miércoles, 6 de agosto de 2014

Bhaktapur: un viaje en el tiempo

By Sole con colaboración de Seba

20 de febrero

Mientras Seba seguía invicto y se animaba a un huevo revuelto, me tuve que conformar con un té negro y pan tostado. Qué tristeza!!! Me empastillé con todos los remedios que había llevado para la situación y salimos. Aunque me sintiera mal no me iba a quedar todo el día metida en el hotel…

Ese día teníamos pensado visitar Bhaktapur, la tercera ciudad- estado medieval del valle. Sabíamos que estaba a unos 45 minutos en taxi desde Thamel y que el precio rondaba las 800-1000 RpN, así que directamente pedimos un auto desde el hotel. El tránsito estuvo a nuestro favor y en unos 35 minutos habíamos llegado.

Pagamos la entrada de 1500 RpN o U$S 15; era la Durbar Square más cara del valle!!! Ni bien entramos fuimos literalmente asediados por los guías locales que ofrecían sus servicios en todos los idiomas, cada dos pasos teníamos uno que comenzaba con “hello” y seguía con un “good for you…”. No se conformaban con un “no” y pedían explicación de por qué era esa nuestra respuesta. Sin más le mostrábamos nuestra guía de viajes y seguíamos caminando.

A diferencia de las otras plazas Durbar que habíamos visitado esta era la que mejor se conservaba. De hecho todo el pueblo tenía el mismo estilo, tanto en diseño como en estado de deterioro. Teóricamente el dinero de la entrada que pagamos los extranjeros es utilizado para financiar la restauración y mantenimiento del lugar. Las calles eran de ladrillo, al igual que las paredes de casi todas las edificaciones cuyas ventanas y aleros eran de madera oscura tallada. Estos complejos de 2 o 3 pisos eran coronados con tejados confeccionados con pequeñas lajas amarronadas.




Básicamente eran varias plazas entrelazadas con callejuelas angostas, algunas de las cuales parecían haber sido abandonadas por el sol y sólo habitadas por una importante humedad que se percibía con todo el cuerpo.



Iniciamos el recorrido por el exterior de los templos cercanos al palacio. En general eran bastante similares a los que habíamos visto en Kathmandu y Patán, excepto por los tours de turistas orientales de chalecos fluor y aparatosos gorros que en un momento invadieron el lugar cual hormigas.



Cerca del mediodía nos cruzamos con un desfile conformado por estudiantes de todas las edades con sus uniformes del colegio (en muchos casos hombres y mujeres llevaban los mismos pantalones y sacos grises, con camisa blanca y mocasines negros) y gente con ropa típica que iban llevando carteles, tocando instrumentos de percusión y danzando. No entendimos bien de que se trataba si era una manifestación en honor a alguien o una protesta.



Cada patio tenía una particularidad. El que le seguía a Durbar Square, tenía uno de los edificios más altos del valle: el templo de Nyatapola. También estaba el patio de los alfareros donde los mismos exponían sus trabajos en arcilla.

Templo de Nyatapola

Los alfareros

Tras caminar un rato sin rumbo hicimos un stop en el Peacock Restaurant frente a otro patio que debía su nombre a una ventana en la que hay tallado un pavo real. Yo sólo tomé un té negro, no me atreví a comer nada, Seba se castigó con una pizza individual. Fue un almuerzo bastante entretenido ya que estábamos en un balcón frente al patio donde se desarrollaba un día cualquiera de la vida. Frente a nosotros había un aljibe donde las mujeres del lugar concurrían con sus bidones y jarros donde colocaban el agua que sacaban del pozo con ayuda de un bidón y una soga. Al lado jugaban los niños a la pelota y las niñas al elástico durante un recreo escolar. Dos cabras caminaban sin rumbo y un vendedor exponía sus vegetales sin éxito.


Recreo!!!
Hicimos un par de compras, una kurta para Seba y una lámina en acuarela con de los Himalayas, y nos dejamos perder por las calles. Fue muy interesante ver a la gente comprando y vendiendo frutas, verduras, pescado y peces (algunos aún estaban vivos) utilizando balanzas con pesitas, mujeres hilando lana y cosiendo con viejas máquinas a pedal, hombres preparando la pasta que posteriormente moldearían en forma de platos o jarrones, etc. Fue como viajar en el tiempo a un pasado en el que nunca habíamos vivido, pero que conocíamos a través de la lectura y relatos de abuelos.

Imágenes de la vida diaria I


Imágenes de la vida diaria II

Imágenes de la vida diaria III

Cada vez que nos acercábamos a las plazas comenzaban a incrementarse los comercios destinados a turistas incluidos unos que vendían cds y dvds que musicalizaban la zona con música bastante monótona que nos dio la impresión que eran mantras que repetían una y otra vez.

Cerca de las 15:00 fuimos hacia la parada de taxis donde nos había dejado el auto. Negociamos con uno la misma tarifa que habíamos pagado en la ida y regresamos al hotel.

Una vez más aceptamos las infusiones que acompañamos de galletitas. De a poco iba recuperando las ganas de comer, aunque cuando tomaba líquidos ya me sentía pesada y un poco nauseosa. Un poco más de ayuno y ya iba a estar bien!

Lo que quedaba de la tarde lo dedicamos a las compras. Teníamos que gastar las RpN que nos habían quedado, ya que iba a ser muy difícil reconvertirlas a dólares y había tantas cosas lindas para comprar…

Concluimos el día cenando en el hotel, la discreción marcó la elección de alimentos. Yo no tuve otra opción que un triste plain rice, mientras que Seba comió una suprema de pollo grillada con vegetales y papas, que acompaño con una cerveza y un plain chapati.

Había concluido nuestro último día en Kathmandu! Al día siguiente partiríamos a nuestro próximo destino...

1 comentario:

  1. Efectivamente era un mantra lo que escuchábamos hasta el cansancio!
    OM MANI PADME HUM.
    Buscar en youtube!!

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