viernes, 17 de mayo de 2013

Florencia - De Santa Maria Novella al Ponte Vecchio

By Sole

Mayo 2012

A las 12:05 llegamos a la estación de tren Santa Maria Novella (SMN). Raudamente nos dirigimos hacia el alojamiento que habíamos reservado, ubicado a unas 3 cuadras de ahí. Ya teníamos las rueditas de las valijas gastadas de tanto andar caminando con ellas por la calle!
Habíamos reservado una habitación en un hotel que compartía las instalaciones con el Hostel Archi Rossi. La entrada y recepción era común con el hostel, así como el sector para guardar valijas y el comedor para el desayuno. Tras atravesar un patio que separaba los dos edificios llegamos al hotel. Tenía un ascensor que era excesivamente lento, aún más que el de Milán. Sólo lo utilizamos cuando llegamos por las valijas, nunca más! Ni siquiera para bajar el equipaje el día que nos fuimos. Nuestra habitación con baño privado, y una ventana que daba a un patio y una terraza estaba ubicada en el 2º piso. Era amplia, luminosa y tenía hasta un escritorio con computadora, un lujo! En Florencia la oferta hotelera era mayor que en Milano, y por el mismo precio se conseguía un alojamiento muchísimo mejor.
Contentos con la elección que habíamos hecho vía Internet, dejamos las valijas, y salimos a recorrer las calles. Hacía calor, y el día estaba espectacular. Nos dirigimos en primer lugar al Mercado de San Lorenzo, que estaba ubicado a pocas cuadras. El mercado propiamente dicho, era un gran edificio con puestos de frutas, carnes, pescados, productos secos (fideos, arroz, especias), panaderías y fiambrerías. En el exterior había varios puestos callejeros que vendían ropa (las clásicas camisetas y camperas con las inscripción ITALIA), carteras de “cuero”, y chucherías.
En una de las fiambrerías del mercado compramos 2 sandwichs a 3E cada uno de jamón crudo y queso; uno elegía el pan, y el fiambre, y los armaban en el momento. Nos fuimos con los sandwiches en sus bolsitas de papel madera y un agua mineral hacia la zona del Duomo. Nos sentamos a comer, en un banco frente al Baptisterio. Si no fuese por la gente que cada tanto pasaba pidiendo monedas, hubiese sido un gran almuerzo. Acá no era la excepción, iglesia: mendigos y gitanos pidiendo dinero.

Il Duomo

Con el estómago lleno, caminamos un poco entre estas obras arquitectónicas, que competían entre sí a ver cuál era la más ornamentada e imponente. En ese momento sólo dimos una vuelta por el exterior. Había gente haciendo fila para ingresar y subir hasta la cima para tener una vista panorámica de la ciudad.
Seguimos hacia el Palazzo Vecchio y la Piazza della Signoria. En la puerta de este edificio había una réplica del David de Miguel Angel, que de todas las estatuas de la plaza era la que más llamaba la atención. También estaba la estatua de Adán y Eva, y Hércules y caco. En el interior del Palazzo, había exposiciones varias, que no visitamos.

El David en la puerta del Palazzo Vecchio

De ahí nos fuimos por la Vía Calzaiuoli en dirección al río Arno. No pudimos evitar ingresar en el Disney Store, y tocar todo cual niños. Qué cosas más lindas que venden en esos negocios!
Cuando llegamos a la calle que corría paralela al río, nos topamos con una caravana de autos antiguos que resultó ser la Mille Miglia! Tuvimos que esperar un rato, a que haya un impase de vehículos para cruzar la calle.
No bien cruzamos, a nuestra derecha pudimos ver por primera vez el famoso Ponte Vecchio. Este puente es mucho más que un puente. Es una construcción del año 1345, siendo el puente de piedra más antiguo de Europa. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue el único puente de Florencia que no fue destruido por los alemanes. Sobre el mismo había casas con negocios en la planta baja que delimitaban un corredor central que iba de un lado al otro del río. En un comienzo esas casas flotantes estuvieron ocupadas por carniceros y matarifes, pero fueron desalojados por el mal olor que generaban. En la actualidad están ocupadas por orfebres con sus tiendas que venden objetos de joyería.
Justo en el centro del puente encontramos un bebedero, donde recargamos la botella de agua y nos hidratamos.

Desde el Ponte Vecchio

Poco a poco el cielo se fue nublando anunciando la llegada de la lluvia. Regresamos al hotel a buscar los paraguas y algo de abrigo. Ni las nubes ni las lluvias nos iban a impedir que siguiéramos recorriendo Firenze. No bien aparecían rastros de que se venía la lluvia, aparecían por todos lados los vendedores africanos, que minutos atrás tenían carteras y posters de Florencia en las manos, con los paraguas gritando “Umbrello, umbrello”. Eran bastante insistentes y no les bastaba con un “no, grazie”, necesitaban por lo menos recibir 3 veces esa respuesta. Los paraguas costaban 5E, precio que en un primer momento no nos pareció disparatado. De aspecto eran muy bonitos, tenían impresas imágenes de distintos cuadros como el Nacimiento de Venus de Botticelli, los angelitos de la Madonna Sixtina de Raphael, o bien imágenes de la ciudad de Florencia. Como habíamos llevado paraguas, lo compramos pero recién lo abrimos en Buenos Aires. Resultó ser el peor paraguas que compré en mi vida!!! Al abrirlo la primera vez y sin forzarlo descubrí que una de las varillas estaba rota. Con la segunda apertura se rompió la segunda. Las varillas eran de un material que se quebraba sólo!!! Así que si van a Firenze, insistan en los “no, grazie”.

Bajo la lluvia fuimos nuevamente hasta la estación de tren a comprar pasajes para el día siguiente. Desde la estación se podía acceder a un túnel rodeado de negocios que corría por debajo de la plaza que estaba frente a la misma. Para evitar la lluvia en esas casi 2 cuadras, fuimos caminando por ahí abajo.
Luego de caminar algunas cuadras más, la lluvia cesó, aunque el cielo permaneció nublado casi toda la tarde. Volvimos una vez más al Ponte Vecchio, pero por un camino diferente al de la primera vez. No pudimos evitar tomar más fotos del mismo, esta vez desde otro ángulo.

El Ponte Vecchio luego de la lluvia

De Milano a Firenze

By Sole

Nos levantamos un poco más tarde que el día anterior. Acomodamos las pocas cosas que habíamos sacado en los escasos momentos que habíamos estado en el hotel. A las 10:20 partía el tren hacia Florencia.
Caímos nuevamente en el McDonald’s, pero esta vez para desayunar. Las opciones de desayuno eran mucho más limitadas que en otros países, sólo había infusiones con distintos tipos de bollerías. Terminamos con un cortado con una medialuna (5E en total).
Aprovechamos el rato que nos quedaba para caminar un poco por Corso Buenos Aires, la calle comercial, de negocios accesibles como Zara. Aún era temprano y estaba todo cerrado, así que nos limitamos a caminar por las calles aún sin gente. En el medio hicimos una visita al supermercado, volviendo posteriormente al hotel para hacer el check out.
Puntualmente tomamos el tren, llegando a Florencia 1:45 hs después.

jueves, 16 de mayo de 2013

Un día en Venecia

By Sole

Mayo 2012

A las 5:30 hs sonó el despertador! Mmm, no estábamos de vacaciones??? Como pudimos nos levantamos, inundamos el baño y salimos hacia la estación. El desayuno no estaba incluido en el precio de la habitación, tenía un costo adicional de E10 por persona. Olvídalo! Pasamos por el Mc Donald’s que teníamos a una cuadra, pero aún estaba cerrado. Seguimos caminando. Atravesamos la plaza, que a esa hora estaba desierta y compramos un café con una bollería en la estación. Validamos el pasaje y nos sentamos en nuestro asiento a desayunar mientras esperábamos la partida.
Tras 2:25 hs, y haber parado en varias estaciones intermedias llegamos a la estación Venezia Santa Lucia, apenas eran las 9 de la mañana! Bajamos del tren y ya estábamos en la Venecia que tanto habíamos visto en películas y fotos! Intentamos conseguir un mapa en la oficina de turismo, pero dejamos de hacer la fila para ingresar a la misma cuando leímos en una de las paredes el cartel que decía que no se entregaban mapas. Compramos uno a E2,5 en uno de los negocios vecinos que vendían souvenirs y casualmente mapas! Unos metros más adelante ya encontramos el primer puente, que cruzamos. Fuimos adentrándonos en las callecitas, sin seguir el mapa, caminando a donde el camino nos llevara, en algunos casos no había muchas posibilidades, y la ausencia de camino nos hacia retroceder y buscar una calle que terminara en un puente. Es increíble como las casas tienen sus cimientos en el agua y no están llenas de humedad, o al menos en su parte externa. Había calles de diferente ancho, varias muy angostas, que abriendo mis brazos conseguía tocar ambas paredes. Desde ya que no había diferencia entre calle y vereda, era todo suelo de piedra o adoquines peatonal. Al lado de algunas casas se veían aparcadas lanchas, como si fuese el auto en el garaje. Cada tanto nos cruzábamos con los carteles amarillos colocados en las paredes con la inscripción “Per Rialto” o “Per S. Marco”, que iban indicando el camino hacia esas atracciones.



Por una de las callecitas...

A medida que nos fuimos acercando al Ponte di Rialto, el más importante de la ciudad, fue aumentando la cantidad de negocios. De hecho, el puente era tan ancho, que en su centro albergaba dos hileras de negocios que vendían principalmente souvenirs. A los recuerdos clásicos se sumaban acá las máscaras del carnaval de Venecia, góndolas, y colgantes en cristal de Murano. Ya habría tiempo para comprar.
Debajo del Ponte di Rialto estaba el Gran Canal, que como su nombre lo indica era el “gran Canal”.  Acá el tránsito de góndolas y lanchas de todo tamaño era más intenso, sería como una avenida. Mientras estábamos sacando una foto, pasó una “lancha ambulancia” con sirena encendida a toda velocidad, generando un gran movimiento de agua, que fue fácilmente perceptible en las góndolas cuyos movimientos oscilatorios fueron más intensos.

Rialto sobre el Gran Canal

Ya del otro lado del Rialto seguimos caminando hacia Piazza San Marco, el centro de Venecia. Ahí nos encontramos con toda la gente que no habíamos visto en el resto de las calles. La masa de gente hacía fila para ingresar a las diferentes atracciones que rodeaban la plaza: la Basílica y el campanario del mismo nombre, el Palacio Ducal, y la torre del reloj.
Además de gente, había muchas palomas demasiado sociables. Cuando alguien les daba de comer, lo rodeaban y hasta se posaban en su mano! Algunos padres entretenían a sus niños con estas aves tan poco atractivas. Dada mi aversión habitual a las mismas, evité todo contacto con ellas.
En los alrededores de Piazza San Marco estaba prohibido sentarse en el piso, incluidas escalinatas o escalones. De igual manera no estaba permitido ir vestido indecorosamente con el torso desnudo o comer en el lugar. No bien alguien cometía alguna de estas infracciones del código de ética local, venía gente de seguridad para modificar la actitud del infractor. Había un par de carteles que informaban las prohibiciones.



A unos metros de la plaza, pudimos observar el Puente de los Suspiros o Ponte dei Sospiri, que antiguamente unía el Palacio Ducal con la prisión. Según cuenta la historia, el puente debe su nombre a los suspiros de los prisioneros que desde ahí veían por última vez el mar.
Volvimos a la Piazza, sacamos algunas fotos, giramos a la izquierda y continuamos caminando hacia ese lado, metiéndonos en más callecitas no tan pobladas. En la caminata nos cruzamos con algunos infortunados que paseaban sus valijas por el lugar, tal vez buscando un hotel o tal vez buscando la estación de tren tras haber realizado el check out. Qué complicado caminar por Venecia con las valijas, teniendo que subir y bajar varios escalones en cada puentecito! Pudimos ver después que otros pagaban a una lancha para que les transportasen el equipaje hasta su alojamiento.

En uno de los tantos puentecitos

Llegamos caminando hasta la galería de la Academia, donde dimos media vuelta y emprendimos el regreso hacia la zona del Rialto. Volvimos a cruzar lentamente el puente que nos había conducido a ese sector de tierra, disfrutando del paisaje. Ahí nos cruzamos con el oriental de la ensalada de fruta. Como si fuese un objeto extraño y fuera de lo habitual, apoyó el vaso que contenía las frutas en la baranda del puente y le sacó mínimamente 10 fotos de todos los ángulos posibles. O bien era un fotógrafo que quería capturar la esencia de esa ensalada, inspirado, luego de haber visitado la galería de arte o bien alguien que nunca en su vida vio un trozo de manzana, naranja, sandía y una rebanada de kiwi juntos en un mismo vaso de plástico! Mientras observábamos esto, a unos pocos metros se escuchaba a un par de personas queriendo regatear un viaje en góndola; el gondoliere se negaba a cobrar menos de E80.
Se estaba haciendo el horario del almuerzo, apenas habíamos comido unas galletitas en una plaza donde sí estaba permitido el consumo de alimentos y sentarse en el piso. Comenzamos a buscar algún lugar donde comprar algún sándwich o algo que pudiéramos comer sin necesidad de sentarnos en una mesa. Sin convencernos nada, terminamos en el mercado de Rialto, donde había puestos que vendían frutas, verduras, pescados frescos y flores. Compramos maníes y una bandeja de frutillas, que enjuagamos en un bebedero al lado del mercado. No sentamos en un escalón, frente a una pequeña piazza donde había un par de restaurantes con mesas en la calle, y varias personas comiendo y tomando alguna bebida alcohólica en copas de parados, frente al Gran Canal.
Aún no hemos encontrado frutillas mejores a las que comimos en esa oportunidad, grandes, rojas, en su punto justo de maduración, sabrosas, podríamos decir, que eran las frutillas perfectas. Terminamos almorzando frutillas con maníes mirando el Gran Canal. Al lado se nos sentaron dos niños ingleses a comer duraznos.
La tarde trascurrió caminando, entrando en algunos locales que vendían souvenirs donde  compramos algún imán, llaveros y un par de colgantes de cristal de murano para regalar. Hasta pasamos por el hospital, que tenía aparcadas varias lanchas ambulancias de diferentes tamaños. En la isla de San Michele, curiosamente frente al mismo, se encontraba el cementerio. En este punto podemos decir que la gente de Venecia es muy práctica, o bien el paciente se va a de alta caminando o sale en lanchita hacia la isla de enfrente.
Antes de enfilar hacia la estación, nos detuvimos en alguna calle, que no tengo la más mínima idea donde estaba ubicada, y compramos un gelato. A estas alturas Seba era un experto hablando en italiano. “Voglio un gelato di fragola e cioccolato”. Hasta ahí todo bien! El problema vino cuando pidió una cucharita adicional, “una cuchiara, per favore”. La empleada interpretó lo que quiso decir, pero no pudo evitar reírse.
Guiados por los carteles que indicaban el camino hacia Santa Lucia, llegamos a la estación. Aún faltaba un rato para el horario de partida, tiempo suficiente para hacer uso del baño más caro del viaje: 1E!
El tren partió repleto, con gente parada. Era un servicio más económico que el de la ida, en un tren más viejo, que tenía más paradas intermedias y en consecuencia tardaba más. Habiendo tardado una hora más que a la ida, llegamos cerca de las 21 hs a Milano.
Antes de volver al hotel hicimos una parada en el Mc Donald's, el mismo que a la mañana estaba cerrado, para comer un Big Mac; el primero y último en mucho tiempo. Agotados regresamos al hotel.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Una vuelta rápida por Milano

By Sole

Mayo 2012

A las 15:15 hs llegamos al Milan Malpensa Airport ubicado a varios kilómetros de la ciudad de Milán. Una vez que recogimos las valijas fuimos hacia la estación de tren para tomar el Malpensa Express hacia Milano Centrale. Compramos 2 tickets, 10 E cada uno, que validamos antes de ingresar al tren. Tener un pasaje sin validar equivalía a no tenerlo, y si el guarda lo descubría, a pagar la multa! Y no es joda, los guardas pasan y se fijan todo!
El tren estaba acondicionado para viajar con valijas contando con lugares para ponerlas. Además de la gente con valijas viajaba gente que nada tenía que ver con el tránsito de pasajeros entre Milán y el aeropuerto; hicimos varias paradas intermedias antes de llegar a Milan.
Durante este viajecito nos comimos unas espectaculares cookies con chispas de chocolate que habíamos comprado en nuestra visita al supermercado en Salzburgo. Qué buenas que estaban!!!! También tomamos la decisión final sobre lo que haríamos al día siguiente. Estábamos entre dedicarle el día a Milán, así Seba podía ir a visitar el estadio San Siro Giuseppe Meazza, o pasar el día en Venecia.
Recién llegado a Milán, antes de salir de Milano Centrale, la estación principal de tren, nos dispusimos a hacer la fila para comprar los pasajes para el día siguiente. Seba se conformó con ver el estadio desde el aire, cuando el avión pasó sobre él.
Volviendo a la compra de pasajes, estaba la posibilidad de hacerlo con unas máquinas, pero por alguna razón no nos permitía realizar la transacción, así que no nos quedó otra forma que hacerlo a la antigua. De hecho no éramos los únicos haciendo fila, debíamos tener más de 15 personas delante! Mientras aguardábamos vimos que en las máquinas expendedoras había un hombre que ayudaba, sobre todo a las mujeres mayores a sacar los pasajes a cambio de una propina. Permanecimos en la fila.
Con los pasajes en nuestro poder, salimos de la estación, teniendo que atravesar una plaza que me hizo acordar a la de Once. Había varios manteros vendiendo todo tipo de porquerías (anteojos, carteras, billeteras, "miquimocos", etc). Rápidamente llegamos al otro extremo, caminamos unos 100 metros más y encontramos nuestro hotel.
Nos alojamos en el Hotel Garda, un lugar un tanto antiguo, con una mala relación calidad/ precio, comparado con los alojamientos anteriores. Nos había costado mucho elegir un hotel en Milán, la mayoría tenía un precio más alto que los de otras ciudades, y cuando íbamos a leer las opiniones en booking y tripadvisor, estas solían ser bastante malas (mucho ruido, suciedad, canillas de agua caliente de las que sólo salía agua fría, etc).
Hicimos el check in en un mix de italiano e inglés, nos dieron una habitación en el 2º o 3º piso, y nos indicaron que subamos con las valijas por el ascensor. Qué suplicio ese viaje en ascensor! Parecía que cuando uno apretaba el botón del piso al que quería ir, un hombre leía el pedido y comenzaba a tirar de una cadena para que subiera. Uno de los ascensores más lentos de mi vida, que creo que sólo fue superado por el de Florencia.
La habitación tenía una decoración un poco estridente, con bastante rojo y una luz que iluminaba poco, lúgubre. Dónde nos metimos??? Era un hotel común de pasajeros o algún antro extraño??? El baño estaba bien, incluida el agua que salía a una temperatura adecuada, pero las pocas veces que nos bañamos por más recaudo que tomamos inundamos literalmente todo el baño!!! Si quedaba tirado algo en el piso, flotaba!!!
Dejamos las valijas y tomamos las escaleras para bajar, no íbamos a aguantar otro extra-lento paseo en ascensor. Dejamos las llaves en el front desk; no tenía tarjeta electrónica sino las antiguas llaves con el llavero con el número de habitación que siempre quedaba en conserjería.
Teníamos lo que quedaba de la tarde para recorrer la ciudad. Decidimos ir en metro hacia el Duomo. Sacamos los 2 tickets en las máquinas, E1,5 cada uno, y unos minutos después ya habíamos llegado a destino. Apenas pusimos un pie en la superficie, en la plaza frente al Duomo, fuimos asediados por un grupo de africanos que intentaban darnos unas pulseras de hilo. Una seguidilla de  “no, no, no, grazie, thanks” y movimientos negativos de cabeza, hicieron que se dispersaran y fueran a buscar otras víctimas. Ya habíamos leído de los timos del lugar en una página web con información de seguridad. Así que cualquier persona que se acercaba, recibía un “no”. Hubo un oriental que estaba cerca nuestro que cayó con el “free, free”, agarrando una pulsera. Ahí le comenzaron a pedir “Money”. Intentó zafar de la situación con una moneda, recibiendo un “no coins, money”. Hasta que no desembolsó algún billete no lo dejaron ir.
A estas alturas ya estaba un poco paranoica, tratando de evitar a estos timadores, atenta a que nadie me viniera a robar y a no pisar una de las cientos de palomas que estaban en el piso, que no se amedrentaban ante el acercamiento de un pie a sus cabezas.
Hicimos una rápida pasada por el interior del Duomo, que estaba en remodelación. Pudimos ver sus techos altos y varias pinturas colgadas en sus pareces; el olor a incienso era intenso.

Il Duomo
Seguimos hacia la galería Vittorio Emanuele. Un centro comercial, muy elegante, con negocios de primeras marcas y bares. En un sector del piso había un mosaico de un toro al que hay que pisarle los testículos para atraer la buena suerte. De hecho cuando uno lo miraba era en ese el lugar donde el piso estaba más desgastado. No iba a dejar pasar la buena suerte! Así que mi pie estuvo pisando al pobre animal. Seba se negó a hacer “esa payasada”, bastante que había tirado la moneda en la Fontana Di Trevi.

A pisar las bolitas del toro

Tomamos Vía Dante, en la que había cafés con mesas en las calles a ambos lados, y postes con banderas de diferentes países. Al fondo, el Castello Sforzesco, grande e imponente. Recorrimos sus jardines, sin adentrarnos en el edificio. Más allá del Castillo, il parco Sempione.
Este parque con sus 386.000 metros2, es uno de los más importantes de la ciudad; se encuentra entre el jardín del Castello Sforzesco y el arco della Pace o de la paz, una especie de arco del triunfo, pero más pequeño. Nos dio la impresión que era un parque bastante utilizado por los habitantes locales para pasear y practicar deportes. En nuestro recorrido nos cruzamos con gente corriendo, caminando, jugando al fútbol, sentada leyendo, comiendo, etc. Además de respirar un poco de aire fresco, pudimos cargar agua de un bebedero, en la botella de agua mineral que habíamos comprado en el metro y ya estaba vacía. Este fue el lugar que más me gustó de la ciudad.

Parque con el Castello Sforzesco de fondo

Volvimos a la zona del Duomo, pasamos por el negocio que vendía camisetas del Inter, al cual no entramos porque justo en ese momento estaban bajando sus persianas. Continuamos caminando, pero ya enfilando hacia la zona del hotel. Realmente las calles que caminamos en el regreso no tenían nada en particular, podrían haber pertenecido a cualquier ciudad. Pocos negocios, menos locales gastronómicos aún; supongo que habremos ido por el camino equivocado y nos perdimos la cuna de la moda, y todas esas cosas que siempre se dicen sobre Milano.
Terminamos en una pizzería a dos cuadras del hotel. No sé si estábamos demasiado cansados sin capacidad para pensar o qué, pero pedimos la peor pizza que podíamos haber pedido, una “pizza Siciliana”. Cuando la pedimos ni siquiera entendimos el nombre de todos los ingredientes, pero dijimos “qué tan malo puede ser?”. Ni siquiera tuvimos la viveza de pedir 2 pizzas diferentes y comer media y media…
Podemos asegurar que no nos aburrimos en el largo tiempo que tuvimos que esperar para que nos trajeran el pedido. Por un lado, parecía que había una fiesta infantil, para la que pasaban pizzas y más pizzas hacia otro salón, y después comenzaron a aparecer niños con helados en sus manos. El horno debía estar ocupado sacando ese gran pedido antes que el nuestro.
Por otro lado, fuimos testigos de unos swingers de alimentos. En una de las mesas exteriores se sentaron 4 orientales, 2 hombres y 2 mujeres, con sus respectivas cámaras de fotos. Pidieron la carta, a la que miraban con cara de no entender nada, evidentemente no estaba escrita en chino! Cuando se acercó el mozo a tomar el pedido estuvo largo rato, como si estuviese explicando vaya uno a saber en qué idioma, en qué consistía cada plato. Volvió con la bandeja con un café con leche, un agua, una cerveza, un plato de pastas, una pizza y otros platos que no recuerdo, que fue distribuyendo en la mesa. No bien se retiró, los comensales inspeccionaron lo que les habían servicio, tal vez fue lo que les tocó en suerte producto de la barrera idiomática. Todos comenzaron a comer de todos los platos, tanto el que estaba delante, como el que tenían al lado, enfrente y oblicuamente.
Finalmente, miramos lo que nos había tocado en suerte a nosotros por no saber leer todos los ingredientes! Vinieron dos pizzas con tomate, aceitunas, alcaparras y anchoas, SIN queso!!!! Naaa, pizza sin queso, no es pizza en mi mundo!!! No puedo explicar lo salada con estaba, apenas se podía comer!!! Como no habíamos comido demasiado ese día, comimos hasta donde pudimos, corriendo parte de las anchoas y las alcaparras, para no morir ahí mismo!!! La peor pizza de todo el viaje!!!

Exudando sal volvimos al hotel a dormir! El tren a Venecia salía a la 6:35 de la mañana!


martes, 14 de mayo de 2013

De Praga a Milan

By Sole

Hicimos el último desayuno de Praga y partimos con las valijas a tomar el subte. Fuimos a hasta la estación Pavlova de la línea C, haciendo transbordo a la línea A en Muzeum. Seguimos con la A, hasta la estación final, Dejvická. No éramos los únicos con equipaje en el subte, algunos más hicieron el mismo recorrido.
Cuando salimos a la superficie, cruzamos la calle y rápidamente encontramos la parada del bus 119, que nos llevaría al aeropuerto. Mientras esperábamos, se fue acumulando gente de forma muy errática, sin respetar el orden de llegada. Cuando llegase el colectivo había que abalanzarse al interior!
Tuvimos la suerte de estar justo delante de la puerta del medio del bus, así que pudimos entrar entre los primeros y conseguir un lugar para sentarnos y apoyar las valijas. La mitad de los pasajeros llevaba equipaje, el resto parecían ser usuarios locales que simplemente se trasladaban dentro de su ciudad.
A medida que fuimos adentrándonos en la periferia de la ciudad fue cambiando el paisaje, disminuyendo las casas e incrementándose el verde, hasta que ingresamos en la zona del aeropuerto, que era una urbe en sí misma. En los alrededores había hoteles de varias cadenas internacionales, estacionamientos y hasta algún supermercado. Bajamos en la parada de la terminal que nos correspondía.
Ya en el aeropuerto hicimos el check in, y gastamos las últimas coronas checas que nos quedaban en un tubo pequeño de crema humectante y alguna golosina.
Una vez más volvió a tomar protagonismo en el aeropuerto la máquina para cortar el pelo de Seba, que había sido utilizada unas horas previas. Cuando estábamos ahí se percató de que le había quedado un pequeño pirincho de pelos en su cabeza rapada. "Tengo que cortarme estos pelos!!! necesito la máquina!!!". Ahí mismo en el hall abrió la valija, busco la cortadora y con ella en mano se fue al baño a terminar con su trabajo de barbero. 
Ya sin plata, con la cabeza perfectamente rapada y sin nada que hacer  pasamos por los controles de seguridad para acceder a la zona de free shops.
Seba pasó sin problemas, pero yo sonaba al pasar por el detector de metales! La checa después de cacharme y no encontrar nada, me hizo quedarme en patas, y pasó las zapatillas por la maquina que mira el interior equipaje! Qué quería encontrar en mis zapatillas???? No habiendo encontrado nada interesante en el calzado me lo devolvió y me dejó pasar.
Milagrosamente el baño en el aeropuerto era gratis!!! Ya estábamos cansados de pagar por hacer pis! En Mc Donalds había que pagar 5 Kč, independientemente de la consumición y en Starbucks con el ticket de compras venía el código para ingresar a los sanitarios. Estaban también los que esperaban en la puerta y aprovechaban para ingresar cuando otra persona salía y la misma aún estaba abierta. No hicimos ninguna “argentinada” y pagamos las coronas que correspondían, y en una oportunidad hasta nos comimos un muffin de Starbucks para tener la clave.
Abordamos el avión a horario. El pasaje nos había salido bastante económico, como si fuera un low cost. Pudimos pasar 18 kg de equipaje cada uno sin pagar extra, y un bolso de mano. El avión era bastante pequeño, y ni hablar la distancia entre asientos. Con mis piernas cortas no tuve mayores problemas, pero Seba tuvo que viajar plegado!!! La comida y bebida del viaje no estaban incluidas; junto a la revista del avión estaba el listado de alimentos con sus fotos y precios. Entre una cosa y otra, cuando nos dimos cuenta ya estábamos aterrizando en Milán.

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Praga - Kutna Hora

By Sole

Mayo 2012

Luego de desayunar salimos con los abrigos y el paraguas caminando hacia la estación de tren. Sospecho que elegimos el camino equivocado, porque en las últimas cuadras las veredas desaparecían y se transformaban en un alisado de cemento de aproximadamente medio metro de ancho, y la calle en una vía rápida sin cruces peatonales. Por suerte estábamos del lado de la estación y no tuvimos que cruzarla.
Ya en la estación, fuimos a comprar los tickets para ir hasta Kutná Hora con un costo de 160 Kč. Luego de una larga búsqueda de lugares cercanos para visitar, como Karlovy Vary, Cesky Krumlov, Memorial de Terezin, Castillo de Karlstejn, Plzen, nos quedamos con  Kutná Hora. Este era un pequeño pueblo medieval a una hora en tren desde Praga, conocido por albergar el Osario de Sedlec.
Luego de una hora de viaje, descendimos en una pequeña estación, casi fantasma. En esta había una pequeña oficina de información turística que vendía mapas del pueblo, 40 o 45 Kč según el tamaño. También había un baño, que para acceder al mismo había que pedir en algún lugar la llave y pagar 8 Kč. Nos limitamos a mirar el mapa que estaba en un cartel de la estación, y enfilamos caminando detrás de los pasajeros que habían descendido del tren, rumbo al Osario. Por nuestra velocidad para caminar los fuimos pasando uno a uno, perdiendo de vista a la mayoría. Siguiendo un par de carteles informativos, giramos en la calle que conducía al Osario, más o menos a 1 km desde la estación. Llegamos justo cuando estaba comenzando a chispear.
El osario estaba ubicado en la parte inferior del cementerio e Iglesia de Todos los Santos construida alrededor del 1400, y contenía un estimado de 40000 esqueletos humanos. Cuenta la historia que un tallador de madera, llamado František Rint fue contratado para decorar el lugar. Este no encontró mejor idea que utilizar los huesos para formar diversos objetos entre los que se encuentran una gran araña de techo con luces incluidas, un cáliz, el escudo de armas de la familia Schwarzenberg, columnas, y un par de pirámides de huesos largos. También estaba formando con huesos la fecha de finalización de la obra y el nombre del autor. Toda esta “obra de arte” está contenida en un pequeño recinto subterráneo que no llegará a 100 metros2. En algunas personas las extravagancias se las considera “arte”, en otras menos afortunadas “locura”.




Para ingresar pagamos una entrada de 60 Kč cada uno, que según la suerte venía acompañada del préstamos de un panfleto en inglés con una pequeña explicación del lugar; en todo el lugar sólo había 2 carteles que estaban en checo, que no tengo idea que decían. Si uno optaba por la audioguía eran 40 Kč más.
Cuando salimos ya no llovía; no fue que estuvimos mucho tiempo en esa cripta, sino que la lluvia había sido apenas un chaparrón! Volvimos a la calle principal, que conducía de la estación al pueblo, con rumbo a este último. Tras caminar una distancia similar a la que ya habíamos hecho llegamos!
El pueblo en sí, era pintoresco. Aun conservaba algunas zonas con su aspecto original, con  calles adoquinadas y pequeñas casas a los lados. La presencia de autos circulando o simplemente estacionados era lo que nos recordaba en que época estábamos. Fuimos recorriendo las callejuelas, hasta llegar a un espacio verde, donde apostaría que terminaba el pueblo. Ahí nos sentamos a comer los sandwiches que habíamos llevado, bajo el reparo de una resolana.




Cuando el sol desapareció, el frío se comenzó a sentir nuevamente, ya era hora de continuar! Seguimos caminando guiados por las 3 cúpulas de la Iglesia de Santa Bárbara, una de las más importantes de República Checa. Una calle, nos llevó a la siguiente y rápidamente llegamos. Una iglesia gótica, realmente impactante, por su tamaño y su diseño. Sacamos algunas fotos y continuamos caminando.




Cada vez teníamos más frío, así que decidimos buscar un café para sentarnos un rato. Encontramos un pequeño local que vendía café tanto en granos como listo para tomar ahí o take away, y chocolates. En un costado había un par de mesas y una vitrina con productos entre los que encontramos yerba mate. Más allá del calor del lugar nos pareció muy acogedor; nos ubicamos en una de las mesas. Pedimos dos cortados, que vinieron acompañados de un pequeño chocolatito, muy rico.
Habiendo recuperado algo de temperatura, enfilamos hacia la estación de tren, pero esta vez a la que estaba justo en el pueblo. Compramos 2 pasajes hacia Praga con un costo de 165 Kč, 5 Kč más que el de ida, porque se sumaba el tramo entre esta estación y la que habíamos llegado. Luego de esperar un rato, tomamos un tren de tan sólo 3 vagones que hacía este trayecto que no llegaba a 2 km. Bajamos en la estación principal. Acá aguardamos un rato más, no demasiado porque más o menos habíamos calculado el viaje según el horario en que pasaba el tren.
Cuando llegamos a Praga estaba soleado! Por primera vez vimos el sol en esa ciudad. Nos fuimos hacia la zona de Old Town, pero por una calle más civilizada que la que nos había llevado a la mañana a la estación. Volvimos a ver la torre del reloj, la plaza con la iglesia de Tyn, y obviamente le sacamos fotos con una iluminación diferente. Hicimos una mini- merienda en Starbucks y compramos libros en una gran librería frente a Plaza Wenceslao. No pude dejar de comprar un libro de Kafka, que incluía “La metamorfosis”; debo confesar que sólo leí con interés ese cuento, al resto no les encontré el más mínimo sentido.
Contentos por haber comprado libros, dimos un último paseo por el puente de Carlos.
Terminamos cenando un tanto temprano en la cervecería U Medvídků. Aún no eran las 19:30 hs, y ya estábamos ahí sentados cual gringos esperando nuestra comida. Esta cervecería era un local de varios pisos. Encontramos lugar en el primero, en una larga mesa de madera frente a la cual había varios toneles de cerveza, que formaban parte de una pequeña exposición sobre la fabricación de dicha bebida. De hecho, mientras esperábamos pasaron varios grupos de personas, acompañados por su guía que repitió la misma explicación en ingles 3 o 4 veces. Seba terminó el día comiendo chanchito con papas fritas, y yo una ensalada con pollo, y algunas papas robadas al plato que tenía enfrente.
Apenas comenzaba a anochecer y nosotros estábamos emprendiendo el regreso hacia el hotel, dispuestos a preparar las valijas para continuar viaje.

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Praga - Castillo y Colina Petrín

By Sole

Mayo 2012

Una vez más el día amaneció nublado y fresco. Desayunamos en el hotel y nos aprontamos con nuestros abrigos a salir. Caminamos los 40 minutos que nos separaban de Malá Strana o barrio pequeño. Fuimos por un camino diferente al día anterior para no aburrirnos. Gran parte del trayecto lo hicimos bordeando el río Moldava con una hermosa vista de sus puentes y edificios circundantes.
Ya en Malá Strana, pasamos por la plaza de Malá Strana o Malostraské námesti y por la calle Nerudova, que recibe este nombre en honor al escritor Jan Neruda, quien vivió en una casa ubicada en la misma. Algo que desconocía hasta realizar este viaje, es que el autor chileno Pablo Neruda, tomó el apellido artístico de este escritor. Además de la casa de Neruda, identificamos la denominada “A los tres Violines”, que recuerda la profesión de los primeros habitantes de la zona que eran fabricantes de estos instrumentos.

 
Nerudova


Dejando atrás estas curiosidades, subimos por una calle con pendiente ascendente hacia la zona del castillo. Desde Hradcanské námesti, la plaza del castillo, pudimos observar:

-           Palacio Sternsberk, sede de la galería nacional, donde aparentemente había obras del Greco y Picasso,
-   Palacio Schwarzenberg, por el nombre casi pensé que era el palacio de Schwarzenegger! Pero no, simplemente era un palacio con un nombre parecido donde estaba el Museo de Historia Militar,
-          Palacio Arzobispal, que decía tener una colección de porcelanas en su interior.
No nos interesó visitar ninguno de estos museos, así que simplemente los miramos por fuera.

Enfilamos hacia el castillo propiamente dicho. Cuando hablamos de castillo en estas ciudades, nos estamos refiriendo a un conjunto de edificios, plazas, patios, y hasta iglesias.

Tras franquear la entrada de rejas custodiada por dos miembros de la guardia del castillo llegamos al primer patio o patio de honor. Si hay un primer patio, debe haber un segundo, que efectivamente era lo que seguía en el recorrido. El segundo patio, que no dice tampoco mucho, tenía un aljibe cubierto por una jaula de rejas ornamentadas y una fuente. Y luego llegó el tercer patio, que conducía al Palacio Real y a la Catedral de San Vito, a la cual entramos. Es también en este patio donde estaba la oficina de información y venta de tickets. Vendían una entrada combo que incluía: criptas de la Catedral, Palacio Real, Basílica de San Jorge, un par de torres y Golden Lane o callejuela del Oro. Esta última,  era lo más interesante de todo el combo, una calle empedrada rodeada por casas en miniatura del siglo XVI con fachadas de colores; en la casa número 22 residió Franz Kafka en 1916. Estábamos dispuestos a pagar por visitar esta calle, pero no una costosa entrada que incluía en montón de cosas que no nos interesaban. El otro lugar interesante para visitar después de tomar medio litro de agua, no estaba incluido en la entrada; para entrar al baño “real”, que no creo que tuviese nada de “real” había que poner entre 8 y 10 Kč más!
Así que finalmente visitamos sólo los sectores del castillo de acceso gratuito. La mayor parte de la gente también deambulaba por los patios y casi no había fila para comprar entradas.
Cuando estábamos por salir tuvimos la oportunidad de ver el cambio de guardia en la salida del castillo, sin siquiera haberlo planeado.
Creo que la parte más linda del complejo fue justamente la salida, ya que tenía una buena vista del río Moldava y de los edificios que estaban al otro lado del mismo.



Caminando unos metros más llegamos al Puente Mánesuv desde donde se veía muy bien el Puente de Carlos. Seguimos caminando varias cuadras, sin rumbo, hasta volver a las inmediaciones de la calle Nerudova, donde terminamos sentados en una escalinata, justo enfrente de la calle ascendente que conducía al castillo.
Nada mejor que sentarse un rato a descansar y comer algo. Ese día estábamos un poco más preparados que el anterior y habíamos llevado sándwiches. Así que sin mucho apuro almorzamos viendo la gente pasar.
La caminata prosiguió a la tarde, pasando por la Plaza de Loreto, con la iglesia homónima, que tenía muchas estatuas de ángeles en el atrio.
Seguimos ascendiendo por otras calles hasta llegar a lo alto de la colina de Petrín, un gran parque. La vista desde ahí es espectacular! Tenía varios senderos por los que se podía subir, bajar y atravesarlo. En lo alto del parque había un sector con bancos de plaza, muy apropiados para sentarse a ver la vista panorámica y disfrutar del espacio verde, luego de estar rodeados de tanto cemento. No quepa duda, que ahí nos sentamos un rato.



En este parque también había una torre de hierro, que una guía turística que leí decía que era similar a la torre Eiffel (creo que estaba fumado el que escribió tal cosa), que cumplía la función de mirador, y sospecho que por la altura que tenía, las vistas debían ser increíbles. No llegamos tan lejos; por lo que habíamos leído sólo abría los fines de semana.

Entre las cosas a visitar en este parque tenía anotado un monumento a las víctimas del comunismo que había visto en una foto de una amiga; no tenía idea en que parte del parque podía estar. Así que lo buscamos, sin demasiado esfuerzo, pero no lo encontramos. Emprendimos la caminata por el sendero que descendía, descubriendo el Muro del Hambre, que según cuenta la historia fue construido por los pobres de la ciudad por orden de Carlos IV. Si no queremos ver algo, mejor pongámoslo del otro lado del muro, cualquier similitud con el sketch de Micky Vainilla es pura coincidencia.
Decidimos volver bordeando el parque hacia la ciudad nueva. Y ahí, justo cuando estábamos por volver a la era moderna, apareció el monumento que habíamos buscando previamente: una escalinata de unos 10 escalones con una figura humana que se iba desdibujando a medida que la escalera ascendía.



Merendamos en un fast food, e hicimos una visita al supermercado, antes de volver al hotel. El supermercado, como en cualquier ciudad extranjera, una experiencia en sí mismo. Recorrimos cada una de sus góndolas viendo que cosas raras vendían. Hubiésemos querido estar un rato más ahí, pero nos apuramos porque antes de entrar habíamos visto que el cielo estaba bastante oscuro; se acercaba la lluvia. Compramos jamón, queso, salame, maní, pan, papas fritas con paprika, y una cerveza, que serían nuestra cena. Habíamos decidido no visitar ningún lugar “tipically czech” esa noche.

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