martes, 21 de enero de 2014

Fin de semana en Chascomús

By Sole
Abril 2013

Medio día de viernes de abril.
Autopista Buenos Aires- La Plata.
Ruta 2.
Km 113: primera parada en “El Repollo” para comprar mojarritas.
Km 113,5: segunda parada en Atalaya para comprar las míticas medialunas.
Km 114: primer acceso a Chascomús. Ruta interna. Fuimos derecho hasta el segundo semáforo, donde giramos a la derecha en la Av. Pedro Escribano. Derecho, derecho hasta la laguna. De nuevo a la derecha, bordeando la laguna por unos 6 km, hasta el barrio Loma Alta. En la entrada/ calle 1 volvimos a girar a la derecha, y avanzamos unos 300 metros por un camino de tierra hasta las cabañas. Felizmente habíamos llegado a “Los Robles Rojos”, un complejo de 3 cabañas de 2 plantas, muy bien puestas.

Teníamos la tarde por delante! Volvimos al auto, y seguimos bordeando la laguna en sentido anti-horario en busca de un lugar para pescar. Habremos recorrido entre 8 y 10 km antes de dar con “nuestro lugar”.  Más allá de la presencia o no de juncos y playita, fue importante ver para donde soplaba el viento. No queríamos (a decir verdad, Seba no quería) tirar la línea y en menos de un minuto tenerla nuevamente en la costa. Siguiendo estos lineamientos, nos instalamos en una zona sin juncos, con el viento de espaldas, el cual casi no sentimos porque teníamos una pequeña barranca detrás. Colocamos las sillas, y preparé el mate mientras Seba armaba su caña de pejerrey.
Los primeros 20 minutos transcurrieron entre mates y medialunas. Sinceramente, Atalaya me decepcionó. Por todos los comentarios que había escuchado de esas medialunas, tenía expectativas muy altas. Defensores de Atalaya, les recomiendo probar las medialunas de confitería “Boston” de Mar del Plata y las de “Guber” en Buenos Aires… veremos quien gana!

Tras la merienda, vino una seguidilla de piques! En total 2 bagres y 7 pejerreyes de entre 15 y 25 cm de largo, hicieron a la felicidad del pescador. A medida que fueron saliendo fueron devueltos a la laguna, para que sigan vivos, crezcan y en un futuro incierto sean pescados por otros pescadores, tal vez regresando nuevamente al agua o tal vez pasando a formar parte de un apetitoso plato.



Fue una linda tarde de pesca, con algo de sol y algunas nubes, con momentos de bastante calor. Satisfechos, cerca de las 18 hs regresamos al auto, el cual se encontraba  dentro de una espesa nube de mosquitos, de la que salimos casi ilesos.
Dimos una vuelta por el pueblo, donde compramos algunos víveres, y mirando el atardecer regresamos a la cabaña.

Atardecer en la laguna de Chascomús

Fiel a la tradición de los viernes, amasé la pizza, que a falta de horno Seba cocinó en la parrilla. Mientras se cocinaba, hicimos la clásica picada: papas fritas, palitos y maní. Yummy!

Al día siguiente nos despertamos un rato antes de las 8:00 hs. Acostumbrados a la rutina de madrugar, imposible despertarnos más tarde! Incursionamos un desayuno, y preparamos el mate. Con el termo bajo el brazo, cual uruguayos, fuimos caminando hacia la laguna.
Ya había varios autos aparcados en la orilla, con gente pescando. En los metros que caminamos no vimos pescado alguno; tal vez el viento no favorecía a los pescadores. En el camino juntamos ramitas para ayuda a encender el fuego del asado; el carbón “El Quebrachal” que habíamos comprado, era muy malo!

Agarramos el auto y recorrimos los 6 km hacia el pueblo, tratando de no pisar a los numerosos ciclistas que había salido a ejercitarse. Estacionamos frente al muelle de pescadores. La simpleza define a ese muelle: mucho cemento, algunas barandas y faroles. Había varias personas sentadas con sus cañas, pero no parecía que hubiese pique.
Fue ahí donde conocimos al cánido callejero blanco y marrón que nos acompaño durante parte del recorrido, que Seba bautizó Walter Nelson, por su “cara de contento”, en referencia a la frase “estas contento Walter Nelson?”.



Luego del muelle, nos dispusimos a recorrer el pueblo, lo que incluyó:
Parque de los Libres del Sur: es un gran espacio verde ubicado entre la ribera de la laguna y el Museo pampeano, con gran variedad de árboles, asientos de cemento, esculturas, algunos cañones y muchos mosquitos!

Plaza Independencia: como todo pueblo, tiene una plaza que marcó los orígenes y desarrollo del mismo. Chascomus no es la excepción, y la plaza Independencia fue el lugar de fundación en 1779. Un pueblo más antiguo de lo que yo pensaba! Sin embargo, el trazado de sus canteros y el aspecto de plaza propiamente dicha es de principios del 1900. Es una plaza tranquila y pintoresca, que al momento de nuestra visita tenía varios árboles con flores rosa- violáceas.

El palacio municipal: construido en 1941, frente a la Plaza Independencia, reemplazó a un edificio colonial de aspecto similar al cabildo que ocupaba ese mismo espacio. Su edificación parece haber sido controvertida, adquiriendo el nombre de “la torta de bodas” por parte de quienes estaban en contra del proyecto.

Iglesia Catedral Nuestra Señora de la Merced, Banco de la Nación Argentina, Teatro Brazzola, Casa de Casco: los edificios históricos que rodean la plaza principal. Tal vez soy injusta, pero por mi parte ninguno merece una mención especial, sólo pasamos frente a ellos y vimos sus fachadas.

Plaza Independencia con la Catedral

Museo Pampeano: no hemos entrado, pero si recorrimos sus jardines. Vale la pena ver el exterior del edifico de aspecto colonial, réplica de una Casa de Postas (establecimientos donde se realizaban la toma y cambio de caballerías y asignación de postillones para los correos, viajeros o ganado), así como también las esculturas, cañones y carruajes que lo rodean.

Reloj de los Italianos: ubicado en la avenida Lastra, imposible no verlo. Es un regalo de agradecimiento de los inmigrantes italianos al pueblo donde encontraron una oportunidad para vivir y desarrollarse.

También hicimos una parada en el monumento al ex-presidente Ricardo Alfonsín, el ciudadano más conocido de Chascomús.

Y obviamente, no pudimos dejar de pasar por la estación de tren! Un must! en todos los pueblos que visitamos! Fundada en 1865, aún se encuentra en funcionamiento, y conserva su aspecto colonial. Vale la pena tomarse una foto ahí!



Al medio día, asadito by Seba, y durante la tarde, paseo por la costanera y nuevamente pesca con las mojarritas que aún sobrevivían. Si bien salieron un par de pequeños pejerreyes, la pesca no fue tan fructífera como la del día previo, pero estuvo bastante bien, si tenemos en cuenta que los otros pescadores apenas tenían pique.

Si bien cerca de la laguna había varias opciones interesantes de restaurantes y confiterías, con muy buen aspecto, esa noche decidimos quedarnos en la cabaña; estaba anunciado lluvia. El agua no se hizo esperar y nos acompaño durante toda la noche… cuando nos levantamos a la mañana había bastante barro mojado en las calles vecinas… algunas formaban verdaderas piletitas!!! Hicimos una última caminata hacia la laguna, tratando de nos resbalar ni sumergir las zapatillas en el fango.


La salida final en auto no fue de lo más divertida!!! Las ruedas se llenaron de barro, y hubo momentos en que las traseras no respondían y tendían a irse hacia el costado. No llegamos a quedar empantanados, pero Seba tuvo que bajar y con ayuda de alguna piedra y cerámicos de una obra en construcción, desprender el barro adherido para facilitar la marcha! Es algo que deberían mejorar en esa zona si la quieren explotar con turismo; no todos tenemos una 4x4 o una F100 para transitar por ahí!

Chascomús, una opción interesante cerca de Buenos Aires, tanto para quienes gusten de la tranquilidad y las actividades al aire libre en la laguna y alrededores, como para aquellos que gusten de una salida con historia y buena comida.

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