viernes, 8 de julio de 2016

Descubriendo la potencia mundial del siglo XXI

By Seba

¿Cómo se habrá sentido Marco Polo, el mercader veneciano, cuando llegó a China hace 700 años? ¿Cuales habrán sido sus impresiones, siendo uno de los primeros europeos en recorrer la Ruta de la Seda llegando al Lejano Oriente?
Si en pleno 2015 -siendo China el país más poblado con el segundo PBI del mundo-  sigue resultando un enorme choque cultural, no queremos imaginarnos lo que habrá sido para Marco Polo llegar en la Edad Media a una tierra tan grande, con una cultura tan antigua, con unas formas de comunicarse muy difíciles de comprender y aprender, y con costumbres tan particulares.

Arroz y montañas, postales de China

Lo primero que se nota al llegar a China, es que está llena de chinos. Parece obvio, pero hay que tomar literalmente el significado de “llena”: hay chinos en todos los rincones, es difícil sacar una foto y que no se te cruce uno. Desde tiempos inmemoriales los chinos piensan que son el centro del mundo, y en parte puede ser que tengan razón. Esto los lleva a vivir en una especie de gran isla, con una cultura que no se “contaminó” de la influencia extranjera, y que los vuelve muy singulares. Esa singularidad se plasma en cada elemento de la vida cotidiana, se empieza a sentir ni bien llegado al aeropuerto y se vive en cada momento, al punto que luego de unos días puede llegar a ser agobiante y cansador.

Muchos chinos

Desde el prejuicio que cualquier occidental puede tener antes de viajar, asumimos que la moderna economía capitalista china le abría las puertas al turismo global y ponía a su disposición a grandes masas de chinitos muy trabajadores moldeados y amansados por años de dictadura comunista. Nada más alejado de la realidad.

Y no lo digo porque el régimen de Mao Zhedong no haya sido una dictadura nefasta*, sino porque nos encontramos con un país donde el turismo florece, pero impulsado fundamentalmente por el turismo interno: en las grandes atracciones, como la Ciudad Prohibida o los Guerreros de Terracota, no menos del 95% de los turistas son chinos en masa arrasando con todo cual langostas.

El común del ciudadano chino suele ser bastante tranquilo e incluso amable, tal vez un poco parco o tímido, seguramente intimidado por seres de ojos redonditos. Es usualmente sencillo, tanto en sus formas de vestir, como en sus comidas y gustos. No podríamos llamarlo irrespetuoso, a pesar que se la pase gargajeando y tirándose pedos en público sin el menor pudor. 

El verdadero problema viene con el chino turista, aquel que sigue estoicamente al guía del tour, no pierde de vista el paraguas o la banderita que lo identifica y avanza por sobre todo lo que se interpone entre él y la atracción turística, sacando innumerable cantidad de fotos a las cosas más ridículas, esforzándose por vestir la campera y el gorro del color más feo que pueda existir, arruinando paisajes magníficos. El turista chino sólo sabe viajar en grupo, y sólo le importan las atracciones (si no son auténticas, o han sido restauradas sin respetar la estructura original, o tienen luces de neón, tanto mejor). No le vengan con el off the beaten track, porque no quiere conocer una galería de arte secreta, sólo quiere la torre Eiffel o el equivalente del lugar, y sacarse la foto haciendo la V de la victoria (todos los chinos turistas son K).


Turismo langosta

Al viajar por China hay un montón de cuestiones grandes o pequeñas que irritan en el momento pero terminan siendo anecdóticas vistas en perspectiva, desde la polución hasta las motos circulando por las veredas, pasando por los megáfonos de los vendedores. Hay otras que terminan siendo risueñas, como su obsesión por la piel blanca que se evidencia en el uso de paraguas cuando hay sol, o el hábito que los nenes no usen pañales y tengan un tajo en el pantalón para hacer pis y caca.

Pero China también tiene muchos niños muy simpáticos con los que el lenguaje universal del picabú funciona perfectamente; tiene ancianos que se reúnen en los parques a hacer tai chí o a jugar a las cartas y al bádminton; tiene una gastronomía variada y sabrosa si se evita comer caninos, ofidios o insectos; tiene templos tranquilos y murallas infranqueables; tiene paisajes salidos de una película fantástica. En definitiva, tiene todas las cosas con las que se encontró Marco Polo hace 700 años…

Niño feliz en Xi'an

Lo que Marco Polo no llegó a ver es a una población gigante metida de lleno en el mercado de consumo; complejos de enormes edificios que proliferan a cada día en todos los rincones del país; una infraestructura de transporte aéreo y ferroviario que cualquier país de Europa envidiaría, y un potencial económico que hace pensar que al final de la Ruta de la Seda hay un imperio que va a imponer las reglas de las próximas décadas.

Tren de alta velocidad

*No es la idea del blog discutir sobre razones políticas, pero un gobierno que no fue elegido democráticamente, que limita las libertades individuales y el acceso a la información, que prohíbe toda clase de oposición, y que destruyó el patrimonio histórico en aras de la auto proclamada “revolución cultural”, solo merece el calificativo de dictadura nefasta, más allá de cualquier logro social o económico que se pretenda adjudicar y que no justifica lo anterior.

Culto a Mao


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