domingo, 16 de abril de 2017

Tren a Beijing con "el hombre extraordinario"!!!

By Sole

31 de Octubre 2015

A las 5:45 hs ya estábamos arriba. Era tan temprano cuando hicimos el check out que ni siquiera estaba abierto el desayunador, teniendo que partir en ayunas… ya iba a haber tiempo para tomar algo en la estación de tren. Precavidos, ya habíamos reservado el taxi para ir a la North Station. Si bien teóricamente el viaje tomaba entre 30 y 45 minutos, apenas tardamos 20, terminando con casi una hora de espera por delante.

Nos encontramos con una sala de espera de gran tamaño con una sucesión de hileras de asientos. A esa hora ya había bastante gente esperando con sus termos de té en mano. Los dos mini markets que había estaban cerrados (recién abrieron a las 7:10 hs). Previendo esta situación, el día anterior habíamos comprado una botella de “café frío” o al menos eso pensamos por los dibujos de unos granos de café. No estaba feo pero era raro, parecía más una chocolatada con un dejo de jazmín. Antes la falta de otra opción lo tomamos con muchas ganas.

A las 7:20 hs ya estábamos parados justo en el lugar donde iba a abrirse la puerta de nuestro vagón de acuerdo a las marcas del piso. Suzhou era una de las paradas de la formación que había partido desde Shanghai minutos antes y tenía por destino final Beijing. Haciendo honor a su gran competitividad, Seba se mantuvo estoico al frente de la fila que rápidamente se había transformado en un tumulto con chinos por todos lados. Recordando experiencias previas dijimos “entremos al chinese style” y nos dispusimos a pelear por nuestro lugar como si se tratase de una competencia. Como corresponde entramos al tren entre golpes de todos lados; si bien los asientos estaban numerados había que encontrar un lugar para colocar las valijas.



Nos ubicamos en nuestros en nuestras butacas sin problemas. La segunda clase de este tren de alta velocidad que alcanzaba unos 305 km/ hora tenía 2 asientos de un lado y 3 del otro.

El interior del tren

Máxima velocidad!!!

Como teníamos varias horas por delante de viaje nos habíamos asegurado de tener las mochilas bien aprovisionadas con snacks, libros, música (con sus correspondientes auriculares), libreta para escribir y algún Sudoku. Compitiendo con todos estos entretenimientos también estaban nuestros compañeros de tren…

Pongámonos en contexto. Nuestros asientos estaban del lado en que había 3. Seba –como se fuese un niño- se sentó junto a la ventanilla y yo quedé en el del medio. Maldito el momento en que distribuimos los lugares!!!

Seba de por medio tenía la vista de la ventanilla, uno de los grandes atractivos de los viajes diurnos– sobre todo cuando uno hace el recorrido por primera vez-. Salvo por algunas zonas aisladas de campos sembrados o estanques donde criaban patos, el resto del paisaje fue muy parecido a lo que habíamos visto en otros viajes predominando los clusters de torres de edificios separados por terrenos baldíos entre sí.

Sentado en el asiento del otro lado había un chino de unos 40 o 50 años –es muy difícil estimar la edad de los orientales- que resultó ser un hombre "extra-ordinario"!!! Ni bien nos acomodamos comenzó emitiendo varios eructos, siguió con un bostezo bien ruidoso, un par de pedos, y tosió otro tanto; solo le falto escupir un buen gargajo en el suelo. Luego de todas las ruidosas emanaciones de gases por diversos orificios tuvo un poco de frío y se colocó la campera sobre los hombros dejando caer libremente una de las mangas arriba mío; luego de que se la corrí un par de veces se le ocurrió que tal vez estaba invadiendo el asiento de al lado, y la corrió. Creen que esto fue todo? Obvio que no!!! A falta de uno, tenía dos celulares que estuvieron sonando gran parte del viaje. Para darle un toque final a su falta de civilidad concluyó mirando reiteradamente un video de una pelea callejera a todo volumen, y compartiendo algunos mensajes de voz con todos los que estábamos alrededor. Si bien el tren hizo varias paradas, el hombre “extra-ordinario” recién abandonó su asiento en la estación previa a Beijing, dejándonos disfrutar un ratito de su ausencia.

El otro punto remarcable del viaje fue lo que sucedió entre las 11 y 11:30 hs cuando casi todo el pasaje se fue parando sucesivamente para buscar agua hirviendo para reconstituir sus sopas instantáneas y calentar al vapor recipientes con arroz, carnes y salsas que parecían venir envasados al vacío. Apostaría que en esa media hora se acabaron las reservas de agua caliente del tren. Olores al por mayor. Nosotros no nos quedamos atrás y para no desentonar nos pelamos unos manicitos salados y especiados…

Puntualmente a las 12:42 llegamos a Beijing. Tengo que admitir que en cuanto a la puntualidad del transporte público los chinos son admirables. Otro de los aspectos que comparten con los países del primer mundo es la excelente conexión entre aeropuertos y terminarles de tren o subte, sin tener que estar tomando taxis en el medio.

Ni bien entramos en la estación de tren encontramos los carteles que nos fueron indicando como llegar al metro. En pocos minutos estábamos junto a las máquinas expendedoras de pasajes. Me quedé en un costado con las valijas mientras Seba se acercó a comprar los pasajes. Fue muy curioso ver que a esta altura del viaje su habilidad en el manejo de estos aparatos superaba ampliamente a la de muchos de los chinos que estaban ahí. Solo se me ocurre pensar que para algunos era su primera experiencia con esas boleterías no humanas…

Tras pasar por los ya habituales controles de seguridad y molinete nos reencontramos con el subte de Beijing y sus múltiples combinaciones entre líneas que siempre nos habían llevado a destino. Recordamos la larga combinación subterránea con la línea 1... son tantos metros de caminata subterránea que parece que atraviesa medio China. En esa oportunidad habíamos elegido un alojamiento totalmente diferente al de la llegada tanto en ubicación como estilo. Cuando bajamos en la estación Dongdan, en lugar de los hutongs caíamos en la intersección de dos anchas avenidas bordeadas de lujosos edificios. Era tanta la circulación en esas calles que para cruzar había que utilizar puentes y/o túneles.

Tras caminar una cuadra llegamos al pretencioso "Inner Mongolia Grand hotel Wangfujing". La elección de alojamiento había sido basada en su cercanía con los shoppings y el subte. De las opciones que encontramos en la zona ese fue el que menos nos disgustó; los grandes hoteles al igual que los de las conocidas cadenas no son nuestros favoritos y en general optamos por pequeños establecimientos u hosterías.

Hicimos check in, tocándonos en suerte la habitación 624 con un cartel en la puerta que anunciaba “non-smoking room”. Cuando bajamos del ascensor ya nos había llamado la atención el olor a cigarrillo el cual se intensificó aun más al ingresar al baño de la habitación. Para los no fumadores puede resultar muy desagradable un ambiente con ese hedor. Sacando ese “pequeño” y oloroso detalle la habitación estaba bien; era amplia y cómoda.

Dejamos el equipaje y salimos a recorrer lo que nos había quedado pendiente, no había tiempo que perder!!! Aprovechando que era sábado fuimos al mercado de pulgas de Punjiayuan que estaba recomendado en la guía… tal vez encontrábamos algún regalito. Tras bajar del subte y caminar unos 50 metros por una vereda con varios vendedores ambulantes, encontramos un gran predio parcialmente techado con una infinidad de puestos y algunos “manteros”. Los puestos estaban agrupados por tipo de productos: libros y láminas (todo 100% en chino), collares y pulseras de piedras, malas o “rosarios” budistas, ropa tradicional china, adornos de bronce, artesanías en madera, y estatuas para decorar jardines o tal vez algún interior entre las que predominaban los budas, leones y dragones. Había bastante gente comprando o al menos intentando suerte en el lugar; el regateo estaba a la orden del día. En las inmediaciones había varios hombres con aspectos de matones que nos hicieron acordar mucho a imágenes que habíamos visto de “La Salada” por la tele… no vaya a ser que algún comprador se haga el vivo.



Todo para el jardín!!!

Hoy nos preguntamos: "por qué no compramos uno???"

Dimos una vuelta bastante rápida que fue suficiente para localizar una cajita de madera pintada, simular a las que habíamos visto en Xian y no habíamos comprado para no tener que cargarlas durante todo el recorrido. Luego de unos minutos de regateo nos llevamos el producto. El "pequeño" Seba se fue feliz con su adquisición.

Sin intenciones seguir comprando en ese lugar volvimos a subte para ir hacia Wangfujing –la zona de los shoppings-. Siendo unos minutos antes de las 16:00hs y sin haber almorzado, teníamos la idea de tomar un rico café sentados en un lugar lindo, y después seguir haciendo compras. Aun teníamos algunos yuanes, y varios regalos que comprar; para no arrastrar valijas demasiado pesadas habíamos dejado las comprar para el final.

Tras entrar en el primer Starbucks ubicado en el interior de uno de los shoppings caímos en la cuenta que era sábado por la tarde… la zona explotaba de gente!!! Ni hablar cuando pasamos por el Mc Donald’s con su diminuto Mc Café, lleno de gente criada en el comunismo comiendo hamburguesas del máximo exponente del capitalismo. En una sociedad tan consumista, aun hay vestigios de comunismo? Mao debe estar revolcándose en la tumba mientras escucha como su pueblo succiona Coca Cola con un sorbete blanco con rayas verticales rojas de un vaso extra-large con una gran M en amarillo… No sé cuál fue la razón, pero cuando una de las empleadas nos vio con la cámara en la mano rápidamente se nos acercó para prohibirnos tomar fotos en el interior del local…Las fotos parecen estar prohibidas en el reino de los arcos amarillos.

Mientras seguíamos en la búsqueda de un lugar para merendar nos cruzamos con locales de marcas prohibitivas como Hermes y Prada, y algunas más populares como Zara y H&M. Cuando ya estábamos perdiendo las esperanzas divisamos en el primer piso de una galería comercial un cartel que decía “Bene café”. Sin dudarlo, hacia ahí enfilamos encontrándonos con una cafetería que tenía “un no sé qué” que nos recordó a los cafés occidentales; tal vez el hecho que la proporción de turistas occidentales fuese mucho mayor que en otros sitios puede haber contribuido a esa impresión. La felicidad fue plena al ver que quedaba una mesa libre con dos sillas acolchonadas!!! Placer total tomar un capuccino con tiramisu en ese lugar tan acogedor sentados en silla tan cómodas luego de apenas haber picado algunas galletitas y maní en todo el día.

Como es habitual en China, las mesas vecinas pueden ser una interesante fuente de entretenimiento o al menos el escenario de  un  estudio sociológico. A muy corta distancia teníamos dos chicas adolescentes sentadas frente a dos grandes copones repleto de algo que parecía un smoothie de té verde con lluvia de hojuelas de chocolate y un copete de crema, y una bollería. Sin exagerar estuvieron 15 minutos sacando fotos a la comida desde distintos ángulos, y pasándose los celulares para sacarse fotos entre sí. Los que teníamos al lado estuvieron casi todo el tiempo con la mirada fija en los respectivos celulares casi sin intercambiar palabras; tal vez estaban chateando entre sí… Luego de tantos días por estos lares aún me sorprendía el excesivo uso del celular al menos en los lugares públicos. Muchos parecían viajar en el subte, e incluso ir caminando como si estuvieran hipnotizados con la mirada fija en estos dispositivos electrónicos con pantallas extra grandes. Los hemos visto intercambiar mensajes de texto, sacar todo tipo de fotos -muuuchas selfies-, jugar a algo similar a un “Candy crush”, leer  e incluso mirar telenovelas.

Fue sin dudas una parada muy entretenida, reparadora y sabrosa... Mirando hacia atrás sólo podemos decir qué suerte que Starbucks y Mc Café estaban llenos, sino nunca hubiésemos conocido este otro café en el que nos sentimos muy cómodos!!!

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