miércoles, 1 de enero de 2014

24 horas en Brujas

By Seba

Rápido desayuno parisino en Gare de Nord, subir al tren, transbordo en Bruselas, llegada a Brujas. Era el mediodía del viernes 16 de julio de 2010, y yo estaba arrastrando la valija por las empedradas calles del centro de Brugge, bajo una molesta garúa.
A diferencia de lo que solía hacer cada vez que visitaba una ciudad, mi investigación sobre la misma había sido nula. Sólo tenía un mapa para ubicar mi hostel, y el plan era perderme en las calles sin destino cierto por las próximas 24 horas.

El diseño irregular de sus calles, que se cruzan con canales que surcan la ciudad, es ideal para caminar de manera errante. Brujas, o al menos su centro histórico, es bastante compacta, así que luego de dar vueltas por un par de horas sentía que la había recorrido por completo. Pero de  todas maneras es muy placentero seguir descubriendo todos los rincones de una ciudad con personalidad propia y una atmósfera muy agradable.

Canales de Brujas

Markt y Burg son las plazas centrales, y las que congregan a la mayor cantidad de turistas. La primera se caracteriza por sus locales típicos con techos llenos de ángulos rectos, los carruajes y la silueta del Belfry, la torre de 83 metros de altura que data del siglo XIII. La segunda tiene muchos edificios administrativos de gran belleza, con diferentes estilos arquitectónicos.

Edificios de la plaza Markt

Belfry
Hay varias calles comerciales en las que abundan tiendas de venta de chocolates de distintas formas y sabores (no podían faltar las representaciones fálicas). Sobran también los locales de souvenirs y los puestos de comida, donde se pueden saborear desde salchichas de estilo alemán hasta creppes dulces.

Bélgica en general y Brujas en particular tienen una gran tradición cervecera, y la densidad de pubs debe ser una de las más altas del mundo. Recetas heredadas de los monjes medievales se replican hasta hoy, dando lugar a cervezas intensas en aroma y sabor. Una recorrida nocturna por los bares es algo imperdible, aunque luego resulte muy sencillo perderse en el regreso al hostel…

La mañana siguiente el tiempo había mejorado sensiblemente, así que volví a hacer una recorrida por los mismos lugares del día anterior, pero con una luz natural diferente. Más paseos por los canales, los callejones, algunas iglesias y varios supermercados, sin dejar de comprar los souvenirs que faltaban. Aproveché la tranquilidad de la mañana (aún no había llegado los turistas que visitan Brujas por menos de un día) para subir al Belfry (muuuchos escalones) y  tener una vista privilegiada de los techos rojizos de las construcciones que rodeaban a una casi desierta Markt. Luego sólo me quedó tiempo para volver al hostel a buscar la valija.

Basilica de Heylig Bloed desde lo alto del Belfry

En definitiva, Brujas es ideal para hacer por unas horas un viaje al pasado, o a un cuento fantástico, y disfrutar de algo realmente diferente, de una pequeña joya en medio de Europa.


Rápido almuerzo en la estación de tren, transbordo en Bruselas, cruzar el Canal de la Mancha, llegar a St Pancras, deambular  por Londres, metro hasta Heathrow, avión hasta Buenos Aires, final del viaje.

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