jueves, 7 de noviembre de 2013

Rio de Janeiro - Santa Teresa e Ipanema

By Sole

Siguiente destino: Lapa! Cuando salimos de la estación de Cosme Velho caminamos unos 100 metros hacia atrás, donde había una plazoleta desde la que partían varios buses. Tomamos el 180 que iba hacia Lapa- Centro. El tránsito estaba pesado, en algunos sectores avanzamos a paso de hombre, lo que nos permitió apreciar mejor el entorno, la gente, los negocios, los autos, etc.
Cerca del mediodía llegamos a Lapa. Bajamos pasando los arcos; ya volveremos sobre este tema en un ratito. Caminamos unas cuadras y nos sumergimos en la zona céntrica de la ciudad. Empleados de empresas y oficinas de la zona caminaban de un lado a otro en su horario de almuerzo. Las opciones para comer eran variadas, varias lanchonetes con fuerte olor a frito, un par de locales de venta de comida por kilo y un par de restaurantes más paquetes en los que no me atrevería a entrar con mi tarjeta de crédito. Antes de decidir que íbamos a comer, fuimos en busca de la catedral, tarea que no nos resultó muy difícil.
Me cuesta un poco describir a la Catedral Metropolitana de São Sebastião do Rio de Janeiro. Rara?  Extravagante? Fuera de lo habitual? Creo que una foto es mejor que cualquier descripción!

Catedral desde el exterior

Interior de la Catedral









































Nunca había visto una catedral parecida a esa. De hecho si no la hubiese visto por la tele en la visita del Papa Francisco a Rio hace un par de meses, nunca hubiese dicho que eso era una iglesia. Hicimos una pasada por el interior, sin dejar de sacar unas fotos. Salimos por una de las puertas laterales, y la fuimos rodeando hasta terminar en una calle desolada, desierta, salvo por la presencia de un par de homeless que nos condujo a los arcos de Lapa. Tal vez estaba un poco paranoica, pero esa cuadra me pareció terrorífica! Recién respiré aliviada cuando llegamos a los arcos y vi que había 2 patrulleros, uno de ellos de la policía turística.
Pero, qué son los “arcos de Lapa”? cualquiera se puede preguntar. Estos arcos, son un viejo acueducto (Aqueduto da Carioca) construido en 1750 para abastecer de agua a la población. Actualmente ya no tiene esa función, y hasta hace un tiempito, formaba parte del recorrido del Bondinho de Santa Teresa.

Arcos de Lapa, Santa Teresa de fondo.

Luego de la foto de rigor, enfilamos hacia el Centro Histórico, zona que apenas recorrimos. Llegamos al Teatro Municipal, ubicado frente a la Praça Floriano donde había varias personas acampanando como medida de protesta y fuerte presencia policial con patrulleros y camiones hidrantes estacionados. Tampoco faltaba una buena cantidad de homeless que se mezclaban con los transeúntes. Volvimos hacia los arcos y nos metimos en unas calles internas de la zona de Lapa, donde teóricamente a la nochecita se llena de gente que va a los bares a tomar una cerveja y escuchar música. Sospecho que justamente la movida no estaba por donde nos metimos, o caso contrario la gente tiene gustos muy particulares. Caminamos por unas calles un tanto estrechas, de veredas super angostas, bordeadas de casas antiguas, algunas de chapas,  y varios negocios con objetos viejos. Algunos hombres iban con carros, transladando objetos (muebles, bidones de agua, etc) de un lugar a otro; me dio la impresión de estar caminando por La Boca.
Sólo hicimos una pequeña parada para comer unos sándwiches y probar el guaraná (parecía un jarabe de tan dulce que era) y el amargo mate frío (bebida tipo refresco). A seguir caminando!

Nos detuvimos en la colorida escalera de Selaron o Santa Teresa. Otro must de Rio! Me pareció una obra muy interesante. Es una larga escalera  de 125 metros y 215 escalones revestida de miles de cerámicos de todo tipo y color. Es divertido ir caminando y buscando cerámicos con dibujos que tengan algún significado personal. Los hay con imágenes y nombres de distintas ciudades, equipos de fútbol, personajes,  frases, etc. No bien ingresamos a la escalera, a la izquierda encontramos el escudo de Racing, donde Seba se tomó la correspondiente foto. Para hacer más pintoresco el lugar, un par de borrachines locales saludaban y hablaban con la gente que pasaba y que se atrevía a contestarles. Entre foto y foto, “escaneo” visual de las paredes y piso, tardamos unos cuantos minutos en subir.



Superado el último peldaño de la escalera giramos a la izquierda, internalizándonos en el barrio Santa Teresa, de calles adoquinadas y aire colonial.  Otro lugar recomendable para visitar en Rio! Sin apuro fuimos recorriendo las ondulantes calles pobladas de “ponchos” –WV escarabajos-, haciendo una parada en el Centro cultural “Parque das ruinas”. Esta vieja casona devenida en centro cultural perteneció a Laurinda Santos Lobo, quien reunía en su palacete a artistas e intelectuales hasta su muerte en 1946. De esa época apenas quedan las gruesas paredes externas de la edificación, conteniendo en su interior escaleras metálicas que conducen al altillo de donde se tiene una espectacular vista de la ciudad. Escaleras no aptas para los que sufren de vértigo, sobretodo en el descenso! La entrada es gratuita.

"Contrastes" desde mirador del Parque das ruinas

Ya en la calle seguimos caminando! Volvimos unos cuantos metros sobre nuestros pasos para tomar la rua Dias de Barros, desembocando en una abandonada estación del tradicional Bondinho de Santa Teresa. Este tranvía recorría el barrio hasta fines de agosto de 2011, cuando descarriló provocando la muerte de 6 personas y dejando 48 heridas. Desde ese entonces las autoridades de la ciudad aparentemente están trabajando en la refacción del trazado de vías y en el cambio de los viejos bondinhos por unidades más seguras. Por lo que vimos en algunas notas de diarios y revistas es un tema bastante controversial, que provoca conflicto entre las autoridades y los defensores del tranvía. Algunos restaurantes y autos de la zona tenían stickes con un gráfico del bondinho con un lagrimón, como manifestación de su saudade! Habrá que esperar para ver qué sucede y si en un futuro podremos hacer el recorrido que nos quedó pendiente.

Poncho + saudade

Cuando se recorre el barrio es difícil no notar el contraste entre Santa Teresa y el morro, asiento de favelas, que tiene a escasa distancia. Los ricos y los pobres conviven separados una calle, un muro, un lugar con dos realidades muy diferentes. Cuando descendíamos hubo un momento en que me sentí demasiado cerca de la favela, y “recalculamos” nuestros siguientes pasos, dudando si estábamos ingresando o no en lo que el GPS llamaría “zona peligrosa”. Sin dudas soy un poco prejuiciosa, pero había escuchado muchos “no te metas en una favela por error”. Confesaré que lo que resultó más peligroso no fue la favela, sino el simple hecho de caminar por esas estrechas calles con veredas casi inexistentes que no llegaban a tener medio metro de ancho, sumado a los conductores imprudentes que avanzaban a toda velocidad sin importar si pasaban o no por el espacio que había o si había alguien caminando por la calle. En Rio parecen ser todos Ayrton Senna en la última vuelta de la carrera!

Regresamos a Rua do Catete donde nos metimos en el metrô, donde sacamos 2 boletos de R$3,20. Nos llamó la atención el tamaño de los subtes, bastante más anchos que los de Buenos Aires, y en muy buen estado. Luego de unas pocas paradas, bajamos en la estación Botafogo. Queríamos ver la playa y sacar una panorámica del Pão de Açucar.
Caminamos desde la estación hacia la zona de la praia. Cruzamos la avenida Praia de Botafogo, quedándonos por cruzar otra avenida, Infante Dom Henrique. Miramos hacia un lado, no vimos semáforo, miramos hacia el otro, tampoco. Dijimos “en algún momento tiene que dejar de venir autos”, cosa que nunca sucedió; los vehículos pasaban incesantemente a altísima velocidad. Posteriormente descubrimos que se trataba de una autopista. Instintivamente comenzamos a caminar hacia el oeste, hallando luego de varias cuadras un paso bajo nivel con olor a orina que nos condujo hacia la playa.
A pesar de estar soleado, con una temperatura agradable, apenas había algunas personas que pasaban corriendo por una senda paralela a la arena. La ancha playa estaba completamente desierta y un poco sucia. Sacamos algunas fotos del primerísmo plano del Pan de Azúcar, y decidimos seguir adelante en nuestra rápida pasada por Río antes de que anocheciera. Por el huso horario en que está la ciudad, a las 17:30 hs se puede disfrutar de la puesta del sol, y a las 18:00 hs ya es de noche!

Pan de Azúcar desde Botafogo

Volvimos a cruzar todas las avenidas, terminando en la puerta del Consulado Argentino. El siguiente objetivo era tomar un colectivo hacia Ipanema. Según el cuadro de buses que teníamos en nuestro poder podíamos tomar el 162, el 574 o el 584. El único problema era que no teníamos idea de donde paraban. Apostamos a la parada que estaba a pocos metros del consulado. En menos de 10 minutos hizo su aparición el 162. El viaje en colectivo pareció fugaz consecuencia de la velocidad que llevaba. Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en Ipanema.
En Ipanema fuimos hasta el bar “Garota de Ipanema” ubicado en la esquina de Vinicius de Moraes y Prudente de Morais, donde Tom Jobim y Vinicius de Moraes compusieron en 1962 la canción justamente llamada “Garota de Ipanema”. Luego de la fotito, caminamos hacia la costa, pasando por varios bares de aspecto bohemio que invitaban a tomar una cervecita con una picada. Aún nos quedaban unos pocos minutos de sol, así que no nos detuvimos en ninguno.
Caminamos hacia la avenida Vieira Souto, paralela a la costanera. Nos encontramos nuevamente con la praia, pero a diferencia de la tranquilidad del mar de Botafogo, acá las olas rompían salvajemente!!! No sé si será siempre así o era producto del viento que nos acompañaba en la caminata. Por la costanera había varios barcitos con mesas que vendían coco gelado, gaseosas y cerveza; estaban prácticamente desiertos. Realmente estaba un poco fresco para sentarse a tomar algo y los precios no eran muy atractivos. Seguimos caminando hacia Copacabana, dejando atrás Ipanema!

Ipanema

Hicimos el infaltable paseo al supermercado! Cómo me gusta recorrer supermercados de otros países!!! Me encanta descubrir  productos y alimentos o variedades de estos que no están disponibles en Argentina. Luego hicimos una parada en el hotel y luego nos fuimos a cenar.

Dimos un par de vueltas en las manzanas aledañas al hotel en busca de algún lugar para comer, terminando nuevamente en Bibi Sucos. Fuimos por otras opciones del menú: omelete y un sándwich de pollo con queso y papas fritas. Para beber optamos por un agua mineral y un suco de abacaxi e coco. Muy satisfechos con la cena!

Cuando salimos estaba lloviendo, así que volvimos raudamente hacia el hotel. Qué clima raro! Esa noche jugaba Botafogo vs Flamengo. Seba había amenazado con irse al Maracaná a ver el partido, pero quedó en una simple amenaza ya que el “tour partido” costaba R$180 por persona. Demasiado por un simple partido de fútbol y encima con lluvia!!!
No bien llegamos al hotel escuchamos gente festejando, pirotecnia incluida; alguien había metido un gol. Posteriormente sólo escuchamos el ruido de la lluvia que seguía cayendo, pero con mayor intensidad, hasta que nos dormimos.

martes, 5 de noviembre de 2013

Rio de Janeiro - Llegada y Corcovado

By Sole

Septiembre 2013

Partimos de Ezeiza a las 17:00 hs, con 20 minutos de retraso por TAM linhas aereas. Como cada vez que despegamos, en cada viaje, Seba estaba sentado del lado de la ventanilla, tratando de identificar estadios de fútbol y carreteras que lo orienten en la localidad o pueblo que sobrevolamos. En esta oportunidad me invitó a ver por la pequeña ventanilla el estadio Único Ciudad de La Plata, en medio de un perfecto diseño de calles diagonales.
El vuelo fue tranquilo, sin las temidas turbulencias que había anunciado el piloto por altoparlante. A las 19:45 aterrizamos en el aeropuerto Internacional Antônio Carlos Jobim (más conocido como Aeropuerto Internacional de Galeão) de Río de Janeiro, que nos recibió con una llovizna persistente.

Habiendo pasado todos los controles inmigratorios, no tuvimos ningún problema en encontrar a nuestro transfer: el chofer nos esperaba con un cartel con el nombre y apellido de Seba.
Ya era noche cerrada; sólo pudimos apreciar las luces de la ciudad, provenientes de edificios y casas, algunas de las cuales, por su ubicación, nos indicaban la presencia de los famosos morros. Y, en menos de lo esperado el auto se estacionó frente al que sería nuestro alojamiento durante la siguiente 40 horas: Augusto’s Copacabana Hotel.

Mientras hacíamos el check in el hombre del front desk, luego de preguntarnos a nombre de quién estaba la reserva y chequear en la computadora, comenzó con “hay un problema…” Noo!!!! Ya me imaginaba caminando bajo la lluvia a otro hotel porque no tenían habitación… Pero afortunadamente el problema no era tal, solamente se habían quedado sin habitaciones con cama matrimonial, y sólo disponían con camas individuales. Nos dieron una en el piso 13, el último; sólo teníamos por encima la pileta y el gimnasio.
Impresionaba ser un hotel con glorias pasadas, que había quedado en el tiempo. La habitación estaba bien, limpia, con frigobar y hasta un tv pantalla plana, que tal vez desentonaba un poco por lo moderno. Teniendo en cuenta que no era un hotel barato, reitero la queja que ya dejé en trip: no tenía wifi gratis! Si uno quería hacer uso del servicio debía pagar R13 por día.

Mural en la escalera que conducía al gimnasio

Pasadas las 21 hs, con una temperatura alrededor de los 20ºC y una fina y molesta llovizna salimos a dar una vuelta por las calles vecinas en busca de un lugar para cenar. Si bien había varias lanchonetes y paderias, ninguna nos resultó atractiva para nuestra primera cena. Optamos por la sucursal de Copacabana de la cadena Bibi Sucos. Nos pareció interesante su oferta de opciones, incluyendo una gran variedad de jugos, creps, omeletes de clara de huevo, ensaladas, y sándwiches. Fuimos por una ensalada y una hamburguesa de pollo con papas asadas y agua mineral.

Volvimos hacia el hotel bajo la lluvia. Las gotitas golpeando sobre el antiguo equipo de aire acondicionado fue lo último que escuchamos antes de conciliar el sueño.

Al día siguiente, nos levantamos a las 7:00 hs con esperanzas de que no lloviera, teníamos un largo día por delante! Afortunadamente no llovía, aunque estaba nublado. Habíamos leído previamente el pronóstico para ese día, que indicaba “lluvias”, así que estábamos muy contentos y conformes con el día nublado!!! Comenzamos con el desayuno, que estaba incluido en la tarifa del hotel. 

Caminamos hacia la avenida Nossa Sehora de Copacabana (parada BRS2) donde tomamos el bus 583 hacia Cosme Velho. Observamos que los colectivos, además del chofer, tienen un hombre que vendía los boletos. El costo del pasaje único era de R$ 2,75, no importaba si uno tomaba el bus por 10 o por 150 cuadras, el precio era el mismo. Aprovechamos el recorrido para conocer un poco la ciudad. Transitamos por parte de Copacabana, Botafogo –con una increíble vista del Pan de Azúcar-, la avenida Laranjeiras y finalmente Cosme Velho. No tuvimos problemas para identificar donde teníamos que bajar, porque cuando llegamos a esa parada, el motorista avisó “Cosme Velho”. Deben estar tan acostumbrado a que los turistas tomen el bus hasta ahí, que sin haberlo pedido dan el aviso al pasaje.

Durante el trayecto nos llamó mucho la atención la cantidad de drogarias; había por lo menos una por cuadra. Son muy parecidas a los “Farmacity” de Argentina. Fue un viaje entretenido, que incluyó puentes sobre nivel y túneles, construidos para sortear los obstáculos que representan los morros de la zona.

Llegamos a Cosme Velho, a las 9:40 hs, 10’ antes de lo planeado. Antes de viajar habíamos sacado por internet los tickets para visitar el Corcovado con el famosísimo Cristo Redentor, una de las siete maravillas del mundo. Nos acercamos a las ventanillas y canjeamos el voucher por las 2 entradas.

Estación de Tren de Corcovado

Existen 2 maneras de llegar al Cristo Redentor. Una de ellas es mediante el “Trem do Corcovado”, un pequeño tren de 2 vagones que parte cada 30 minutos de la estación Cosme Velho y  circula dentro del Parque Nacional de Tijuca. La otra opción es contratar un servicio de una Van, que parte de Largo do Machado.
Nosotros contratamos el servicio del “Trem do Corcovado”, que incluía el transporte en tren y el ingreso al monumento del Cristo Redentor, con un costo de R$ 46 por persona; los niños entre 6 y 12 años pagan la mitad, y los menores de 6 años, gratis. Se puede pagar con tarjeta de crédito! Más información en www.corcovado.com.br.

Teníamos 30 minutos por delante, así que recorrimos los pocos negocios de venta de souvenirs que había en la estación, cosa que no nos llevó más de 5 minutos. Seguimos con un pequeño paseo por la calle, donde encontramos un par de locales que vendían los mismos productos pero a mitad de precio!

Cuando las manecillas del reloj se aproximaban a las 10:20 hs, nos acercamos nuevamente a la estación. Ya habían llegado por los menos 2 tours, como no podía ser de otra manera, uno era de orientales con grandes máquinas fotográficas.
Los vagones tenían varias filas de asientos, separados por un pasillo que dividía cada fila en 2 asientos a la derecha y 3 a la izquierda. Cuando subíamos al tren escuchamos que uno de los guías, le decía a su grupo “siéntense a la derecha”, así que aunque el mensaje no estaba dirigido a nosotros, seguimos la sugerencia. Efectivamente era el lado del tren que tenía la mejor vista.

El ascenso en constante pendiente al Cerro Corcovado, de aproximandamente 700 metros de altura, tarda unos 25 minutos. Los primeros metros transcurre entre casas, algunas muy cercanas a las vías, sucediéndose posteriormente una floresta con vegetación de aspecto tropical. Por momentos la vegetación desaparecía dejando ver a lo lejos otros morros con casas humildes en sus laderas. En el último trayecto tuvimos una excelente vista panorámica, una pequeña muestra de lo que veríamos al llegar arriba. A medida que fuimos ascendiendo comenzamos a percibir la humedad del ambiente, sobretodo en los sectores selváticos, y un aire fresco que me hizo lamentar no haber llevado más abrigo.

Vista desde el tren.

En nuestro vagón viajaban los orientales, que quedaron del otro lado del pasillo. Justo en nuestros alrededores había 3 mujeres de unos 60 años, con sombreros para protegerse del sol, anteojos oscuros y grandes cámaras, que se paraban, se inclinaban, se sentaban, se volvían a parar, se abalanzaban hacia el lado derecho del tren, a tal punto que me rozaban la espalda, todo con el afán de sacar fotos. Estaban desesperadas!!!! Lo peor de todo, es que había momentos en que las veía desesperadas sacando fotos, y al mirar por la ventanilla, no había nada digno de ser fotografiados!!! Si no está hecho habrá que hacer algún estudio sociológico sobre estos turistas.

Cuando bajamos del tren, tuvimos 2 opciones: subir al Cristo por escalera o hacer una fila y subir en ascensor. Ni hablar, que nos fuimos por escalera!!! Qué frío que hacía ahí arriba!!! Ni los 220 escalones nos hicieron entrar en calor!!! Por momentos las ráfagas de viento nos volaban, pero no nos íbamos a quejar… estábamos visitando el Cristo, sin lluvia y a pesar de estar nublado, no había ninguna nube que se interpusiera entre él y nosotros!!! Con eso nos dábamos por satisfechos!!!

La espalda del Cristo de 38 metros de altura, inaugurado el 12 de Octubre de 1931, apareció imponentemente frente a nuestros ojos. Pero paradójicamente, cuando uno va ascendiendo no es lo que más llama la atención, la vista instantáneamente se va a los alrededores.

Cristo Redentor

El mirador del Cerro Corcovado es impresionante!!! Desde lo alto se ve todo!!! Botafogo con los veleros en la bahía y  el Pan de Azúcar, los modernos edificios de la city entre los que se esconde la extraña Catedral, el Maracana, los morros, las favelas, y cuantas cosas más!!! Vale la pena pagar la entrada para admirar el paisaje y visitar este sitio, que no en vano fue declarado una de las siete maravillas del mundo en 2007.

Vista desde Corcovado

Sacarse una estatua con el Cristo es prácticamente imposible debido a la horda de gente que lo visita y el tamaño de la figura. El incensaste el flujo de turistas que se mueve de un lugar a otro en el mirador. Con la vista satisfecha y sintiendo que habíamos alcanzado el gran objetivo del día emprendimos el descenso, que se demoró más de lo previsto, porque justo cuando llegamos a la estación el tren se estaba yendo. Tuvimos que esperar 30 minutos hasta el siguiente.

No salió la cámara en la foto porque la tenía el fotógrafo.

lunes, 28 de octubre de 2013

Paris - Te impacta por lo monumental, te atrapa por los detalles.

By Seba

Julio 2010

Luego de un tranquilo vuelo desde Barcelona, en el cual pude apreciar los Pirineos a los pocos minutos del despegue y la silueta de la Torre Eiffel a poco de aterrizar, llegué al aeropuerto de Orly, en el sur parisino, bien entrada la tarde.
Tenía que llegar a la estación Gare du Nord, en el otro extremo de la ciudad, lo que hice tomando un trasbordo en un tren aéreo (Orlyval) que llegaba a la terminal, y luego empalmando con una línea de subte, lo cual no fue sencillo en pleno horario de regreso a casa.

Mi hostel estaba cerca de la zona de Montmartre. Aprovechando que quedaban unas pocas horas de luz, tomé una calle que ascendía hasta las escalinatas que conducen a la basílica de Sacre Coeur (tengan cuidado en estas zonas con los timadores!). Desde allí no sólo se obtiene una excelente vista de Paris, sino que se tiene la posibilidad de dar un paseo por uno de los barrios más bohemios de la ciudad disfrutando de las tiendas y restaurants (aunque esquivando hordas de turistas).


Sacre Coeur

No pude con mi ansiedad y me tomé el subte desde Anvers hasta la estación Charles de Gaulle –Etoile, para salir a la superficie a los pies del Arco de Triunfo, de cara a la avenida de Champs Elysees.  El fantástico monumento, cuya construcción fue encargada por Napoleón, tiene una clara inspiración en los arcos que construyeron los emperadores de la antigua Roma luego de grandes conquistas. Es posible subir a la parte superior para obtener una vista privilegiada de la avenida más reconocida de la ciudad, y de la famosa torre que visitaría al día siguiente.

Y fue así que el día que tenía pensado recorrer los íconos de Paris era el 14 de julio, el aniversario de la toma de la Bastilla, día nacional de Francia. Las calles y el transporte público estaban desiertos, así que no tuve dificultades en llegar a  la estación Varenne y conocer Les Invalides, el hermoso edificio militar donde descansan los restos del gran almirante corso (nada que ver conmigo –que soy Corzo con “z” – sino de Bonaparte, nacido en la isla de Córcega).  Al caminar unas cuadras, uno se topa con el amplísimo campo de Marte (Champs de Mars), desde donde se tiene una magnífica vista de la Tour Eiffel de cuerpo entero (la camiseta de Racing tuvo su foto de rigor en el lugar). Al acercarse al monumento más fotografiado de la ciudad se oscila entre la admiración y el desencanto, porque no se logra comprender como toneladas de hierros remachados puedan generar algo tan estético: sorprende por su altura, cautiva por su silueta.

Tour Eiffel

Puede subirse hasta distintas alturas de la estructura a través de ascensores o escaleras: está de más decir que la gente pobre como uno sube por escaleras. Me pareció que llegar al segundo nivel era más que suficiente, ya que el soleado feriado francés se había transformado en un día con serias amenazas de lluvia.
Una vez de regreso en suelo  firme, hice mi primer cruce sobre el Sena hacia los Jardines de Trocadero, y de ahí volví a tomar el Metropolitain (el subte) hacia la zona de Champs Elysees, donde se había montado un enorme desfile militar, que incluía desde tanques hasta aviones de combate. Comencé a deambular por el barrio de la iglesia de La Madeleine, el teatro de la Opera y el exclusivo Café de la Paix. Los carteles electrónicos de las calles hacían explícitas advertencias sobre inminentes tormentas eléctricas, así que volví a entrar al subte para llegar al Museo del Louvre. Había una larga fila de más de 100 metros a un costado de la controvertida pirámide de vidrio, pero cuando se desató  el vendaval quedó menos gente, y la mayoría nos refugiamos en las galerías del edificio. La lluvia no escampaba, así que decidí resetear el día, cambiarme la ropa, abrigarme y hacer un almuerzo.

La tarde la comencé con energías renovadas en la Ile de la Cité, una pequeña isla en medio del Sena donde nació la ciudad, y a partir de donde se expandió, tanto durante el Imperio Romano como en la Edad Media. Como buen centro político y religioso, guarda fantásticos tesoros como Notre-Dame, la basílica que data del siglo XII y que impacta por su fachada y por sus detalle arquitectónicos, como las gárgolas (los animalitos que se asoman…), los rosetones o sus pilares externos. A pocos metros está la bellísima Sainte Chapelle, pequeña pero destacada por sus impresionantes vitrales. Y sobre la misma calle, La Conciergerie, actual Palacio de Justicia, pero que supo ser residencia real entre los siglos X y XIV y lugar de reclusión y guillotina durante la Revolución Francesa.

La Conciergerie y el Sena

Saliendo de la Ile de la Cite se ingresa al Barrio Latino (Latin Quartier), el cual tiene callecitas muy lindas para caminar, como la Rue Mouffetard. Caminando un par de cuadras es posible encontrar el edificio del Pantéon, donde descansan los restos de destacadas figuras de la historia francesa.

Tenía intenciones de ver la Tour Eiffel  de noche, así que me tomé el subte al atardecer. La imagen de la torre cuando el metro cruza el Sena por un puente es increíble! Tuve la enorme suerte que por ser un día de fiesta nacional, hubo un magnífico espectáculo de fuegos artificiales, juegos de luces y música.
Estimo que había cientos de miles de personas en el Campo de Marte, sentados a los pies de la torre, con sus máquinas fotográficas en mano, dispuestos a disfrutarlo. La verdad que nos fuimos enormemente satisfechos, y aunque la desconcentración de la multitud no fue sencilla, la tomé con calma y pude disfrutar de Los Invalides iluminado, con increíbles tonos dorados en medio de la noche.

Al día siguiente tenía que cambiar de hostel: como me habían confirmado la fecha del viaje a último momento (en realidad me habían mandado a Londres a un curso) no había mucha disponibilidad en alojamientos económicos. El Aloha hostel estaba en un barrio al sur del Sena, a unas cuadras de la estación del metro Volontaires. De ahí me fui a la zona del Puente Alexandre, y recorrí Champs Elysees, con la infaltable visita a la tienda de Nike del PSG y a la de Adidas, en donde me compré la camiseta del Olympique de Lyon de Lisandro Lopez.

Tour Eiffel y Pont Alexandre

En mi segundo día completo en Paris tuve revancha en el Louvre, al que ingresé luego de hacer un rato de cola. Adentro había multitudes, sobre todo en las salas de la Gioconda (una obra de tamaño muy pequeño, es curiosa su excesiva fama) o la Venus de Milo. Así que hice visita de médico y salí a los Jardines de las Tullerias, que es un lugar realmente hermoso tanto para caminar, como para sentarse en las sillas “free”, disfrutando de las obras de arte moderno, de los juegos para niños, de las flores, de las fuentes, y –por qué no– de una creppe con nutella.

Ingreso al Museo del Louvre

Por la tarde hice una recorrida por el cementerio de Montparnasse, donde infructuosamente busqué la tumba de Julio Cortázar. El camino de vuelta me encontró paseando por los Jardines de Luxemburgo, y la zona del boulevard Saint Germain y la Sorbona.

Jardines de Luxemburgo

Las piernas ya no me daban más: después de 20 días caminando por las ciudades de Europa, en pleno verano, durmiendo poco en los hostels, comiendo porquerías y tomando cerveza tenía que pensarlo dos veces antes de caminar hacia algún lado! Así que decidí cerrar el día sacando unas fotos nocturnas del Arco de Triunfo y Champs Elysees, antes de volver a cenar al hostel.

Champs Elysees y Arco de Triunfo

La mañana siguiente arrancó a las 6 am, ya que tenía que tomar el tren en Gare du Nord para ir a Brujas. Arrastrando la valija hasta la estación del subte, me dí cuenta a la vuelta del hostel, donde unos adolescentes británicos casi no me habían dejado dormir, había vivido el artista catalán Joan Miró. Una pequeña placa y una escultura de su autoría así lo atestiguaban. Paris me despedía con una sorpresa, y con la sensación que por el poco tiempo que pude dedicarle a la ciudad me había perdido muchísimas perlas semiocultas.

domingo, 13 de octubre de 2013

Londres, la capital del mundo

By Seba

Mayo 2009

Luego de poco más de 5 horas de un apacible viaje en tren desde Glasgow, llegaba a la estación Euston de Londres a las 18hs del 13 de Mayo de 2009.
Una corta caminata me depositó en mi hostel ubicado a metros de Rusell Square, en el barrio de Bloomsbury, bien cerca del British Museum. El día había sido largo, había comenzado bien temprano en Inverness, en las highlands escocesas, así que no tenía previsto dar muchas vueltas: caminé por los negocios de Oxford St y me acosté bien temprano.

La mañana del Jueves 14 arrancó bien temprano, con un rápido desayuno en un café cercano. El día era típicamente londinense: brumoso, nublado, fresco. Empecé a caminar sin rumbo definido hasta que sin querer llegué a Trafalgar Square, donde está la columna de Nelson, en honor a quien venció a la armada napoleónica a principios del siglo XIX, muriendo en la batalla.
Estaba a pocas cuadras del Thames (Támesis), y muy cerca de Houses of Parliament y el Big Ben. Durante unos años uno observó  fotos de esos lugares en los libros de inglés, parecían siempre tan lejanos… Sentirme tan cerca aumentaba la ansiedad.
Hungerford Bridge es un lugar ideal para tener un panorama completo de este complejo de edificios, con el agregado del moderno London Eye en la margen opuesta. 

Houses of Parliament y Big Ben

Luego de las fotos de rigor volví a cruzar el río por Westminster Bridge, y dando la vuelta al Parlamento me encontré con la abadía homónima, que es realmente imponente. En ese lugar se coronaron todos los reyes británicos desde Guilliermo el Conquistador en el 1066, y los restos de la mayoría de ellos descansan allí. También es escenario habitual de las bodas reales, como la reciente de Kate y William, o la de Lady Di y Carlos. El ingreso cuesto cerca de 20 libras, y está estrictamente prohibido sacar fotos, lo cual es una lástima porque el interior está lleno de tesoros artísticos y secretos históricos.
Saliendo por el frente de la abadía, la caminata te lleva naturalmente a la simetría de St James Park, desembocando en Buckingham Palace, una de las residencias de la realeza británica.
Aproveché para sumarme a un walking free tour que salía desde Wellington Arch. Tenía la chance de ir con un guía que hablaba español, pero preferí quedarme con uno en inglés. El tour no fue tan divertido como el de Edinbugh, pero fue una buena manera de recorrer Green Park, ver el cambio de guardia en Buckingham, caminar por Pall Mall, Admiralty Arch y Downing Street (residencia del primer ministro).

Cambio de guardia en Buckingham Palace

La línea azul del Underground (Picadilly Line) –Mind the gap between the train and the platform-  te lleva hasta el barrio de South Kensington. Más allá de una placentera caminata por los Kensington Gardens, se puede disfrutar del Royal Albert Hall (lugar de conciertos y eventos), del Victoria & Albert Museum, del Museo de Ciencias Naturales (con muchísimos dinosaurios!), de las tiendas Harrods, y de las deliciosas calles, con construcciones tan armónicas y simétricas.

Kensington Gardens

A pesar de la inestabilidad del tiempo, hice mi primer paso por la zona de Picadilly Circus, Leicester Square y Covent Garden, que son áreas comerciales, con mucha oferta de espectáculos, y varios lugares para comer fish and chisps al paso. En esta zona se compran los tickets con descuentos, y si bien tenía ganas de ver fútbol no estaba tan dispuesto a pagar casi 200 libras para ver al Tottemham Hotspur que jugaba ese fin de semana en White Hart Lane.
Ya con una persistente garúa finita, me refugié en el Tate (el museo de arte moderno) que como todos los museos de Londres es gratuito. Tiene obras muy interesantes y otras un tanto discutibles, como todo museo de arte moderno, pero me pareció más divertido que el MOMA de Nueva York. A la salida del museo, se cruza el río por el Millenium Bridge para visitar St Paul: la catedral se destaca por su enorme cúpula que domina la margen derecha del Támesis. El día había sido agotador, y aún quedaban muchas cosas por conocer!

El viernes 15 tenía pensado arrancar el día el Tower Of London. El complejo tiene varios edificios dentro de las murallas lindantes al río, y entre sus atractivos se destacan los salones donde se guardan las joyas de la corona. La Torre de Londres fue castillo, residencia, prisión y hoy es atractivo turístico por excelencia. Vale la pena pagar la audioguía para ir conociendo en cada rincón detalles de la historia del lugar: los aposentos de Edward Longshanks (el malo de Braveheart), Traitors Gate, el lugar de reclusión de Ana Bolena, etc. El mes en el que fui había una exposición especial de trajes de guerra de Enrique VII (el de The Tudors), que estuvo más que interesante.

Modernos edificios desde Tower of London

Al salir de Tower of London es imposible no sacarle unas cuentas fotos al Tower Bridge, el famosísimo puente colgante (no confundir con London Bridge, el puente de la canción es otro!)

Tower Bridge

Aprovechando que estaba en el East End, la zona más vieja y oscura de Londres, recorrí la zona de Temple Church (fugazmente ilustrada en El Código Da Vinci), y luego me metí en otro walking tour que prometía seguir los pasos de Jack the ripper (Jack el destripador). Más allá de mostrarte algunas cosas donde cometió sus crímenes y de mostrarte sus modus operandi, resultó ser un poco aburrido y me fui antes de tiempo. Tomé el subte hasta Camden Town, que sería el distrito punk-vintage de Londres. Sacando algunos puestos callejeros que vendían remeras, no me pareció tan bohemio como prometía, aunque tengo que admitir que no le dediqué todo el tiempo que merecía.

La mañana del sábado 16 comenzó con una recorrida por Regent’s Park. Los parques londinenses son realmente muy lindos, con sus estanques, sus patos y sus innumerables caminos. Debe ser muy divertido salir a correr por Londres, todos los fines de semana un recorrido diferente. Pero mi verdadero motivo para arrancar por esta zona de Londres era ir a Baker Street, a la casa de Sherlock Holmes! El detective creado por Sir Arthur Conan Doyle vivía en el 221 B de esta calle. Si bien el número no existe, hoy se “creó” esa dirección para alojar un museo alusivo a las novelas y los cuentos, donde se replica la casa en la que el personaje vivía con su compañero, el doctor Watson.

Estación Baker Street

Cómo era sábado, me fui hasta Notting Hill, para recorrer el mercado callejero de Portobello Road. Es un lugar ideal para comprar productos frescos y antigüedades. La atmósfera es relajada, y las coloridas puertas de las casas hacen que el barrio sea delicioso. Vale la pena visitarlo, y no sólo para sacarle la foto a la librería de la película de Hugh Grant. Cerca de ahí está la zona de Holland Park, con toda la tranquilidad de sus amplias calles, flanqueadas por casonas y residencias de embajadores. Sería el equivalente a Barrio Parque de Buenos Aires.
La tarde se prestaba para pasear y seguir caminando por la zona de Covent Garden, y para terminar en el London Eye. Esta enorme rueda de bicicletas hace un giro completo en 30 minutos. Desde las cápsulas cerradas se tienen vistas espectaculares del río, del Parlamento, del Big Ben, de Westminster Abbey. Si el día está claro y la visibilidad es óptima las fotos salen lindísimas.

Desde London Eye

El domingo era el último día de mi viaje. Las piernas estaban cansadas de tanto caminar, y ya había visto la mayoría de las cosas. Me castigué con un doble desayuno, en Starbucks primero y luego en un café Nero. En el medio, hice una visita al British Museum, que guarda joyas de la historia de Grecia, Egipto, América Precolombina y Oriente Medio, denotando el espíritu colonialista y saqueador que supo tener el Imperio Británico. Con la sensación de que esas reliquias deberían estar en sus lugares de origen y no en Londres, y con ganas de pasar por arriba a las hordas de turistas ponjas que se aprovechan de la gratuidad del museo, salí para comprar las últimas chucherías, souvenirs y alguna oferta de ropa deportiva en SportsDirect. No me privé de ir hacia el norte para bajar en la estación Arsenal y ver el imponente Emirates Stadium, al menos desde afuera. Se acercaba la hora de retirar el equipaje del hostel y tomar nuevamente la línea azul hasta Heathrow y escuchar Mind the Gap por última vez.

Londres revalida a cada paso su título de capital del mundo, tan cosmopolita como NY pero con un estilo propio, mezcla de los sofisticado y lo relajado, de los estricto y lo creativo. Salir del underground en cualquier estación y caminar sin dirección es una excursión en si misma, lo que hace que uno tenga ganas de regresar a la ciudad una y otra vez, sabiendo que no se va a aburrir nunca.

domingo, 6 de octubre de 2013

Puerto Yeruá - Qué hacemos?

By Sole

El día siguiente amaneció soleado, prometía ser un gran día. Como teníamos planificado, nos fuimos a Concordia, ciudad que está a unos 33 km, a pasar parte del día y almorzar. Lo que restaba del sábado, domingo y la mañana del lunes lo pasamos en Yeruá.

Qué hicimos todo ese tiempo?
- Descansamos! Si hay algo para lo que se presta Yeruá, es para descansar. Si están estresados, cansados de la ciudad, los piquetes, y los ruidos molestos, este es el lugar indicado! Nos levantábamos con el canto de los pájaros, que era lo único que escuchábamos mientras desayunábamos en el porche de la casa. Apenas si pasaba un auto, menos aún alguien caminando. Nada de gritos, bocinazos, frenadas ni gente gritando. Ideal para sentarse a tomar mate, pensar, leer, etc.
En verano, fundamental tener una piletita para descansar y al mismo tiempo sobrevivir al calor extenuante de la zona.
  

Amanecer en Yeruá.

- Intentamos pescar desde la costa. No pescamos nada en 3 días!!! Existen zonas, públicas y privadas –camping-, desde donde se accede a la costa del río Uruguay, en cuyas aguas es posible pescar dorados, bogas y tarariras, entre otras especies. Nosotros fuimos un par de veces al sector que era público y no conseguimos sacar nada!

- Intentamos pescar embarcados. El último día contratamos una excursión de pesca en “Puerto Yeruá Pesca”. Sólo por el hecho de haber subido a la lancha, me incluyo en la excursión; únicamente me limité a sacar fotos y tomar sol en las 4 horas que estuvimos dando vueltas por el río.  Navegamos hacia distintos puntos del mismo donde la ecosonda de la lancha indicaba que había peces, permanecimos un rato en cada uno de estos lugares, y nada. También intentaron haciendo trolling, y tampoco resultó. Saco como positivo del día, que había sol y con las ropa que habíamos llevado no sentimos frío, y que no me maree ni tuve nauseas cada vez que la lancha desaceleraba y se balanceaba producto de las olas generadas por el movimiento previo de la embarcación. Además, durante el recorrido, tuvimos una linda vista tanto de la costa uruguaya como argentina.



- Caminamos por el pueblo. El domingo, después de desayunar nos fuimos a recorrer el pueblo. Hasta ese momento sólo lo habíamos visto desde el auto, así que esa mañana decidimos caminarlo, que es la manera en que mejor se conoce un lugar. Salimos hacia la zona “céntrica” tomando algunas referencias, como el cartel de la despensa más cercana, para no perdernos y poder regresar ante la ausencia de carteles indicativos del nombre de calle, al menos donde nosotros estábamos. Cuando llegamos a la zona más civilizada descubrimos que las calles céntricas, sí tenían nombres. Los primeros metros nos dió la sensación de estar en el campo. Nos cruzamos con terrenos con vacas, ovejas, gallinas y hasta una mula, que se acercó a la cerca cuando pasamos.



También nos saludaron algunos perros callejeros, incluido flacucho que estaba recostado junto a otro can en la puerta de una casa. Parecían ser perros de todos, pero a la vez de nadie. Seguramente reciban comida y algo de afecto de todos los vecinos, lo que no sé si alguien se ocupa de llevarlos a la veterinaria, vacunarlos, etc. Dicho sea de paso, pasamos por la puerta de varias despensas, y en una había un cartel que indicaba que ese día iba a estar “atendiendo la veterinaria”.



Dimos una vuelta por la plaza principal, que estaba muy bien arreglada, con el pasto cortado, e incluía juegos para niños y un pequeño anfiteatro. Como corresponde, frente a la plaza: la iglesia. Como era domingo por la mañana había misa en la pequeña Iglesia San Isidro Labrador; nos limitamos a mirarla desde afuera.



Seguimos caminando hacia el lado del río, donde está emplazado el Complejo Puerto Yeruá de Bungalows. Barranca abajo había una especie de camping municipal con parrillas y techitos, estacionamiento y bajada de lanchas. Realmente un lugar muy bonito.
En el regreso hacia nuestra casa, intentamos comprar pan, pero… el único local que tenía la inscripción “Panadería” - La Potota-  estaba cerrado!!! Me costó creer que algo que se llama panadería estuviese cerrado un domingo a las 11 de la mañana! Optamos por comprar pan en la despensa, donde teníamos que ir de todas maneras a comprar víveres para el almuerzo. Nos llamó la atención la variedad de productos que vendían en ese lugar: golosinas, lácteos, vegetales, frutas, productos de almacén, gaseosas, bebidas alcohólicas –incluido Cerveza Guiness-, figazas y productos de regalería. Super completo, y a precios que no nos parecieron una locura.
Emprendimos el regreso, por las pocas calles pavimentadas de la zona más céntrica, continuando con las de ripio con canto rodado, que eran las predominantes del lugar.

- Caminamos por pequeñas selvas en galería al costado del río. En las inmediaciones del río existen pequeños senderos, que no creo que tengan más de 500 metros de extensión, que transcurren en selvas en galería. Muy recomendable, sobretodo si uno va con niños para tomarlo como “un viaje a la selva”, aunque sin animales. A diferencia de las selvas en galería que habíamos visto en el Palmar, acá no había excrementos que indicasen la presencia de carpinchos.

- Comimos! Eso nadie lo puede negar! Hubo pizza, asado, picada, fideos, y hasta tarta y empanadas del “Comedor”. Cuando pasamos cerca del galpón que tenía ese cartel al principio pensamos que se trataba de un comedor comunitario, pero después averiguamos que era el restaurant, que vendía comida para llevar. Cuando fuimos sólo había tarta de jamón y queso, y empanadas de carne, a un precio super accesible y de buena calidad. Hay que ajustarse a lo que hay!
A falta de panadería para comprar facturas, de casualidad encontramos pastelitos. El domingo a la tarde mientras dábamos una vuelta con el auto descubrimos en una esquina a una señora que vendía pastelitos de membrillo, batata o dulce de leche, que estaban expuestos sobre un caballete en la vereda. Ricos.

Conclusión: Es un lugar ideal para los que quieran desconectarse de la rutina, descansar, pescar, y disfrutar un asadito o aunque sea unos mates con pastelitos en familia.