), jamón, queso, y budín. Además de esto, el encargado del lugar, repartía una panera con 4 medialunitas por mesa.
Nos sentamos en una de las mesas al lado de la ventana con vista al lago a disfrutar del desayuno. Mientras nos calentaron agua para el mate.

De a poco fue parando de llover. Armamos las mochilas, y cuando ya no llovía salimos hacia el Mirador de Villa Traful o de “los vientos”, ubicado a 5 km de la villa, saliendo de la hostería hacia la derecha.
La misma ruta de ripio consolidado que pasaba por la puerta de la hostería, sobre la que estaba emplazado todo el pueblo, sería nuestra senda. Luego de caminar unos 300 metros, pasamos por un camping del que salió un perro pequeño, al que llamamos “pati corti”, que se unió en la caminata.
Delante nuestro teníamos el cielo celeste con algunas nubes blancas entre las que se asomaban rayos de sol, pero cuando mirábamos hacia atrás todo era nubes, y muchas oscuras. Quienes prevalecerían?
El camino iba bordeando el lago, alejándose parcialmente del mismo en algunos sectores. Tenía algunas pendientes ascendentes y descendentes, pero poco pronunciadas. Fuimos avanzando lentamente, kilómetro a kilómetro con “pati corti”, que por momentos se metía en la playa a chapotear en algún charco, y cuando volvía a la ruta, nos buscaba con la vista y corría hacia nosotros. Lo mismo, si nosotros nos deteníamos y bajábamos a la playa, enseguida venía el corriendo con sus cortas patitas.

Finalmente salió el sol...

Cuando estábamos a un poco menos de 1 km del destino, “pati corti” divisó otro camping, el último antes de llegar al mirador, en el que se metió. Lo perdimos!!! Sniff, sniff, perdimos a “pati corti”!!! Qué tristeza!!! Lo perdimos y ni siquiera le sacamos una foto!!! Ni siquiera le convidamos algún alimento de los que teníamos en la mochila!!! Qué malos que fuimos con él, que nos acompaño casi todo el camino!!!
Unos minutos después, luego de haber caminado 1:10 hs, llegamos a destino. En los últimos metros notamos que el viento aumentaba lo que hacía que el frío se sintiera un poco más. Subimos las escalinatas de madera y llegamos a un deck del mismo material con asientos, construido sobre una prominencia rocosa. Había un sector donde era prácticamente imposible estar, se sentía el viento que ascendía, luego de chocar con la pared de piedra en la que estábamos. Era impresionante! Era como tener un ventilador apuntando hacia arriba!

Desde el Mirador de los Vientos! Efecto ventilador!!!

Desde el mirador se veía el lago en toda su extensión, bordeado en gran parte por montañas; la villa apenas la pudimos divisar a lo lejos, con ayuda de los binoculares.

El arco iris se enganchó en la foto!!!

Nos sentamos en uno de los bancos a tomar mate con bizcochos, al tiempo que veíamos que las nubes oscuras que habíamos tenido por detrás en la caminata, avanzaban hacia nosotros! El sol lentamente desapareció y las nubes cubrieron todo el cielo. Comenzó a chispear, así que juntamos todo y nos dispusimos a regresar.

El sol no duró mucho...

Al bajar del mirador, nos vino una ráfaga de viento de frente que casi nos impidió caminar, pero le hicimos frente y con esfuerzo avanzamos. Por algo, algunos llaman este lugar “el mirador de los vientos”…
El chispeo se convirtió rápidamente en llovizna y esta en lluvia! Nos colocamos unas capas plásticas transparentes de lluvia, con la inscripción “Universal Studio” en la espalda, que nos habían prestado para el viaje. Estas nos tapaban desde la cabeza hasta unos centímetros por encima de las rodillas, el pantalón que quedaba por debajo y las zapatillas se fueron mojando lentamente, hasta chorrear agua.
No dábamos para nada la imagen de los típicos mochileros, las capas de Orlando eran muy pro!
La lluvia nos acompañó los 5 km!!! Llegamos a la hostería con 1/3 del cuerpo empapado!!! Lo que más me preocupaba era el tema de las zapatillas, porque no tenía otras!!!

Pasada por agua

Nos quitamos toda la ropa mojada, la colocamos cerca de los radiadores, que encendieron al rato, porque la temperatura estaba descendiendo rápidamente. Tuvimos que pedir además un secador de pelo para ayudar a secar las zapas.
Siguió lloviendo toda la tarde! Está de más decir que esa tarde fue de descanso! Seba aprovechó para ver el partido del Barsa vs Granada, en el que ganaron los primeros 2:1, con los 2 goles de Messi, mientras yo leía.
Ni siquiera salimos para cenar, ya que afuera las gotas de lluvia seguían cayendo rítmicamente. No bien abrió nos acercamos al restaurante de la hostería. Tenían algunos “platos del día”, de los cuales elegimos el ojo de bife al ajo arriero (por las dudas este último vino en un platito aparte) con papas fritas  bastón y una pechuga con salsa de puerro con papas y batatas fritas, y de postre una mini-porción de tiramisú para compartir. Estuvo bien, aunque no fue nada del otro mundo.

Nos fuimos a dormir calentitos con la calefacción central. Había tanta diferencia de temperatura entre el interior y el exterior que en las ventanas estaban pobladas de gotitas de agua producto de la condensación.

Frase del día: “perdimos a pati-corti!”

Síntesis del trekking al Mirador del Viento: antes que nada, no es un trekking, es un mirador que está sobre la ruta y por el que pasan todas las excursiones. Los que están a pata pueden hacerlo, son unos 10km entre ida y vuelta (2 horas y monedas), con las ondulaciones lógicas de una ruta de montaña.

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