martes, 2 de abril de 2013

Dubrovnik - Isla Lokrum

By Sole
Otro soleado día nos esperaba. Destino del día: Isla de Lokrum.

Mapa de Lokrum


Una vez más madrugamos, desayunamos en el balcón, preparamos los sandwichs del almuerzo, y partimos.
Las lanchas que iban a Lokrum partían del puerto viejo, el que estaba junto a Old Town. Como nos caracteriza, fuimos con cierto tiempo de margen y compramos los tickets (100 kn en total, viaje mucho más corto que hacia Lopud, pero mucho más popular y por eso más costoso).
Mientras esperábamos que se hiciera el horario de partida caminamos un poco por el puerto, en donde me llamó la atención ver en el agua cercana a la costa todo tipo de peces, incluidas rayas, que nadaba entre los botes. Rompiendo esa armonía, a unos cientos de metros de la costa se había detenido un crucero, del que estaban bajando los pasajeros, que eran transportados a la ciudad vieja por embarcaciones más pequeñas. Menos mal que en ese momento nos estábamos yendo de Old Town, de habernos quedado ahí no hubiésemos podido transitar. El malón humano iba invadiendo poco a poco todos los locales comerciales, varios de los cuales estaban entongados con la empresa y tenían los carteles “20% de descuento a pasajeros de Crucero XXX” (obvio que en inglés).
Tras unos 20 minutos de navegación llegamos a Lokrum, un islote sin habitantes que está frente a Dubrovnik. Apenas habíamos caminado unos pasos cuando nos cruzamos con los primeros pavos reales. Parecían ser los dueños de la isla y estar muy acostumbrados al contacto con humanos. Se paseaban tranquilamente como las palomas en las plazas.



Comenzamos el recorrido visitando unas ruinas, para proseguir camino a una especie de fuerte, en la zona más elevada de la isla. Desde la parte superior del mismo tuvimos una imagen panorámica impresionante de Old Town y pudimos  apreciar como la ciudad se extendía a lo largo de la costa.


Old Town desde Lokrum



Cuando bajamos tomamos un camino que bordeaba la isla, del que se podía acceder en varios sectores a las piedras que estaban en contacto con el mar. Justamente estas piedras eran las “playas” de la isla. Cuando alguien dice playa, lo primero que se me viene a la cabeza es arena y agua; el concepto de playa acá es diferente. Las particulares playas de las islas están formadas de piedras, sobre las cuales la gente se recuesta a tomar sol, y agua, a la que se puede acceder mediante escalas empotradas en las piedras similares a las de las piletas de natación. Al igual que en Lopud, según el mapa de la isla, había un sector de playas nudistas, también identificado con las letras FKK. No la visitamos.
En el interior de la isla había un antiguo monasterio Benedictino construido en el año 1023, en las inmediaciones del cual había un restaurante. Otros puntos de interés eran el jardín botánico con varias especies, identificadas con sus nombres científicos, y el mar Muerto. Este último era una pequeña laguna de aguas muy claras en el interior de la isla que la gente utilizaba para bañarse y practicar saltos desde las piedras que la rodeaban. Al lado del mar, había una parada aeróbica (aparatos simples de gimnasia para ejercitar diferentes grupos musculares, como hay acá en Buenos Aires en algunos parques), cancha de bochas, vóley y futbol.

Mar Muerto


Un par de horas nos fue suficiente para recorrer la isla en su totalidad, e incluso almorzar sentados en alguno de los bancos ubicados mirando el mar, cerca del mini-puerto.
Cuando nos cansamos tomamos uno de los barquitos, que partían cada 30 minutos.
Después vino el cafecito de la tarde en un bar muy paquete ubicado en una plaza cercana al puerto en la que durante las mañanas se instalaba el mercado y una nueva visita a la pekarna para comprar strudel para terminar con un poco de ejercicio subiendo y bajando los 380 escalones.
La cena fue bastante decepcionante. Cenamos en un restaurante llamado Lokrum, sentados en el interior del mismo para evitar el humo del cigarrillo de las mesas de la calle. Lugar poco acogedor, con mala atención (muchos mozos jóvenes que literalmente se la pasaron boludeando) y comida escasa. Habíamos pedido un risotto con frutos de mar y una ensalada de pollo; los frutos de mar había que buscarlos con una lupa y lo único que se sentía era la sal del mar…
Tras una nueva sesión de fotos nocturnas, volvimos a la casa a descansar.

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