domingo, 13 de octubre de 2013

Londres, la capital del mundo

By Seba
Mayo 2009

Luego de poco más de 5 horas de un apacible viaje en tren desde Glasgow, llegaba a la estación Euston de Londres a las 18hs del 13 de Mayo de 2009.
Una corta caminata me depositó en mi hostel ubicado a metros de Rusell Square, en el barrio de Bloomsbury, bien cerca del British Museum. El día había sido largo, había comenzado bien temprano en Inverness, en las highlands escocesas, así que no tenía previsto dar muchas vueltas: caminé por los negocios de Oxford St y me acosté bien temprano.

La mañana del Jueves 14 arrancó bien temprano, con un rápido desayuno en un café cercano. El día era típicamente londinense: brumoso, nublado, fresco. Empecé a caminar sin rumbo definido hasta que sin querer llegué a Trafalgar Square, donde está la columna de Nelson, en honor a quien venció a la armada napoleónica a principios del siglo XIX, muriendo en la batalla.
Estaba a pocas cuadras del Thames (Támesis), y muy cerca de Houses of Parliament y el Big Ben. Durante unos años uno observó  fotos de esos lugares en los libros de inglés, parecían siempre tan lejanos… Sentirme tan cerca aumentaba la ansiedad.
Hungerford Bridge es un lugar ideal para tener un panorama completo de este complejo de edificios, con el agregado del moderno London Eye en la margen opuesta. 

Houses of Parliament y Big Ben

Luego de las fotos de rigor volví a cruzar el río por Westminster Bridge, y dando la vuelta al Parlamento me encontré con la abadía homónima, que es realmente imponente. En ese lugar se coronaron todos los reyes británicos desde Guilliermo el Conquistador en el 1066, y los restos de la mayoría de ellos descansan allí. También es escenario habitual de las bodas reales, como la reciente de Kate y William, o la de Lady Di y Carlos. El ingreso cuesto cerca de 20 libras, y está estrictamente prohibido sacar fotos, lo cual es una lástima porque el interior está lleno de tesoros artísticos y secretos históricos.
Saliendo por el frente de la abadía, la caminata te lleva naturalmente a la simetría de St James Park, desembocando en Buckingham Palace, una de las residencias de la realeza británica.
Aproveché para sumarme a un walking free tour que salía desde Wellington Arch. Tenía la chance de ir con un guía que hablaba español, pero preferí quedarme con uno en inglés. El tour no fue tan divertido como el de Edinbugh, pero fue una buena manera de recorrer Green Park, ver el cambio de guardia en Buckingham, caminar por Pall Mall, Admiralty Arch y Downing Street (residencia del primer ministro).

Cambio de guardia en Buckingham Palace

La línea azul del Underground (Picadilly Line) –Mind the gap between the train and the platform-  te lleva hasta el barrio de South Kensington. Más allá de una placentera caminata por los Kensington Gardens, se puede disfrutar del Royal Albert Hall (lugar de conciertos y eventos), del Victoria & Albert Museum, del Museo de Ciencias Naturales (con muchísimos dinosaurios!), de las tiendas Harrods, y de las deliciosas calles, con construcciones tan armónicas y simétricas.

Kensington Gardens

A pesar de la inestabilidad del tiempo, hice mi primer paso por la zona de Picadilly Circus, Leicester Square y Covent Garden, que son áreas comerciales, con mucha oferta de espectáculos, y varios lugares para comer fish and chisps al paso. En esta zona se compran los tickets con descuentos, y si bien tenía ganas de ver fútbol no estaba tan dispuesto a pagar casi 200 libras para ver al Tottemham Hotspur que jugaba ese fin de semana en White Hart Lane.
Ya con una persistente garúa finita, me refugié en el Tate (el museo de arte moderno) que como todos los museos de Londres es gratuito. Tiene obras muy interesantes y otras un tanto discutibles, como todo museo de arte moderno, pero me pareció más divertido que el MOMA de Nueva York. A la salida del museo, se cruza el río por el Millenium Bridge para visitar St Paul: la catedral se destaca por su enorme cúpula que domina la margen derecha del Támesis. El día había sido agotador, y aún quedaban muchas cosas por conocer!

El viernes 15 tenía pensado arrancar el día el Tower Of London. El complejo tiene varios edificios dentro de las murallas lindantes al río, y entre sus atractivos se destacan los salones donde se guardan las joyas de la corona. La Torre de Londres fue castillo, residencia, prisión y hoy es atractivo turístico por excelencia. Vale la pena pagar la audioguía para ir conociendo en cada rincón detalles de la historia del lugar: los aposentos de Edward Longshanks (el malo de Braveheart), Traitors Gate, el lugar de reclusión de Ana Bolena, etc. El mes en el que fui había una exposición especial de trajes de guerra de Enrique VII (el de The Tudors), que estuvo más que interesante.

Modernos edificios desde Tower of London

Al salir de Tower of London es imposible no sacarle unas cuentas fotos al Tower Bridge, el famosísimo puente colgante (no confundir con London Bridge, el puente de la canción es otro!)

Tower Bridge

Aprovechando que estaba en el East End, la zona más vieja y oscura de Londres, recorrí la zona de Temple Church (fugazmente ilustrada en El Código Da Vinci), y luego me metí en otro walking tour que prometía seguir los pasos de Jack the ripper (Jack el destripador). Más allá de mostrarte algunas cosas donde cometió sus crímenes y de mostrarte sus modus operandi, resultó ser un poco aburrido y me fui antes de tiempo. Tomé el subte hasta Camden Town, que sería el distrito punk-vintage de Londres. Sacando algunos puestos callejeros que vendían remeras, no me pareció tan bohemio como prometía, aunque tengo que admitir que no le dediqué todo el tiempo que merecía.

La mañana del sábado 16 comenzó con una recorrida por Regent’s Park. Los parques londinenses son realmente muy lindos, con sus estanques, sus patos y sus innumerables caminos. Debe ser muy divertido salir a correr por Londres, todos los fines de semana un recorrido diferente. Pero mi verdadero motivo para arrancar por esta zona de Londres era ir a Baker Street, a la casa de Sherlock Holmes! El detective creado por Sir Arthur Conan Doyle vivía en el 221 B de esta calle. Si bien el número no existe, hoy se “creó” esa dirección para alojar un museo alusivo a las novelas y los cuentos, donde se replica la casa en la que el personaje vivía con su compañero, el doctor Watson.

Estación Baker Street

Cómo era sábado, me fui hasta Notting Hill, para recorrer el mercado callejero de Portobello Road. Es un lugar ideal para comprar productos frescos y antigüedades. La atmósfera es relajada, y las coloridas puertas de las casas hacen que el barrio sea delicioso. Vale la pena visitarlo, y no sólo para sacarle la foto a la librería de la película de Hugh Grant. Cerca de ahí está la zona de Holland Park, con toda la tranquilidad de sus amplias calles, flanqueadas por casonas y residencias de embajadores. Sería el equivalente a Barrio Parque de Buenos Aires.
La tarde se prestaba para pasear y seguir caminando por la zona de Covent Garden, y para terminar en el London Eye. Esta enorme rueda de bicicletas hace un giro completo en 30 minutos. Desde las cápsulas cerradas se tienen vistas espectaculares del río, del Parlamento, del Big Ben, de Westminster Abbey. Si el día está claro y la visibilidad es óptima las fotos salen lindísimas.

Desde London Eye

El domingo era el último día de mi viaje. Las piernas estaban cansadas de tanto caminar, y ya había visto la mayoría de las cosas. Me castigué con un doble desayuno, en Starbucks primero y luego en un café Nero. En el medio, hice una visita al British Museum, que guarda joyas de la historia de Grecia, Egipto, América Precolombina y Oriente Medio, denotando el espíritu colonialista y saqueador que supo tener el Imperio Británico. Con la sensación de que esas reliquias deberían estar en sus lugares de origen y no en Londres, y con ganas de pasar por arriba a las hordas de turistas ponjas que se aprovechan de la gratuidad del museo, salí para comprar las últimas chucherías, souvenirs y alguna oferta de ropa deportiva en SportsDirect. No me privé de ir hacia el norte para bajar en la estación Arsenal y ver el imponente Emirates Stadium, al menos desde afuera. Se acercaba la hora de retirar el equipaje del hostel y tomar nuevamente la línea azul hasta Heathrow y escuchar Mind the Gap por última vez.

Londres revalida a cada paso su título de capital del mundo, tan cosmopolita como NY pero con un estilo propio, mezcla de los sofisticado y lo relajado, de los estricto y lo creativo. Salir del underground en cualquier estación y caminar sin dirección es una excursión en si misma, lo que hace que uno tenga ganas de regresar a la ciudad una y otra vez, sabiendo que no se va a aburrir nunca.

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