lunes, 23 de septiembre de 2013

Puerto Yeruá - Primera impresión

By Sole
Agosto 2013

Partimos un viernes a la tarde de Buenos Aires. El destino elegido para ese fin de semana largo era Puerto Yeruá, un pequeño pueblo en la provincia de Entre Ríos. Tomamos la RN 14 con el sol brillando, que poco a poco fue desapareciendo, recorriendo los últimos kilómetros iluminados sólo por la luna creciente y los focos de los autos.
Pocos metros después de pagar el peaje “Yeruá”, tomamos la salida hacia Puerto Yerúá que se encontraba a la derecha de la ruta. Ya casi estábamos! Tan sólo faltaban 17 de los 450 km que separan el pueblo de Buenos Aires. Lejos de lo que uno esperaría, el camino estaba pavimentado y en muy buen estado. Atravesamos la pequeña localidad de “Calabacilla” y unos minutos después llegamos!

Traspasamos el centro del pueblo sin detenernos, era tarde y queríamos llegar a la casa que habíamos alquilado. Creo que es un lugar para llegar de día, cuando todavía hay luz natural. Si bien las calles céntricas tienen nombres, a medida que uno se va acercando al río, es imposible encontrar un cartel orientativo de dónde uno está! Y encima el GPS desconoce la localidad! Nosotros no tuvimos inconvenientes porque viajábamos con el hermano de Seba y su pareja, que ya habían estado varias veces en el lugar. Me ha resultado imposible encontrar un mapa de Yeruá en internet, así que supongo que la mejor forma de localizar una calle o algún sitio en particular es preguntando a algún lugareño que se crucen en el camino!

Finalmente llegamos a “El Ceibo”, o sea, nuestra casa, de 2 ambientes, con jardín y parrilla. Tenía cocina con horno, heladera, microondas y vajilla para 4 personas. A unos metros de esto, una salamandra, una mesa con dos sillas y la cama marinera, y la puerta de ingreso al dormitorio, que contaba con una cama matrimonial. Salimos agraciados con la cucheta, así que dormimos cual gitanos con los colchones en el piso. Delante de la casa había un porche techado con algunas sillas, una hamaca paraguaya y una de mimbre. El jardín estaba cuidado, con el pasto cortado y algunas plantas.


"El Ceibo", de día.

Si tengo que asociar una sensación a la rústica casita elegiría "el frío"! Si bien nos tocó un fin de semana con muy buen tiempo y temperatura que rondaró los 20ºC, cada vez que entrábamos a este lugar nos congelábamos! Así que durante el día optábamos por estar en el porche, donde desayunábamos y almorzábamos, y a la noche intentábamos calefaccionar el ambiente con ayuda de la salamandra. Seba se hizo cargo de este asunto durante todas las noches, quemando cuanta cosa se le cruzara. La temperatura se mantenía más o menos agradable hasta la 1 o 2 de la mañana, convirtiéndose posteriormente el lugar, en una gran heladera. Y ni hablar del baño! Nunca pude controlar la temperatura de la ducha. Abría el agua caliente, y salía extremadamente caliente, la mezclaba con algo de fría, se estabilizaba 1 minuto con reloj en una temperatura agradable, y después se enfriaba, siendo imposible volver a calentarla. Cada baño fue un suplicio!

Desayuno en el solcito

A pesar del frío interior, nos las arreglamos para pasarla bien. Resultaba sumamente placentero estar sentados al sol, en el silencio que sólo era interrumpido por el canto de los pájaros.
El contacto con la naturaleza no se limitó a los pájaros. No bien llegamos a la casa, nos recibieron un par de perros amigables: gordito y flacucho. Como podrán imaginar, los nombres de estos callejeros producto de la mezcla de razas, se debían a su aspecto físico. Gordito era petiso, y bien compacto con gran habilidad para agarrar galletitas en el aire, en cambio flacucho, era más alto, muy flaco, con un aire de galgo. Nunca supimos si flacucho era tan flaco, porque sí, o por su gran habilidad de estar ausente cuando había comida o por consecuencia de alguna enfermedad. Varias veces lo tuvimos detrás de la puerta llorando. Hambre? Dolor? Falta de cariño?
También se paseaba por el lugar un gato negro que algunos llamamos Poe, en referencia al cuento “El gato negro” de Edgard Allan Poe y otros Salem, por el de la Bruja Sabrina.

Poe, flacucho y gordito.

Esa primera noche comimos unas pizzas, que amasé no bien llegamos, mientras Seba se entretenía encendiendo la salamandra. Después de comer cada uno marchó hacia su cama a descansar.

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