martes, 5 de noviembre de 2013

Rio de Janeiro - Llegada y Corcovado

By Sole
Septiembre 2013

Partimos de Ezeiza a las 17:00 hs, con 20 minutos de retraso por TAM linhas aereas. Como cada vez que despegamos, en cada viaje, Seba estaba sentado del lado de la ventanilla, tratando de identificar estadios de fútbol y carreteras que lo orienten en la localidad o pueblo que sobrevolamos. En esta oportunidad me invitó a ver por la pequeña ventanilla el estadio Único Ciudad de La Plata, en medio de un perfecto diseño de calles diagonales.
El vuelo fue tranquilo, sin las temidas turbulencias que había anunciado el piloto por altoparlante. A las 19:45 aterrizamos en el aeropuerto Internacional Antônio Carlos Jobim (más conocido como Aeropuerto Internacional de Galeão) de Río de Janeiro, que nos recibió con una llovizna persistente.

Habiendo pasado todos los controles inmigratorios, no tuvimos ningún problema en encontrar a nuestro transfer: el chofer nos esperaba con un cartel con el nombre y apellido de Seba.
Ya era noche cerrada; sólo pudimos apreciar las luces de la ciudad, provenientes de edificios y casas, algunas de las cuales, por su ubicación, nos indicaban la presencia de los famosos morros. Y, en menos de lo esperado el auto se estacionó frente al que sería nuestro alojamiento durante la siguiente 40 horas: Augusto’s Copacabana Hotel.

Mientras hacíamos el check in el hombre del front desk, luego de preguntarnos a nombre de quién estaba la reserva y chequear en la computadora, comenzó con “hay un problema…” Noo!!!! Ya me imaginaba caminando bajo la lluvia a otro hotel porque no tenían habitación… Pero afortunadamente el problema no era tal, solamente se habían quedado sin habitaciones con cama matrimonial, y sólo disponían con camas individuales. Nos dieron una en el piso 13, el último; sólo teníamos por encima la pileta y el gimnasio.
Impresionaba ser un hotel con glorias pasadas, que había quedado en el tiempo. La habitación estaba bien, limpia, con frigobar y hasta un tv pantalla plana, que tal vez desentonaba un poco por lo moderno. Teniendo en cuenta que no era un hotel barato, reitero la queja que ya dejé en trip: no tenía wifi gratis! Si uno quería hacer uso del servicio debía pagar R13 por día.

Mural en la escalera que conducía al gimnasio

Pasadas las 21 hs, con una temperatura alrededor de los 20ºC y una fina y molesta llovizna salimos a dar una vuelta por las calles vecinas en busca de un lugar para cenar. Si bien había varias lanchonetes y paderias, ninguna nos resultó atractiva para nuestra primera cena. Optamos por la sucursal de Copacabana de la cadena Bibi Sucos. Nos pareció interesante su oferta de opciones, incluyendo una gran variedad de jugos, creps, omeletes de clara de huevo, ensaladas, y sándwiches. Fuimos por una ensalada y una hamburguesa de pollo con papas asadas y agua mineral.

Volvimos hacia el hotel bajo la lluvia. Las gotitas golpeando sobre el antiguo equipo de aire acondicionado fue lo último que escuchamos antes de conciliar el sueño.

Al día siguiente, nos levantamos a las 7:00 hs con esperanzas de que no lloviera, teníamos un largo día por delante! Afortunadamente no llovía, aunque estaba nublado. Habíamos leído previamente el pronóstico para ese día, que indicaba “lluvias”, así que estábamos muy contentos y conformes con el día nublado!!! Comenzamos con el desayuno, que estaba incluido en la tarifa del hotel. 

Caminamos hacia la avenida Nossa Sehora de Copacabana (parada BRS2) donde tomamos el bus 583 hacia Cosme Velho. Observamos que los colectivos, además del chofer, tienen un hombre que vendía los boletos. El costo del pasaje único era de R$ 2,75, no importaba si uno tomaba el bus por 10 o por 150 cuadras, el precio era el mismo. Aprovechamos el recorrido para conocer un poco la ciudad. Transitamos por parte de Copacabana, Botafogo –con una increíble vista del Pan de Azúcar-, la avenida Laranjeiras y finalmente Cosme Velho. No tuvimos problemas para identificar donde teníamos que bajar, porque cuando llegamos a esa parada, el motorista avisó “Cosme Velho”. Deben estar tan acostumbrado a que los turistas tomen el bus hasta ahí, que sin haberlo pedido dan el aviso al pasaje.

Durante el trayecto nos llamó mucho la atención la cantidad de drogarias; había por lo menos una por cuadra. Son muy parecidas a los “Farmacity” de Argentina. Fue un viaje entretenido, que incluyó puentes sobre nivel y túneles, construidos para sortear los obstáculos que representan los morros de la zona.

Llegamos a Cosme Velho, a las 9:40 hs, 10’ antes de lo planeado. Antes de viajar habíamos sacado por internet los tickets para visitar el Corcovado con el famosísimo Cristo Redentor, una de las siete maravillas del mundo. Nos acercamos a las ventanillas y canjeamos el voucher por las 2 entradas.

Estación de Tren de Corcovado

Existen 2 maneras de llegar al Cristo Redentor. Una de ellas es mediante el “Trem do Corcovado”, un pequeño tren de 2 vagones que parte cada 30 minutos de la estación Cosme Velho y  circula dentro del Parque Nacional de Tijuca. La otra opción es contratar un servicio de una Van, que parte de Largo do Machado.
Nosotros contratamos el servicio del “Trem do Corcovado”, que incluía el transporte en tren y el ingreso al monumento del Cristo Redentor, con un costo de R$ 46 por persona; los niños entre 6 y 12 años pagan la mitad, y los menores de 6 años, gratis. Se puede pagar con tarjeta de crédito! Más información en www.corcovado.com.br.

Teníamos 30 minutos por delante, así que recorrimos los pocos negocios de venta de souvenirs que había en la estación, cosa que no nos llevó más de 5 minutos. Seguimos con un pequeño paseo por la calle, donde encontramos un par de locales que vendían los mismos productos pero a mitad de precio!

Cuando las manecillas del reloj se aproximaban a las 10:20 hs, nos acercamos nuevamente a la estación. Ya habían llegado por los menos 2 tours, como no podía ser de otra manera, uno era de orientales con grandes máquinas fotográficas.
Los vagones tenían varias filas de asientos, separados por un pasillo que dividía cada fila en 2 asientos a la derecha y 3 a la izquierda. Cuando subíamos al tren escuchamos que uno de los guías, le decía a su grupo “siéntense a la derecha”, así que aunque el mensaje no estaba dirigido a nosotros, seguimos la sugerencia. Efectivamente era el lado del tren que tenía la mejor vista.

El ascenso en constante pendiente al Cerro Corcovado, de aproximandamente 700 metros de altura, tarda unos 25 minutos. Los primeros metros transcurre entre casas, algunas muy cercanas a las vías, sucediéndose posteriormente una floresta con vegetación de aspecto tropical. Por momentos la vegetación desaparecía dejando ver a lo lejos otros morros con casas humildes en sus laderas. En el último trayecto tuvimos una excelente vista panorámica, una pequeña muestra de lo que veríamos al llegar arriba. A medida que fuimos ascendiendo comenzamos a percibir la humedad del ambiente, sobretodo en los sectores selváticos, y un aire fresco que me hizo lamentar no haber llevado más abrigo.

Vista desde el tren.

En nuestro vagón viajaban los orientales, que quedaron del otro lado del pasillo. Justo en nuestros alrededores había 3 mujeres de unos 60 años, con sombreros para protegerse del sol, anteojos oscuros y grandes cámaras, que se paraban, se inclinaban, se sentaban, se volvían a parar, se abalanzaban hacia el lado derecho del tren, a tal punto que me rozaban la espalda, todo con el afán de sacar fotos. Estaban desesperadas!!!! Lo peor de todo, es que había momentos en que las veía desesperadas sacando fotos, y al mirar por la ventanilla, no había nada digno de ser fotografiados!!! Si no está hecho habrá que hacer algún estudio sociológico sobre estos turistas.

Cuando bajamos del tren, tuvimos 2 opciones: subir al Cristo por escalera o hacer una fila y subir en ascensor. Ni hablar, que nos fuimos por escalera!!! Qué frío que hacía ahí arriba!!! Ni los 220 escalones nos hicieron entrar en calor!!! Por momentos las ráfagas de viento nos volaban, pero no nos íbamos a quejar… estábamos visitando el Cristo, sin lluvia y a pesar de estar nublado, no había ninguna nube que se interpusiera entre él y nosotros!!! Con eso nos dábamos por satisfechos!!!

La espalda del Cristo de 38 metros de altura, inaugurado el 12 de Octubre de 1931, apareció imponentemente frente a nuestros ojos. Pero paradójicamente, cuando uno va ascendiendo no es lo que más llama la atención, la vista instantáneamente se va a los alrededores.

Cristo Redentor

El mirador del Cerro Corcovado es impresionante!!! Desde lo alto se ve todo!!! Botafogo con los veleros en la bahía y  el Pan de Azúcar, los modernos edificios de la city entre los que se esconde la extraña Catedral, el Maracana, los morros, las favelas, y cuantas cosas más!!! Vale la pena pagar la entrada para admirar el paisaje y visitar este sitio, que no en vano fue declarado una de las siete maravillas del mundo en 2007.

Vista desde Corcovado

Sacarse una estatua con el Cristo es prácticamente imposible debido a la horda de gente que lo visita y el tamaño de la figura. El incensaste el flujo de turistas que se mueve de un lugar a otro en el mirador. Con la vista satisfecha y sintiendo que habíamos alcanzado el gran objetivo del día emprendimos el descenso, que se demoró más de lo previsto, porque justo cuando llegamos a la estación el tren se estaba yendo. Tuvimos que esperar 30 minutos hasta el siguiente.

No salió la cámara en la foto porque la tenía el fotografo.

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