sábado, 10 de junio de 2017

Mi Buenos Aires querido (Parte II)

By Sole

Tomamos la avenida Brasil y nos desviamos hacia Puerto Madero. En este caso puedo decir con orgullo que no es la primera vez que visito el lugar. Les recomiendo bajar en algunas de las paradas que tiene el bus en la zona y caminar un rato por este barrio en constante expansión. Su nombre hace alusión a lo que funcionó en ese sitio a fines del siglo IX (un puerto) y a quien fue el que propuso el proyecto (Eduardo Madero). La corrupción y las injusticias no son novedad en la Argentina... aparentemente el proyecto de este hombre compitió con el del Ingeniero Huergo ganando el que tenía más contacto con el poder: el Sr Madero. Se llevó a cabo la monumental obra que duró unos 10 años e incluyó el relleno de parte de la costa del Río de la Plata con tierra y tosca generando una gran isla artificial separada de la ciudad por cuatro diques y dos dársenas para el acceso de barcos. El tiempo que tardó en construirse fue equivalente al que estuvo en uso… estos genios no habían previsto que al lugar llegasen buques de mayor tamaño! El nuevo puerto ya no era útil, así que tuvieron que recurrir al viejo y archivado proyecto de Huergo construyendo el actual puerto. El lugar quedó abandonado, deteriorándose con el paso de las décadas hasta que alrededor de 1990 se decidió reciclarlo transformándolo poco a poco en lo que conocemos hoy en día con hoteles, edificios lujosos y restaurantes.

Puerto Madero I

Puerto Madero II


Puerto Madero II

Más allá de ser un lugar lindo para caminar un rato o sentarse a tomar algo, ofrece la posibilidad de visitar la ya "jubilada" Fragata Sarmiento o ser el punto de partida para una silenciosa recorrida por la Reserva Ecológica.

Fragata Sarmiento

Cuando estamos por salir del barrio, me llama la atención un edificio moderno con una curiosa escultura en su exterior... y eso? Se trata del museo de la Fundación Fortabat. Lo dejo anotado en mi lista de lugares a visitar en el futuro, su colección de obras de autores nacionales e internacionales es muy prometedora!

Museo de la Fundación Fortabat

Dejamos atrás Puerto Madero y tomamos la avenida Córdoba haciendo una parada en Galerías Pacífico. Este centro comercial es mucho más que una colección de locales de las marcas más conocidas y stands de comida. Su elegante edificio con las bóvedas de vidrio y su gran y bella cúpula central con murales de los reconocidos pintores argentinos Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino merecen una visita; no en vano fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1989.

Galerías Pacífico

Galerías Pacífico cúpula central
Galerías Pacífico Bóveda Vidriada

Por qué no completar el recorrido de la zona caminando unas cuadras por la más famosa peatonal de Buenos Aires? Florida una calle que nunca descansa, con ritmo propio en la que convive su habitual fauna compuesta de una marea humana que se mueve incesantemente en diferentes direcciones, “arbolitos” (personajes que cambian dinero en forma ilegal y curiosamente la ley nunca los ve) que repiten como loros “Cambio, cambio, cambio”, vendedores de productos de cuero reconocibles por sus gritos de “cuero, leather, couro” que intentan atraer a los extranjeros, y los artistas callejeros que ofrecen sus shows de tango o pegadizas baladas.

Volvemos al micro y vamos rumbo a Retiro… imposible no dedicarle unas miradas a la Torre Monumental, más conocida por su viejo nombre como Torre de los Ingleses. Les recomiendo que saquen las fotos que puedan desde el micro sin bajar ya que suele ser un lugar bastante peligroso.

Seguimos por avenida Figueroa Alcorta donde rápidamente identifico lugares que me son sumamente familiares. El puente peatonal que conecta el Parque Rubén Dario con la Facultad de Derecho me saca una sonrisa al recordar las veces que lo cruce corriendo mientras entrenaba; cuantas horas de calor y frío gastando las zapatillas en esas manzanas para correr con dignidad un par de carreras de 21 Km.

Justo frente a “mi plaza” se encuentra uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad: la Floralis Generica. Muchas veces nos hemos sentado en la Plaza de la Naciones Unidas a tomar mate viendo la constante circulación de turistas de todas las nacionalidades que hacen una parada para ver la gran escultura metálica con forma de flor. Más allá de su atractivo estético tiene un sistema eléctrico que abre y cierra los pétalos dependiendo de la hora del día y la presencia de fuertes vientos. Teóricamente este mecanismo estuvo dañado durante varios años, pero hace un par fue restaurado… nunca pude presenciar algún movimiento de los grandes pétalos de acero inoxidable; siempre la he visto abierta. 

Floralis Generica

Sabiendo que el micro va a regresar por la avenida Del Libertador, a pocos metros de esta atracción, continuo viaje dejando la visita a la zona para más tarde.

Siguiendo por Figueroa Alcorta pasamos por el museo MALBA, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Cuenta con una interesante colección de pinturas y esculturas de artistas latinoamericanos, si están con tiempo e interesados en el tema hay justo una parada para ustedes. Yo sigo de largo, ya lo he visitado una vez y no pondría entre los “must” a visitar en la ciudad.

Continuamos hacia Palermo, más particularmente lo que se conoce como “Palermo Soho”. Si justo están en la zona al mediodía lo mejor que pueden hacer es bajar y recorrer el barrio famoso por sus restaurantes y locales con productos de diseño. No faltan los locales de comida para todos los gustos, incluyendo encantadoras cafeterías y patisseries que ofrecen sándwiches y “brunchs”, hamburgueserías gourmet, cervecerías artesanales, parrillas o comida étnica (india, brasilera, mexicana).

En vez de caminar unas cuadras y quedarme en casa, decido continuar viaje ya que aún me quedan varios lugares para visitar. Qué lindo es ver cómo está mejorando la zona de las ex bodegas Giol aledañas a las vías del ferrocarril San Martín… pasamos por el Polo Científico Tecnológico que alberga al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva con un lindo parque con juegos para niños, y unos metros más adelante por el mall Distrito Arcos con locales de primeras marcas y un patio abierto para sentarse a tomar algo al sol.

Esquivando el caos de tránsito tan típico de la zona volvemos a los Bosques de Palermo, ese gran pulmón verde escenario de tantos entrenamientos, carreras y mañanas de mates con bizcochitos. Más allá de ser un espacio que disfrutamos mucho los que vivimos en Buenos Aires tiene un par de lugares que podrían resultar atractivos a los turistas como al Paseo Marcela Iglesias –ex Paseo de la Infanta- que ofrece una interesante oferta gastronómica, el Hipódromo de Palermo y el curioso edificio del Planetario.

Bosques de Palermo

En los bosques se puede hace el trasbordo a otro bus que recorre la zona norte de la ciudad (recorrido verde). Mirando el folleto, les cuento que entre los puntos más interesantes del recorrido están El Monumental (el estadio con mayor capacidad de Argentina perteneciente al Club River Plate –el archienemigo de Boca Juniors-) y el Barrio Chino ubicado en el barrio de Belgrano que se extiende principalmente por la calle Arribeños. Justo en la intersección con la calle Juramento se encuentra el imponente arco con los infaltables Leones de Buddha, que da acceso a una calle peatonal donde se encuentran varios supermercados con una interesantísima variedad de productos y principalmente restaurantes chinos (también hay algunos de comida japonesa y tailandesa). Es otra de las opciones interesantes para hacer una parada de almuerzo.

Dejemos el folleto de lado y volvamos a Palermo. Pasamos junto al Monumento de los Españoles, emplazado en el cruce de las avenidas Sarmiento y Del Libertador, y avanzamos por esta última haciendo la siguiente parada a pocos metros del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).

Monumento de los Españoles

Este museo y el barrio de Recoleta merecen sin duda una visita. Si bien entré varias veces el MNBA, decido hacerlo una vez más; cada vez descubro algo que la vez anterior había paso por alto. Fundado en 1896 en el edificio donde actualmente están las Galerías Pacífico, fue trasladado a Recoleta en 1932. Como curiosidad les cuento algo que descubrí  hace poco visitando el Palacio del Agua (un lugar por el que no pasa el Bus Turístico pero que es super interesante)… el edificio el museo era la Casa de Bombas de Recoleta, el lugar donde se purificaba el agua proveniente del Río de la Plata que luego era distribuida a los vecinos. Luego de ser re-adaptado por el arquitecto Alejandro Bustillo (no hay lugar que visitemos en los que Bustillo y Thays no hayan tenido intervención en los diseños) pasó a ser el hogar permanente de una diversa colección de pinturas de artistas nacionales y extranjeros, y exposiciones transitorias. Aunque los que más suelen llamar la atención son los clásicos como Goya, Renoir, Rodin, Manet o Toulouse-Lautrec, a mí particularmente me cautivan los detallados cuadros de Cándido López sobre la guerra del Paraguay. Me encanta pararme frente a ellos y buscar los diminutos personajes plasmados en óleo en esos lienzos. Otro punto a favor: la entrada es gratuita!!!

Vuelvo a cruzar la avenida del Libertador dirigiéndome hacia Plaza Francia. Al ser día de semana apenas hay algún que otro puesto de artesanos; de haber sido fin de semana la escena hubiese sido bastante diferente con una gran oferta de productos. Paso de largo el Buenos Aires Design con sus restaurantes y locales de diseño, y enfilo directamente hacia el Cementerio de la Recoleta.

Al igual de lo que sucede en Praga, Paris o Washington, nadie mira con malos ojos que un lugar sagrado como suele un cementerio sea una atracción turística más. Este camposanto es sin dudas uno de los must de cualquier persona que visita Buenos Aires. He entrado numerosas veces con o sin cámara de fotos, lo he recorrido por mi cuenta y con guía (hay muy buenas visitas guiadas gratuitas en español) y nunca deja de sorprenderme con esculturas, inscripciones e historias detrás de ellas.

Cementerio de la Recoleta

Seguimos viaje??? Aún nos queda otro de los platos fuertes!!! Nuestra siguiente parada es el Teatro Colón, una casa de arte que no tiene nada que envidiarle a las más renombradas mundialmente incluida la ópera de Viena. Si están con tiempo les recomiendo hacer una visita guiada (entre las 11 y las 17 horas parten cada 15 minutos).

Teatro Colón

Subo al micro por última vez y me vuelvo a poner los auriculares de la audioguía para no perder detalle de los últimos minutos del paseo. Pasamos junto al obelisco emplazado en la Plaza de las República en medio de la avenida 9 de Julio. Es uno de los monumentos más icónicos de Buenos Aires, imposible que pase desapercibido con sus más de 67 metros. 

Cuando me quiero dar cuenta estamos de nuevo en la avenida Roque Saenz Peña a pocos metros de la parada final del bus, y vuelvo a la realidad… tengo que volver a casa a preparar la cena. Mientras camino hacia la estación de subte siento la satisfacción de haber descubierto esos rincones tan especiales que siempre había pasado por alto, y haber sido durante varias horas una turista en mi propia ciudad.

domingo, 4 de junio de 2017

Mi Buenos Aires querido (Parte I)

By Sole

Muchas veces no nos damos cuenta de todas las cosas lindas e interesantes que tiene la ciudad que habitamos. Solemos atravesarla de punta a punta para ir a estudiar, a trabajar, casi siempre pendientes del horario y las responsabilidad diarias, sin siquiera prestarle atención. Tengo que reconocer que me ha pasado y hasta hace un tiempito no conocía varios de los lugares más icónicos de Buenos Aires. Así que me dije, no puede ser que no conozca la mismísima ciudad en la que he vivido toda mi vida, y en pos de cambiar esto comencé a recorrerla con otros ojos, sin el peso de la rutina como si fuese un turista más.

Una buena manera de acceder a casi todos los remotos lugares que merecen ser visitados es usando el “Buenos Aires Bus”, ese micro amarillo descapotable que solemos ver por la city porteña. Aprovechando el precio diferencial que tiene para los habitantes de la ciudad de Buenos Aires compré un pasaje y me fui de paseo!

Partimos de la parada de Florida, la peatonal más famosa de Buenos Aires. Un par de cuadras más adelante nos encontramos con el Cabildo, la Catedral Metropolitana y la plaza de Mayo, testigo de varios momentos fundamentales de la historia. Rodeamos la plaza y aparece la Casa de Gobierno, con su característico color rosado- la leyenda más difundida es que originalmente se obtuvo esa tonalidad combinando cal con sangre-. Hemos evolucionado y actualmente nadie pone en duda que se usa pintura rosa!



El Cabildo... qué difícil es sacar fotos desde el micro!!!

Plaza de Mayo con Casa Rosada atrás

Bordeamos la Casa Rosada, pasamos junto a la estatua de Juana Azurduy que tanto conflicto trajo en su momento y cuyo montaje aportó unos cuantos billetes de origen turbio a los bolsillos de varios, y tomamos la avenida de Mayo.

Podríamos poner esta avenida en cualquier capital Europea y no desentonaría. Los elegantes edificios de estilo europeo se resisten –algunos de mejor manera y otros no tanto- al deterioro producto del paso de los años. A sus lados las entradas al subte A –el primero que hubo en el hemisferio sur-, el teatro Avenida, el Palacio Barolo y el tradicional café “36 Billares” –donde una vez merendamos con Seba y tras estar cerrado durante un buen tiempo felizmente volvió a levantar sus persianas - merecen una especial mención.


Palacio Barolo

Al final de la avenida las plazas Lorea y Mariano Moreno, terminando en el Palacio del Congreso de la Nación. Imponente, con su cúpula que alcanza los 80 metros de altura y las múltiples esculturas, no pasa desapercibido… salvo que uno se encuentre con una de las tantas manifestaciones populares que tienen lugar en su puerta la cual pasa ser el centro de atención. Este es uno de los lugares en el que tomaría más recaudos de seguridad, y en el que personalmente no me atrevo a sacar una cámara de fotos; la plaza que está frente al congreso suele ser una guarida para el malandraje.


Palacio del Congreso de la Nación

Ya en la avenida Rivadavia y Rincón nos encontramos con el tradicional “Café de los angelitos”. Inaugurado en el año 1890, fue uno de los cafetines más representativos de la ciudad hasta que en el año 1992 producto de las crisis económicas cerró sus puertas. Abandonado hasta el año 2006, fue reconstruido y reinaugurado en el 2007 con un servicio más orientado al turismo que hasta incluye shows de tango. Para los que deseen tomar un café, justo frente al mismo está una de las paradas del Bus así que pueden bajar y retomar el viaje más tarde.

Si no quieren café, seguimos viaje! Tomamos la avenida Belgrano con todas sus mueblerías, detalle tal vez más importante para los que vivimos acá y no para los que vienen de paseo que difícilmente se lleven un sillón de souvenir. A lo largo de esta calle podemos ver el Departamento Central de Policía, la Iglesia Nuestra Señora de Monserrat –que le dio el nombre al barrio-, y el Convento de Santo Domingo con la Basílica de Nuestra Señora del Rosario cuyo atrio alberga los restos del general Manuel Belgrano.


Basílica de Nuestra Señora del Rosario

Giramos luego en la av. Paseo Colón, pasando junto al majestuoso edificio de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. A la altura de la avenida Independencia hay otra parada del Bus para quienes deseen echar un vistazo al bohemio San Telmo con sus calles adoquinadas, bares y tiendas de antigüedades. Si recorren el barrio no dejen de buscar “la Casa Mínima” (Pasaje San Lorenzo 380) –la más angosta de la Ciudad de Buenos Aires con una fachada de sólo 2,2 metros-. Durante los fines de semana suele ser un lugar muy concurrido tanto por locales como extranjeros que se agolpan en los alrededores de la plaza Dorrego.


Facultad de Ingeniería de la UBA

Casa Mínima

Me bajo del micro y decido dar una vuelta aprovechando que al ser día de semana hay menos gente. Caminando por sus calles, casi sin querer me encuentro con el mercado de San Telmo, un gran espacio techado con salidas a las calles Defensa y Carlos Calvo en que conviven las antigüedades con las frutas y verduras, y el aroma de un cafecito recién preparado.


Mercado de San Telmo

Me pierdo entre los puestos de antigüedades donde la variedad de objetos es más que amplia… discos de vinilo, fotos antiguas, afiches, copia de viejos avisos publicitarios, tazas, ropa usada, tacitas, platos y bandejas ornamentados con flores pintadas, sifones de vidrio, pingüinos para el vino, botellas y latas de gaseosas vacías, botones, bolitas, balanzas, pagarés, muñecas, carreolas, adornos, secadores de cabello como el de abuela, teléfonos, pies de máquinas de coser Zinger y planchas de hierro dicen presente!!! 

Evidentemente no tengo genes de comerciante ni visión de negocios; recuerdo haber sacado a la calle, versiones similares a muchas de las cosas que están expuestas a la venta. No puedo evitar el pensamiento de la historia que debe existir detrás de cada pieza… quién sabe cuántas personas han comido en esos platos, cuántas personas han bailado al ritmo de la música de esos discos o cuantas pavadas se han dicho luego de beber el tinto de esos pingüinos!!!

Luego de este viaje en el tiempo, vuelvo a tomar el micro amarillo. Sigue por Paseo Colón hasta la avenida Brasil donde se mete en lugares inexplorados, pasando junto a la subida de la autopista Buenos Aires- La Plata, la que conecta la capital del país con la capital de la provincia de Buenos Aires. Todo este desvío es para ir a la “Usina del arte”, un edificio que albergó inicialmente a la “Compañía Italo Argentina de Electricidad” pasando luego a ser propiedad de SEGBA, EDESUR y ACINDAR –está última la desmanteló por los costos que generaba y vendió sus componentes- siendo posteriormente adquirido por el gobierno de la Ciudad. Actualmente se desarrollan en el lugar distintas actividades culturales con variados espectáculos y exposiciones. Los sábados, domingos y feriados se hacen visitas guiadas entre las 14 y 17 hs.


Usina del Arte

Continuamos viaje y tomamos la calle Brandsen adentrándonos en el barrio de La Boca. De a poco las casas de material se van mezclando con las de paredes de chapa, típicas de los conventillos de la zona. Pasamos por la puerta del cuartel de Bomberos de La Boca, cuya fundación en 1884 fue motivada por un incendio ocurrido ese año en las precarias viviendas de la zona.


La Boca I

La Boca II

Unos metros más adelante todo se transforma en azul y amarillo, nos aproximamos a la Bombonera! Justo frente al estadio de Boca está otra de las paradas del Bus. Para los amantes del fútbol está la posibilidad de visitar el “Museo de la Pasión Boquense” y la mismísima cancha. Abre diariamente de 10 a 18 hs.


La Bombonera

Como no me interesa la oferta sigo de largo. El micro da una voltereta y hace una parada de 15 minutos en el bar “El estaño 1880”. Bajamos a estirar un poco las piernas y echar un vistazo al lugar. Almacén de época devenido en bar, conserva un gran mostrador con la más amplia variedad de bebidas que recuerde haber visto. Es una opción más de las que ofrece Buenos Aires para degustar un café, y hacer una parada sanitaria.

Volvemos a meternos entre las precarias casas de madera y chapa, para terminar en Caminito. Conventillos con paredes de chapa pintadas de vivos colores, Quinquela Martin, tango, turismo son las primeras palabras que se me vienen a la mente al recordar esa callejuela de poco más de 100 metros de largo. Sin dudas es uno de los lugares que merecen una breve visita. Desciendo del micro, y por segunda vez en 37 años camino por esta calle, distraída (sin descuidar la cartera ya que es otro de los lugares preferidos de los carteristas), mirando los cuadros expuestos para la venta. No puedo evitar entrar en un par de negocios de souvenires donde venden llaveros e imanes con imágenes de Buenos Aires, parejas de bailarines de tango, y carteles pintados con la técnica del fileteado porteño; compro uno que tiene pintada la palabra “Cocina”. Los cafés y restaurantes del lugar son demasiado turísticos para mi gusto, así que sigo de largo. Antes de volver al micro caminos unos metros más hasta el Riachuelo para sacar una de las clásicas fotos de la Boca con los puentes de hierro (Puentes viejo y nuevo Nicolás Avellaneda) que conectan con la vecina localidad de Avellanera. Me sorprende la renovada explanada con bancos que baranda mediante me separa de las contaminadas aguas de ese Riachuelo que curiosamente no tienen el pestilente olor que recordaba. Listos para seguir viaje?

Caminito

Puentes Nicolás Avellaneda (nuevo  y viejo)

Ya en el micro nos metemos en Barracas, pasamos por un par de edificios curiosos por su estilo –un arquitecto sabría identificarlo, yo no– que en algún momento funcionaron como fábrica. Me llama particularmente la atención la antigua fábrica de Bizcochos y Fideos Canale.




Una vez más pasamos junto al Parque Lezama, me cuesta sacar una foto decente como quisiera, así que se las debo! Si llegan a hacer el paseo en micro comprobarán que es sumamente difícil sacar fotos desde un vehículo en movimiento que pasa a corta distancia del objetivo a fotografiar.

Tomamos la avenida Brasil y nos desviamos hacia Puerto Madero…

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sábado, 27 de mayo de 2017

72 horas en CDMX (Parte III) Más al Sur, Coyoacán y San Ángel.

By Seba

Alejándose del centro de la ciudad hacia el sur se llega a dos distritos que vale la pena visitar, y que en su momento eran pueblos coloniales separados de la capital: Coyoacán y San Ángel.
Los dos barrios son bastante tranquilos, con calles adoquinadas y plazas en las que buscar sombra y ver pasar a la gente.


Coyoacán: 

A Coyoacán se puede llegar en Metro, descendiendo en la estación homónima. Sin embargo, es recomendable seguir una estación más hasta Viveros, y entrar al barrio rodeando al parque, y empalmando con la calle Francisco Sosa. Así nos vamos a encontrar con la capilla de Santa Catarina, y vamos a llegar directamente al epicentro del barrio, el Jardín Centenario.

En esta plaza pública bien arbolada se encuentra la fuente de los Coyotes, que le dan identidad al barrio. Hay muchos lugares para comer y tomar algo en los alrededores; yo me incliné en su momento por almorzar unos tacos y tomar algo en una sucursal de La Cervecería de Barrio. 

Fuente de los Coyotes

Cervecería de Barrio

Al atravesar el Jardín, que ocupa una manzana, se puede empezar a apreciar la silueta de la Parroquia de San Juan Bautista, un templo bellísimo y con mucha historia en su interior (y de acceso gratuito!)

San Juan Bautista


A pocos metros del lugar se observa un edificio bajo, de aspecto colonial y paredes amarillas, en el que flamea una bandera mexicana: actualmente es una delegación municipal, pero se lo conoce como Casa de Cortés ya que el mito cuenta que en esa zona se estableció el conquistador español antes de emprender su avanzada sobre Tenochtitlán. 

Para terminar mi recorrida por el barrio y empaparme un poco de la vida de los locales, me metí en un mercado cercano de frutas, verduras y carnes; es muy interesante ver productos que sólo conozco de nombre, o ver de cerca la gran cantidad de pimientos y chiles que se consumen en México!

Chiles, a ver quién se atreve...

A unas pocas cuadras del lugar, en la esquina de Allende y Londres, se encuentra un atractivo turístico no sólo de Coyoacán, sino de todo CDMX: el Museo de Frida Kahlo, ubicado en una casa en la que la gran pintora mexicana convivió con Diego Rivera. Acá se deja de lado la tranquilidad de las calles del barrio y se vuelve a la multitud de turistas… tuve que hacer casi una hora de cola para poder entrar (a pesar que la entrada no es nada barata… 130 pesos mexicanos en día de semana, 150 para fines de semana, unos 8 dólares). A pesar que se pueden comprar tickets online, la organización no es lo más eficaz…



El interior de la casa azul es interesante, se va pasando de una habitación a la otra viendo objetos personales de esta artista y detalles de su obra. Es una buena introducción a su universo de pensamiento a través de sus frases y sus ambientes, aunque la magia se pierde un poco por los empujones del gentío y por los poco amables empleados del lugar que se la pasan recordándote que si quieres sacar fotos tienes que pagar un extra de 60 pesos… Si lo comparamos con lo bien organizado y explicado que estaba la visita a las casas de Neruda en Chile, esto queda unos cuantos escalones por debajo.

Después de describir lo malo del lugar, destaquemos lo mejor: la cocina original de la casa, con un sistema de cocción a leña; la habitación donde Frida pintaba en silla de ruedas luego de su accidente, y su cuarto dormitorio, con la foto de líderes del pensamiento socialista-comunista (recordemos el affaire de Frida con Leon Trotsky…)

Cocina de Frida

Atelier de Frida

San Ángel

Me tomé el Metrobus de la Avenida Insurgentes hasta las cercanías de San Ángel, tardé unos 20 minutos, ya que era la mañana del sábado.

La actividad del barrio gira en torno a la Plaza San Jacinto, donde los fines de semana se congregan artistas que venden pinturas muy coloridas con diversos estilos, algunos más abstractos y otros algo tradicionales. Más allá de los vendedores ambulantes, hay muchos puestos de artesanías, con artículos en cerámica, mimbre y chucherías varias.
Si se llega a la hora del almuerzo, hay varias opciones de café y restaurantes, aunque bastante orientadas al turismo. 

Plaza San Jacinto
Caminando por las empedradas calles ya de regreso hacia la avenida, me detuve en el ex convento de Nuestra Señora del Carmen que tiene una fachada llamativa por sus dos cúpulas, y aunque esté algo deteriorada por el paso del tiempo vale la pena tomar algunas fotos.

Ya había que volver a Buenos Aires! No va a faltar oportunidad para seguir conociendo a la mayor urbe de América…

martes, 23 de mayo de 2017

72 horas en CDMX (Parte II): Museo Antropológico, Avenida de la Reforma, Colonias Roma y Condesa.

By Seba

Comencé la mañana bien temprano, replicando mi caminata hacia el metro, cruzándome con la gente que iba a su trabajo, y con aquellos que paraban a comer sus tacos bien picantes en puestos callejeros.

Luego de combinar en la estación Tacubaya, tomé la línea 7 hasta Auditorio, y desde allí caminé hasta el Museo de Antropología. Llegué tan rápido que aún no habían abierto, así que di unas vueltas esperando… El Museo está rodeado por el Bosque de Chapultepec, un gran pulmón verde en el centro de la ciudad. Allí hay un castillo en lo alto de una loma, y también se aloja el Museo de Arte Moderno. Pocos minutos antes de las 9, ya estaba en las puertas de mi objetivo, de hecho fui el primer visitante del día…

Como sucede con los grandes museos del mundo, se le puede dedicar varios días… pero no tenía mucho tiempo así que me enfoqué en las salas más populares, que guardan los mayores tesoros. Así que crucé el patio principal y fui directamente a la sala de los Mexicas o Aztecas, en donde la principal atracción es la Piedra del Sol, conocida como el calendario azteca. En esa misma sala hay una reproducción a escala de la ciudad de Tenochtitlán, además de un sinfín de artículos, generalmente estatuillas de piedra, que representan a los dioses y a diferentes facetas de la vida de esta civilización.


Calendario Azteca o Piedra del Sol

Otras salas interesantes que pude recorrer casi en soledad fueron la de los Mayas y la de Teotihuacán. No sólo guardan muchos artefactos de gran valor histórico, sino que tienen replicas o reconstrucciones que ayudan a tener una idea de cómo eran los edificios en sus períodos de mayor apogeo. De todas las reproducciones, sin dudas la más llamativa es la del templo de la Serpiente Emplumada. También hay muchos mapas que explican cronológicamente la evolución geográfica de los distintos pueblos de la América Prehispánica.


Obra del Museo de Antropología I

Obra del Museo de Antropología II

Satisfecho luego de haber visto tantas estatuas, figuras, bajorrelieves y aros del juego de pelota (que se jugaba a vida o muerte, como se tiene que jugar al fútbol, no?), podía seguir mi camino. Creo que ya había visto todas las cosas que aparecían en las fotos de aquellas enciclopedias que me tía abuela Juanita me enviaba desde Madrid cuando era un chiquilín, y que alimentaban mi curiosidad por la historia, la geografía, la antropología y la arqueología.

Saliendo de la zona de Chapultepec, empecé a recorrer la Avenida de la Reforma, que vendría a ser el equivalente a la 9 de Julio de Buenos Aires: altísimas torres vidriadas con oficinas a lo largo de un ancho y arbolado boulevard. En toda su extensión pueden verse obras de arte o al menos imágenes muy icónicas, como la estatua de Diana la cazadora, o el imponente Ángel de la Independencia. Reforma es una de las principales arterias de la capital mexicana, y es casi obligatorio caminar algunas cuadras por ella para sentir el dinamismo del país.


Ángel de la Independencia en Paseo de la Reforma

Un poco hacia el sur de esta avenida hay una serie de barrios residenciales y comerciales que también vale la pena recorrer: Condesa y Roma.

En ambos casos, se trata de lugares con calles más tranquilas y un ritmo no tan frenético, que mezclan grandes casonas con algunas zonas de oficinas. Hay varias plazas donde está bueno sentarse a descansar y ver a la gente pasar, junto con bares, cafés y restaurantes de todo tipo y estilo; en cierto sentido tienen muchas similitudes a lo que puede ser Palermo Soho en Buenos Aires, aunque con menor concentración de bares y tiendas.

Entre los lugares más destacables están la plaza Madrid y la plaza Río de Janeiro en la colonia Roma. La primera tiene una réplica de la estatua de las Cibeles tan propia de la capital española, pero la segunda tiene una réplica del David de Miguel Ángel… aún no le encontré relación con el nombre de la plaza: qué tendrá que ver el artista del renacimiento con las playas cariocas!?!?


Cibeles en plaza Madrid

David, O mais belo do mundo!


Ya en Condesa, es muy agradable caminar por la avenida Tamaulipas, que es un tranquilo boulevard con muchos lugares para sentarse a tomar un café, almorzar o cenar. Cualquiera de los dos barrios es muy atractivo para pasar una tarde sin rumbo fijo y sin apuros.

sábado, 13 de mayo de 2017

72 horas en CDMX (Parte I): El centro histórico

By Seba

Agosto 2016

Por motivos laborales tuve la oportunidad de visitar en más de una oportunidad Ciudad de México y tener algunos momentos libres allí. En estas entradas voy a agrupar por zonas o barrios mis distintas visitas y paseos.

Generalmente me alojo en la zona de colonia Nápoles, ya que la oficina queda walking distance. En mi primera visita, decidí comenzar por la zona del centro histórico, aledaña al Zócalo. Para llegar hasta allí, caminé unas cuantas cuadras por la Avenida Insurgentes Sur hasta la estación de metro Chilpancingo de la línea 9. En Chabacano combiné con la línea 2 hasta la estación Zócalo. Si bien no es muy moderna y las combinaciones no son muy cómodas, la red de metro está bastante extendida y es aceptablemente eficiente (si se evitan las horas pico).

El Zócalo es el nombre popular que recibe la plaza principal de CDMX, la Plaza de la Constitución. Es una de los espacios abiertos más grandes del mundo (junto con la plaza Tiananmen de Beijing) y se encuentra en lo que fue el núcleo de la capital de los aztecas, Tenochtitlán. Al salir de la boca del subte hay dos edificios que se llevan toda la atención: El Palacio Nacional y la Catedral.

El Palacio Nacional fue residencia de los presidentes, y actualmente se utiliza para diferentes tareas estatales. Su construcción original data de la época colonial, aunque se trata de un edificio de carácter algo ecléctico ya que tuvo diferentes etapas de construcción con distintos estilos. Sin embargo, lo más destacable de su visita son los murales del pintor mexicano Diego Rivera, que ilustran toda una galería del primer piso y la escalera.



La visita al Palacio Nacional es gratuita (sólo hay que dejar un documento y mochila en la entrada) y se puede hacer con algún guía que cuente la historia del edificio y explique los murales. Estos están en galerías en un patio rectangular, al que se ingresa luego de traspasar un jardín. Los murales tienen como eje temático la historia de México, desde las costumbres de los pueblos precolombinos hasta los conflictos políticos de principios de siglo XX, pasando por la conquista y la colonia. La ideología de izquierda de Rivera se ve plasmada en sus pinturas, con una mordaz crítica al rol de la iglesia y las clases dominantes en distintos momentos claves del desarrollo del país. Pero también se observa agudeza y sensibilidad para retratar escenas de la vida cotidiana y para reivindicar la grandeza de las civilizaciones Maya y Azteca.



Al salir de allí las posibilidades para seguir paseando son variadas, porque estamos en la zona más pintoresca y con mayor relevancia cultural de la ciudad. Hay muchos edificios de hermosas fachadas que conservan su estilo muy particular -probablemente cercano al barroco hispánico- como el Antiguo Colegio de San Ildefonso, y animadas calles con zonas comerciales muy informales. Decidí perderme un rato por allí hasta que el débil sol de la mañana empezó a ponerse más fuerte; volví hacia la zona del Zócalo a disfrutar de la Catedral Metropolitana. 





La Catedral es verdaderamente imponente. Sigue la línea arquitectónica de la colonia española, con fachadas muy recargadas y solemnes. Su silueta está caracterizada por las dos torres campanario, mientras que en el interior se destaca el altar principal (con ornamentaciones en dorado), y el órgano, de enormes proporciones. Su construcción se inició en el siglo XVI, a pocos años de la conquista, y recién adquirió su fisonomía actual en el siglo XIX, cuando termina de constituirse como la mayor catedral de América.



Saliendo del Zócalo está la calle peatonal Francisco Madero, que nuclea a muchos locales de marcas reconocidas, bancos, restaurantes. Seguí la recomendación de compañeros de trabajo y me fui a almorzar al Café de Tacuba, que no solo ofrece riquísimos platos típicos, sino que guarda una decoración muy particular, con mayólicas y muebles de estilo antiguo, que me hizo acordar a las estaciones del subterráneo de Buenos Aires.



Con las energías repuestas, aproveché para caminar unas cuadras hacia el oeste para ver dos construcciones muy destacables que se encuentran separadas por una calle, como lo son el Palacio Postal y el Palacio de Bellas Artes. Ingresé al primero y fue como hacer un viaje en el tiempo, mientras que del segundo me quedo con su fachada y esa cúpula brillante que cambia de colores según la orientación desde la que se la mire. Cerca de allí hay varios edificios fotogénicos (como la casa de los azulejos) e infinidad de iglesias escondidas. 

Palacio Postal

Cúpula del Palacio de Bellas Artes

En un segundo viaje aproveché para visitar lugares del Centro Histórico que había pasado por alto anteriormente. Comencé por el Museo del Templo Mayor, que se encuentra al lado de la Catedral. El lugar alberga las ruinas del edificio más importante de la ciudad de Tenochtitlán, que estaba coronado por dos pirámides, una para Tláloc (Dios de la lluvia) y otra para Huitzilopochtli, Dios de la Guerra.
Hay que tener mucha imaginación al recorrer las ruinas, ya que sólo quedan los cimientos. Al finalizar el recorrido se ingresa al mueso propiamente dicho, que guarda varios restos arqueológicos. Si bien es un lugar interesante, no es una visita imprescindible, sobre todo si se planea ir al Museo Antropológico que se encuentra en la zona de Chapultepec. 

Museo del Templo Mayor

En este segundo viaje también deambulé por la zona de la Plaza Santo Domingo, que está dominada por la iglesia. Es un lugar ideal para ver la gente pasar y tomarle el pulso al ritmo de vida del DF. Frente a la plaza hay un edificio donde funcionaba la Academia de Medicina, donde hoy funciona un museo gratuito y bastante interesante, que muestra como trabajaban los matasanos tiempo atrás.
Se puede seguir caminando por la Alameda, un parque lindero al Museo de Bellas Antes. No muy lejos de ahí, se puede visitar La Ciudadela (metro Balderas), que es un lugar con muchos puestos de artesanías en donde hay baratijas, souvenirs, y también cosas más elaboradas como platería, cerámicas, textiles. Las cosas tienen precio, aunque se puede regatear para bajar entre un 10% y 20%; lo bueno del lugar es la variedad y que los vendedores no son pesados ni acosadores.

Plaza Santo Domingo

Mercado de la Ciudadela

Toda la recorrida por el centro histórico puede llevar un día entero, dependiendo del interés que se tenga en detenerse en cada atracción. Para los que les gusta dar una mirada rápida a las cosas, van a tener la opción de hacer compras en algunas tiendas departamentales, que en general tienen precios muy competitivos comparados con los de Buenos Aires!

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domingo, 7 de mayo de 2017

La ciudad de los dioses: Teotihuacán

By Seba

Noviembre 2016

Aprovechando el fin de semana que tenía libre en Ciudad de México, me propuse hacer un daytrip prácticamente imprescindible, que es la visita a las pirámides de Teotihuacán.

Bajo un cielo nuevamente nublado, salí bien temprano del hotel para llegar en metro a la estación Autobuses del Norte. Siendo un domingo por la mañana, para mi sorpresa el metro tenía mucha gente.

Sin muchos problemas y tras algunas combinaciones, llegué a la terminal de micros. Allí, cerca de la sala 8 (a la izquierda de la puerta de ingreso) hay un pequeño stand que vende los pasajes ida y vuelta. A mí me costaron 92 pesos, aunque un local me dijo que es lo que le cobran a los turistas, que a los locales les sale un poco menos…

Esperé unos 15 minutos hasta abordar el micro. Había varias filas que iban subiendo a los micros sin mucho criterio. En desgracia me tocó uno sucio y destartalado, con asientos rotos o mojados, que luego de un par de paradas intermedias se llenó de gente, un 90% locales. Aparentemente esta gente no tenía sus facultades térmicas a tope, porque estaban abrigados con camperas y cerraron las ventanillas, a pesar que el micro era un horno, y salía cada vez más calor del motor a medida que aceleraba…

El viaje fue tortuoso pero no muy largo; en poco más de una hora ya estábamos en la puerta 1 del complejo. Luego me di cuenta que otra línea de buses más confortables llega a la puerta 2, tras un breve paso por el pueblo de San Juan Teotihuacán… parece ser que si uno pide el ticket a las pirámides, te mandan en el bus caro y destartalado, pero si pedís al pueblo, vas en el más cómodo.

A unos pocos metros de donde estaciona el micro estaban las boleterías. El ticket salió 65 pesos mexicanos; es más barato para estudiantes o jóvenes, de hecho unos adolescentes mexicanos los dejaron pasar sin pagar. No te dan ningún folleto sobre el lugar, o contratas un guía, o le sacas una foto al mapita del lugar y te vas guiando sólo, con el celular y tu libro de viajes.

Mapita orientativo

Teotihuacán es el nombre que los mexicas o aztecas le dieron a esta ciudad; en su lengua (náhuatl) significa algo así como “ciudad de los dioses”. Cuando los aztecas vieron estas fantásticas pirámides, la ciudad que se emplazaba alrededor de ellas ya estaba prácticamente abandonada, ya que el período de apogeo había sido varios siglos antes, alrededor del año 700 DC. A pesar de ellos, dedujeron por la imponencia de sus edificios que había sido un lugar sagrado, por eso lo bautizaron de esa forma. Así que se desconoce el nombre original de la ciudad, aunque se saben muchas cosas de ella, como que llegó a albergar a más de 100.000 personas, siendo para su época la ciudad más poblada de América y una de las más grandes del mundo.

El eje norte-sur es la principal “avenida” de la ciudad, y se la conoce como calzada de los Muertos. Está cercada por edificaciones menores, y desemboca en la segunda mayor pirámide del complejo, la pirámide de la Luna. Luego de avanzar cientos de metros, nos empezamos a acercar a la gigantesca pirámide del Sol, que está emplazada unos metros al este del eje de la calzada.

Pirámide del sol

Sus dimensiones son impresionantes: cada lado tiene más de 200 metros en la base, y se eleva 65 metros. Comparada con la pirámide de Giza en Egipto, la base es muy similar, aunque alcanza menor altura ya que la pendiente no es tan pronunciada. La reconstrucción efectuada de apuro a principios del siglo XX (para celebrar el Centenario de la Independencia) parece haber cometido algunos errores importantes, ya que no sigue las técnicas de construcción originales, y según algunos arqueólogos no respeta la cantidad de niveles (se cree que eran cuatro, y ahora hay cinco).

Gente subiendo a  Pirámide del sol

Hay escaleras para subir hasta la cima, y al ser domingo el lugar estaba atestado de gente. Por un lado está bueno subir, a pesar que es bastante cansador, porque las vistas son excelentes. Por otro lado, la marea humana le quita un poco de encanto, lo deja sucio y lejano de lo que debió ser su aspecto original.

Luego de recorrer los cuatro lados de la cuarta plataforma (un placer los lados norte, este y sur, casi sin gente), bajé las escalinatas del lado oeste en medio de la muchedumbre y seguí camino a la pirámide de la Luna. Al estar al final de la calzada -rodeada de edificios que en su momento fueron templos, plazas, y residencias de los sacerdotes- , es mucho más fotogénica que la del Sol, no obstante ser algo más baja. A esto se suma el hecho que sólo se puede subir hasta el primer nivel, lo que contamina menos las imágenes.

Pirámide de la luna desde la calzada de los muertos

Desde lo alto se aprecia el complejo en toda su extensión, siempre con la pirámide del Sol omnipresente. Luego de un descanso y una colación para reponer energías, fui volviendo sobre mis pasos tomando muchas fotos, porque la resolana ya se había transformado en sol pleno y la luz hacía ver las ruinas de otra forma. Hablando de ruinas, es curioso ver como la parte remodelada (mejor dicho reconstruida) es la que mira hacia la calzada de los Muertos: la “espalda” de los edificios está sin reconstruir, y no es más que un montículo de piedras amorfo. Pero para ver eso hay que alejarse unos metros del camino principal, lo que poca gente hace. 

Pirámide del sol y otros edificios desde el primer nivel de la Pirámide de la luna

Ya era cerca del mediodía, había visto todo lo que quería y había tomado muchas fotos. La gente seguía ingresando al lugar, en su mayoría familias con niños y algunos pequeños grupos de extranjeros. Para mi sorpresa, no me crucé con ningún tour chino! Pero no importó, los locales los reemplazaban con sus gritos, risotadas y fotos en las poses más tontas. Había más edificios para ver, pero todos muy similares. También había un museo algo alejado, pero con mi visita previa al Museo Antropológico de CDMX creo que ya estaba más que satisfecho.

Algo que me quedó grabado del lugar fue la increíble cantidad de vendedores de cachivaches. Por suerte no eran pesados, y vendía algunas cosas curiosas: unos silbatitos o flautitas con motivos étnicos cuyo sonido hipnotizante inundaba el lugar; unas cabezas de jaguar de las que salía un gruñido o rugido al soplar; y muchas imágenes y réplicas de esculturas, incluida la piedra del sol o calendario azteca, algo que tiene muy poco que ver con Teotihuacán porque es propio de una civilización que floreció varios siglos después de la caída en desgracia de esta ciudad.

Justo al oeste de la pirámide del Sol está la puerta 2, que vendría a ser la principal. Hay varios puestos de artesanías y souvenirs, y ya afuera del complejo puestitos de comida y bebida. Luego de preguntar identifiqué el lugar donde paraba al bus, y a los pocos minutos llegó: cómodo, con aire acondicionado, y al mismo precio que el de la ida. Así que recuerden, es el bus Teotihuacán (muy ocurrente el nombre) y son todos blancos con un dibujito de la serpiente emplumada en el costado, y van a la puerta 2 previo paso por el pueblo de San Juan.

En menos de una hora ya estaba en Indios Verdes, una de las estaciones cabecera del metro. Así que si salen temprano por la mañana, Teotihuacán es un paseo que lleva no más de cinco horas (a menos que sean fanáticos de la arqueología y la historia prehispánica), lo que les permite volver a almorzar algo rico en el DF para luego seguir disfrutando de la tarde.