miércoles, 1 de octubre de 2014

Esto es Camboya!!!!

By Sole con colaboración de Seba

El aeropuerto de Siem Reap era pequeño pero mucho más organizado y presentable que el de Nepal. Hicimos el trámite de migraciones rápido ya que habíamos sacado las visas camboyanas por internet antes de viajar. Retiramos la valija y no bien salimos nos encontramos con nuestro próximo chofer de facciones orientales, enviado por el hotel. Al ver el nombre de Seba le hicimos señas y en seguida se nos acercó, agarró las valijas y nos señaló el estacionamiento donde había un BMW D-I-V-I-N-O!!! Pero…cuando nos acercamos un poco más vimos que al lado había un tuk-tuk blanco y el chofer se dirigía hacia ahí…

Cargó las valijas en el tuk-tuk –que en este caso era una moto con un tráiler-, mientras nos acomodábamos en el asiento. Aunque nos quedamos con la ganas del auto alemán, el viaje en nuestro vehículo oriental fue sumamente agradable, con viento natural mucho mejor que cualquier aire acondicionado. En unos 15 minutos llegamos al hotel: La Niche D’ Angkor Hotel Boutique.

Una vez más quedamos muy conformes con la elección del hotel: una construcción en forma de U de planta baja y un piso dispuesta alrededor de una pileta rodeada por un jardín con mucha vegetación que le daba un aspecto tropical muy agradable.
Mientras llenábamos los papeles del check in nos dieron unas limonadas, que con el calor que hacía nos resultaron muy refrescantes (estuvo el momento de duda en si tomar o no la bebida con hielo, prevaleció el “Que sea lo que sea!!!”).

Nuestra habitación aún no estaba lista; dejamos las valijas y nos fuimos a dar un pase por los alrededores. Siem Reap es una pequeña aldea básicamente dedicada al turismo que es atraído al lugar por la cercanía a los templos de Angkor. En la zona en que estábamos la mayoría de las construcciones eran hoteles y restaurantes sin demasiadas pretensiones. Tras cruzar el río Siem Reap que surca la ciudad por uno de los tantos puentes nos encontramos con el Old Market.
La primera impresión fue que se trataba de un mercado más, como los que habíamos visitado en Bangkok: puestos que vendían imanes, llaveros, remeras, tés, elefantitos, monederos, mini-réplicas de los templos y libros (tal vez estos eran los únicos productos que no habíamos visto en otros markets). No pudimos dejar de mirar los libros; habíamos viajado con la idea de comprar uno en particular y sin hacer el más mínimo esfuerzo lo teníamos frente a nuestros ojos.  “First they killed my father”, era su título. Uff, nombre duro, no? Es uno de los tantos libros que hablan sobre las matanzas perpetradas por los jemeres rojos o khmers rouges durante una etapa muy oscura de la historia de Camboya. Le preguntamos el precio a la vendedora que respondió “Five dollars”, le dijimos “ok” y seguimos mirando otras cosas; instantáneamente el precio bajó a “four dollars”. Agregamos un llavero y redondeamos en cinco dólares. Parece que no había que hacer tanto esfuerzo para regatear, los vendedores estaban muy dispuestos a bajar el precio. También compramos un par de los infaltables imanes.Tras concretar la compra, nos metimos en el interior del mercado por un pasillo rodeado de puestos parecidos a los previos donde preguntamos por una réplica de un templo que de 15 U$S bajó a 2 U$S; a pesar de la rebaja no lo compramos porque nos dio bronca que nos tirara en un primer momento un valor tan descabellado…

Caminamos unos metros más y encontramos lo que habíamos estado esperado encontrar en todos los mercados que habíamos visitado: frutas, verduras, pescados y pollos!!! Mi primera asociación a la palabra market es alimentos. Dimos una vuelta por el lugar curioseando la oferta.

Old market
Antes de regresar al hotel hicimos una parada en otra sucursal de la heladería Swensen’s. Otra vez elegimos entre las copas siendo la elegida: Banana Split!!!
Cuando volvimos la habitación estaba lista. Nos asignaron una que estaba ubicada en la planta baja justo en el extremo de la pileta. Nos acomodamos, y nos dimos un chapuzón antes de seguir con los planes de la tarde. No éramos los únicos en la pile; de hecho casi todas las reposeras estaban ocupadas por turistas europeos (identificamos varios rusos y franceses) que tomaban sol.

Seba en la pile
A las 16:00 hs nos encontramos nuevamente con Chen, nuestro chofer. Habíamos arreglado en el hotel el translado para ir a ver el sunset a los templos, ubicados a unos 7 km del pueblo. Si uno saca la entrada para Angkor luego de las 16:45 hs, puede ingresar al complejo esa tarde y el día siguiente.

En el tuk tuk hacia Angkor

Rápidamente, en menos de 20 minutos, llegamos a la taquilla que aún estaba cerrada. De a poco se fue acumulando gente frente a las ventanillas que recién abrieron, con suma puntualidad, cuando se hizo el horario. Pedimos el pase de un día (también estaba la posibilidad de sacarlo por tres y siete días), pagamos los 20 U$S per cápita, nos sacaron una foto y en 2 minutos teníamos los carnets con nuestra imagen (única prueba de que nos pertenecían puesto que no tenían nombre) válidos para el 25 de febrero.

Volvimos al tuk-tuk y seguimos hacia Angkor Wat, el templo más tradicional que aparece en todas las fotos de Camboya y en la mismísima bandera del país. Había bastante gente visitando este impactante mastodonte de piedra!!! Asombrados por el tamaño del complejo de construcciones, cruzamos el puente peatonal sobre el gran foso y nos adentramos en un lugar asombroso. Seba armó su gran trípode, que en este lugar no tuvo objeciones, y sacó 1000000 fotos usando distintos modos (atardecer, automático, etc.) y ángulos.

Angkor Wat

Lentamente, entre foto y foto, fuimos avanzando hacia el edificio principal al tiempo que comenzaba a caer el sol. Dimos un pequeño paseo por el interior, viendo los magníficos bajorrelieves en las paredes que representaban imágenes de batallas y apsaras -especie de odaliscas locales-.

Apsaras

Cuando el sol se había ocultado se formó una caravana de tuk-tuks que se dirigían a la ciudad; ahí estábamos nosotros! A esa hora el vientito resultaba un poco fresco. Consejo: si van a ver el atardecer lleven un abrigo fino para protegerse del fresquito y de los mosquitos. Siem Reap es área con riesgo de contagio de malaria por lo que es importante utilizar sobre todo al amanecer y atardecer todas las medidas anti-picadura que conozcan. Nosotros además de llevar ropa que cubriera todo el cuerpo nos habíamos colocado Off (DEET 25%), habíamos rociado la vestimenta con permetrina 3% y llevábamos puestas pulseras con citronela; sólo nos faltó colgarnos un mosquitero de la cabeza!

Cerca de las 20:00 hs salimos a cenar por la zona de Pub Street donde había muchos lugares para elegir. En general los más económicos estaban repletos, evidentemente habíamos llegado tarde. Terminamos en “Le tigre de papier”, viendo como las pequeñas lagartijas trepaban las paredes hacia la luz. Seba eligió un plato tradicional khmer: Amok de pescado (un guiso de pescado y leche de coco servido en una canastita de hojas de plátano). Yo no me destaqué por la originalidad y terminé comiendo un chicken filet con papas fritas. 

Amok de pescado

Emprendimos el regreso por un puente peatonal que estaba iluminado por múltiples luces de neón. Del otro lado del río nos chocamos con el night market; vendían lo mismo que en el Old market, excepto los alimentos frescos. No fue una noche de compras; estábamos cansados y al día siguiente teníamos que madrugar, y mucho!!!

Luces en el río

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