martes, 17 de septiembre de 2013

Escocia - Donde nace el viento (Parte 2)

By Seba

Se jugaba el clásico Celtic-Rangers en Glasgow…así que me fui para allá.

Era un sábado muy escocés, ventoso y con garúa finita. Caminando a tientas por las calles cercanas a la terminal de micros, encontré un local de merchandising oficial del Celtic que tenía ofertas increíbles, pero cuando pregunté por los tickets me dijeron que estaban agotados. El consuelo era caminar hasta el East-End, el barrio popular de los obreros de Glasgow, y meterme en un pub, así que reanudé la caminata.
Eran las 11 de la mañana de un feo sábado, faltaba una hora para el partido. Pero los pubs ya estaban llenos y la cerveza había empezado a correr un largo rato antes. Estos pubs no son cualquier pub: son auténticos santuarios futbolísticos, desbordantes de bufandas, recortes de diarios, fotos de futbolistas, camisetas antiguas y todo tipo de merchandising.
En el ambiente se respiraba ansiedad. Todos tenían su camiseta puesta, su pinta de cerveza en la mano y la mirada fija en la pantalla: era el enfrentamiento de la clase obrera contra la clase alta, de los católicos contra los protestantes, de los de origen irlandés contra los pro-británicos, en definitiva, era Celtic vs Rangers.
Finalmente, el duelo se inclinó hacia el lado de los azules por sobre los verdes, así que la decepción en el pub fue muy grande. Me fui, un poco menos cabizbajo que el resto, de vuelta al centro. Hubo una escala previa en Mc Donalds y en un café, para matar el frío y protegerme de la llovizna, y de ahí a tomar el micro. Al llegar a Stirling el cielo se había despejado y tenía un celeste muy profundo, quedaba luz suficiente para recorrer las murallas de la ciudad, pasear  en el Back Walk y aprovechar la ausencia de turistas para tener lindas fotos de la zona del castillo.

El domingo  10 de mayo de 2009 era el momento de internarme en las Highlands del norte de Escocia, así que partí rumbo a Inverness. Por arreglos previstos en las vías, tomamos un micro hasta Perth, donde hubo que hacer un trasbordo para seguir en tren. Luego de atravesar campos extensos a los pies de los picos aún nevados, llegamos cerca del mediodía.
Si Stirling me pareció pequeño, Inverness es minúsculo! Son unas pocas cuadras sobre ambas márgenes del río Ness, con una pequeña zona comercial con un Mc Donalds, un Subway, un Costa Café, algunos bancos, librerías, comercios de té en hebras, comercios de bufandas escocesas, un supermercado Tesco, algunos pubs y poco más.
Tiene un castillo muy bonito en una zona elevada cerca del río, y un paseo costero ideal para tranquilas caminatas, muy bien integrado al ambiente, con abundante flora y fauna (sobre todo patos). Las colinas siempre están presentes en el horizonte dándole un marco especial al lugar.

La tarde de mi llegada me alcanzó para recorrer el lugar, hacer unas compras, y planear los días siguientes. Se estaba llevando a cabo una carrera de aventura que culminaba con kayaks llegando al puente central, con una premiación en la explanada del castillo, ambientada con gaiteros y músicos que interpretaban canciones tradicionales.

Al día siguiente me sumé a una de las excursiones al Lago Ness. Si bien se pueden contratar varias excursiones, todas son operadas por la misma empresa y tienen una estructura similar, aunque con distintas opciones. Salimos de la ciudad bordeando el río Ness y el canal aliviador (Caledonian Canal). Luego nos embarcamos y empezamos a navegar el Lago -que no es muy ancho pero tiene muchísimo kilómetros de extensión- siempre rodeado de colinas y en sentido sudoeste, hasta la altura de las ruinas del Urquhart Castle. Allí desembarcamos y nos explicaron la historia del lugar, para luego ir a un  centro orientativo donde jugaban a develar el misterio del monstruo del Loch Ness, y contaban las anécdotas de los fallidos intentos de búsqueda. Si bien la ciencia dice que es imposible que semejante bestia prehistórica sobreviva en esas aguas, abundan las imágenes y souvenirs del simpático animalito.

Urqhart Castle y Loch Ness

El martes 12 me tomé un micro que bordeó todo el lago en dirección a la isla de Skye (que vendría a ser lo más inhóspito y salvaje de las Highlands), y bajé en Dornie, cerca del castillo Eilean Donan. El castillo, que fue reconstruido recientemente siguiendo la estructura original, está en un pequeño islote a escasos metros de la orilla, y se accede al mismo cruzando un puente. Luego de la visita guiada a todas las habitaciones y torres, seguí camino (a pie, 10 kilómetros por la banquina porque el siguiente micro pasaba en 4 horas) hasta la ciudad de Kyle of Lochlash, junto antes del puente que salta a la isla de Skye. Si bien vale la pena visitar el Eilean Donan Castle, la logística de los micros no es la ideal y a menos que se tenga previsto saltar a la isla y quedarse unos días, no hay mucho para ver en esta zona.

Eilean Donan Castle

Aunque nunca he estado por ahí voy a dejar un comentario (sólo para chicas), con el permiso de Seba, obviamente. En la película "Made of Honor" (en castellano, "La boda de mi novia") con Patrick Dempsey, cuando los protagonistas se encuentran en Escocia, se ven los exteriores del Castillo de Eilean Donan. 

Así que regresé en el segundo y último micro del día, con ganas de armar la valija y tomar el tren que me depositaría en Londres. Eso iba a ser el día siguiente, luego de una breve escala con cambio de estación en Glasgow. Me faltaba la última cena en Escocia, y el menú tenía que ser haggis. Es el plato tradicional escocés por excelencia, si uno lo prueba no parece feo, aunque sí bastante especiado. Pero cuando te dicen de qué está hecho uno se arrepiente de haberlo comido: vísceras de oveja picadas con cebollas y especias, cocidas dentro del estómago del animal. Sólo para valientes…


La Escocia de las Lowlands tiene una historia y un presente fascinante, con epicentro en la mágica Edimburgo. Hacia el norte se encuentra la Escocia de los escenarios naturales y de las tradiciones que perduran. La clave del éxito del viaje es encontrar el balance justo entre ambas.

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