sábado, 20 de enero de 2018

Taranaki Falls & Tama Lakes Tracks: cascadas, volcanes, lagos y musculosos atletas!

By Sole

5 de diciembre 2016

A pesar de estar a pocas semanas de comenzar el verano estaba fresco; las nubes en el cielo no ayudaban demasiado para que subiera la temperatura. Hacía más de una semana que veníamos chequeando diariamente el pronóstico para National Park, el constante ícono de lluvia y rayos nos había desanimado un poco. No podíamos tener tanta mala suerte de que lloviera todos los días en el lugar donde teníamos pensado hacer el trekking más importante de las vacaciones! A medida que se fue acercando la fecha de arribo, si bien la probabilidad de precipitaciones no era nula había disminuido considerablemente y sólo estaba distribuida en una horario acotado del día. Así que partiendo de ese background, estábamos más que contentos de tener un día sin precipitaciones aunque nublado.

A las 8:30 ya estábamos en la combi. Apenas éramos nosotros y el chofer, nadie más había decido tomar con el shuttle de Plateau lodge hacia Whakapapa Village esa mañana. Tras un corto viaje de unos 15 minutos, en el que hicimos un esfuerzo sobre humano para tratar de entender al chofer que nos daba consejos en un inglés con un acento muy particular, llegamos a destino.


Caminamos unos pocos metros hasta el Tongariro National Park Visitor Center, donde hicimos una escala técnica antes de iniciar la actividad del día; prometimos volver más tarde a recorrerlo y leer detenidamente la información que tenía sobre los volcanes y fauna local.

Tongariro National Park Visitor Centre


Desde ahí caminamos unos 100 metros hasta la calle Ngauruhoe Terrace donde un cartel indicaba claramente que había que girar ahí para tomar el sendero a Taranaki Falls. Este track era un loop de 6 km, con dos ingresos o salidas (upper y lower tracks). A su vez, en la cercanía de la cascada estaba la posibilidad de tomar un desvío hacia la senda a los Tama Lakes. Nosotros iniciamos la caminata por el upper (comenzaba 100 metros más adelante que el lower) con intención de seguir hasta el Lower Tama Lake.


1. Wakapapa Village; 2.Taranaki Falls; 3.Lower Tama Lake
Inicio del Taranaki Falls via upper track


Nos encontramos con un paisaje nuevo (al menos en este viaje) en el que predominaban los pastos duros y los arbustos achaparrados típicos de la estepa. En el primer tramo era lo único que se veía a ambos lados del sendero. Luego de caminar unos metros apareció a nuestra derecha un arroyo donde nos llamó la atención algunas piedras con unos parches anaranjados-rojizos que nos hicieron acordar al pimentón. No pudimos determinar si formaba parte de la composición lítica o si era algún musgo firmemente adherido, pero hicieron que de aquí en adelante fueran las “piedras pimentón”. De pronto nos encontramos con un pequeño bosque que desapareció tan abruptamente como había aparecido, regresando el paisaje estepario cruzado por algún que otro arroyo. Toda esta primera parte la recuerdo bastante plana, tal vez con algún desnivel no muy pronunciado que no me hicieron agitar ni un poquito. Desde el punto de vista técnico también nos resultó sencillo; en las zonas de piedras estas eran pequeñas y bien asentadas, en los sitios con riesgo de resbalones el suelo estaba recubierto por una malla plástica antideslizante, y las pequeñas pendientes tenían escaleras de madera. Todo muy pro, apto todo público.









En unos 45 minutos nos encontramos con el cartel que indicaba la bifurcación hacia Tama Lakes, o la posibilidad de seguir hasta las falls que estaban a pocos metros de distancia. Optamos por la segunda opción, encontrándonos con una sucesión de escalinatas descendentes que pusieron en evidencia que mi rodilla no estaba en óptimas condiciones. Ups! El dolor reapareció y parecía tener intenciones de quedarse. Con un poco más de esfuerzo del habitual llegue a la tan esperada caída de agua que debe reconocer que me sorprendió gratamente, tenía una altura y un caudal mayor a los que esperaba. Nos sentamos unos minutos en uno de los bancos de los alrededores a picar unas galletas antes de volver a subir las escaleras y tomar el desvío hacia Tama Lakes.


Taranaki Falls


El paisaje que continuó fue muy parecido al anterior, principalmente llano, con algunas escaleras aisladas. Sin dudas el gran protagonista que se llevaba todas las miradas y fotos era el Monte Nguaruhoe de 2287 metros que estaba a nuestra izquierda. Se dice que el Monte del Destino de Lord of the Rings estuvo inspirado en esa montaña. Si bien no es el volcán más alto de la zona, si es el más perfecto en cuanto a lo cónico de su forma. Estábamos tan distraídos mirando esta maravilla natural que casi nos pasa por arriba un grupo de hombres jóvenes y atléticos,vestidos con camisetas rojas y shorts negros, que venían a toda prisa… parecía un equipo de algún deporte. Desde ya que nos hicimos a un costado y los dejamos pasar.


Monte Nguaruhoe

Qué equipo era? Qué deporte practicaban? Cuántas dudas… y mi experto en deportes no tenía la respuesta. Mientras los veíamos alejándose, algo que sucedió rápidamente por el buen ritmo que llevaban, comenzamos a hacer hipótesis sobre los posibles deportes basándonos en las características físicas… Para básquet eran bajos, aunque la mayoría parecía estar en 1,80 y 1,95 metros. Para vóley tenían músculos muy marcados en las piernas, y para fútbol estaban demasiado marcados en los brazos. Al tener cuerpos tan uniformes y no haber morruditos tachamos también al rugby, actividad tan común por esa zona…


Los muchachos...

Mientras estábamos en medio de esas disquisiciones apareció otro pelotón, que también nos pasó. Nos hicimos a un lado, y esta vez además de saludarlos les prestamos más atención confirmando que estaba uno mejor que el otro! Aclaro que no me fui detrás de ellos porque no podía seguirles el ritmo, así que continué detrás de Seba que es al único al que puedo seguirle la velocidad de marcha.

Al único que puedo (y quiero) seguir 😉

Un par de chicas que estaban en el camino también quedaron impactadas exclamando reiterados “Oh, my God” y “I love you so much!”. Hablando seriamente, les prestamos atención a las inscripciones de sus camisetas para después googlearlas: “St KFC”. Cómo acordarnos de eso? Fácil! Desde ese momento era el equipo “Saint Kentucky Fried Chicken”. Posteriormente hicimos la búsqueda en Internet recordando el acrónimo por la grasosa regla  nemotécnica. Se trataba del St Kilda Football Club (conocidos como los Saints), un equipo de Melbourn de “Australian rules football” que juega en el AFL. Les propongo que hagan la búsqueda y vean las fotos de los muchachos que aparecen… 



Con tanta belleza en los alrededores el camino se hizo más ameno y olvidé el dolor de la rodilla. El paisaje descampado se continuó por varios kilómetros, apenas surcado por pequeños cursos de agua, algunos de los cuales tuvimos que vadear (por suerte eran angostos y no tenían mucho caudal).

Más pastos duros por todos lados...

Luego de una hora y cuarto llegamos al mirador del Lower Tama Lake (1240 metros). Ahí esquivamos a todos los muchachos que estaban descansando y comiendo frutas y snacks, y nos sentamos en un costado a comer una barra de frutos secos mirando el lago que teníamos enfrente. Si bien al principio con todo el calor de la caminata estuvimos muy a gusto, luego de un rato de estar quietos en un lugar tan alto y sin ningún tipo de protección del viento comenzamos a sentir frío. Eso marcó el momento para pararse y continuar caminando.

Lower Tama Lake I

Lower Tama Lake II

Antes de emprender el regreso, avanzamos unos 10 minutos por el camino que iba a el Upper Lake buscando la zona con la mejor vista del lago. Con el descanso el cuerpo se había enfriado, y la rodilla comenzaba a molestar nuevamente. Esto, sumando a que el día siguiente íbamos a hacer el Tongariro Alpine Crossing nos hizo descartar definitivamente la opción de seguir hasta el otro lago. Desde ahí se veía claramente que el sendero ascendía por una pendiente pronunciada con muchas piedras sueltas... la distancia entre los dos lagos era poca pero con 200 metros de desnivel!!!

Camino al Upper Tama Lake

Tras sacar varias fotos del lago azulado emprendimos el regreso que iba a ser por el mismo camino que habíamos hecho a la mañana hasta llegar a la cascada; desde ahí pensábamos continuar por el lower track . Esta vez en lugar de mirar hombres, nos distrajimos jugando a los exploradores buscando animales.

Luego de tantos hikings y los safaris en África, una cosa que aprendimos es que si uno quiere ver animales tiene que estar bien atento, mirando hacia todos lados tratando de distinguir pequeños movimientos, siendo lo más silencioso posible. Esta vez, a pesar de seguir metódicamente esta técnica no pudimos identificar más que algún pajarito… lo que sí encontramos evidencia de que había más habitantes de los que estábamos viendo.

A poco de emprender el retorno, en un entarimado de madera nos llamó la atención la presencia de unos 6 soretitos oscuros y alargados de unos 3 cm de largo ("Evidencia I"). Si bien no somos biólogos ni expertos en materia fecal de animales, nos encanta seguir pistas y ser Sherlock Holmes por un rato. En función del tamaño de las deposiciones y de la zona en que estábamos comenzamos a pensar qué animal podría haberlas dejado… en este caso todas las fichas estuvieron puestas al pósum (Brushtail possum). Estos marsupiales fueron introducidos por el hombre por sus pieles, transformándose como suele suceder por la ausencia de predadores en una plaga con un impacto muy negativo sobre la flora y fauna local.

Evidencia I

La caminata continuó, huellitas no vimos ninguna pero sí más materia fecal. En ese caso se trataba de bolitas de aproximadamente 1 cm de diámetro de un color claro pajizo (Evidencia II). Por el tamaño y abundancia (al prestar atención notamos que había muchos grupitos distribuidos a lo largo del camino), los principales candidatos fueron conejos y liebres… Esto fue todo lo que pudimos avistar de la fauna, y encima no autóctona!

Evidencia II

Una hora y algo después estábamos de nuevo en la cascada donde había muchas más gente que a la mañana. Parecía que todos habían tenido la misma idea: hacer un picnic en contacto con la naturaleza; picnic es una forma de decir, había gente que hasta tenía tuppers con macarrones con salsa. Para no ser menos, nos unimos a la muchedumbre y nos sentamos a descansar en una de las pocas piedras libres y comimos un par de nuestras galletitas de granos preferidas.

Hidratados y con un par de crackers adentro seguimos caminando. Esta vez tomamos el lower track para regresar a Whakapapa, completando de esta manera el loop. Al iniciar la marcha nos metimos en un bosque que iba paralelo a un arroyo el cual, un par de metros más adelante, terminaba cayendo en forma de cascada. Justo en ese lugar el camino se transformaba en un puente que cruzaba el arroyo que a ese nivel estaba encajonado entre piedras. A partir de ahí el camino continuaba bordeando el río, pero por la margen opuesta. A la izquierda teníamos un bosque sumamente húmedo con muchos helechos y musgos, y a la derecha el lecho de agua del que estábamos apenas separados por algunos árboles.



De un momento a otro, el camino dio un giro y la vegetación cambió 100% reapareciendo los arbustos achaparrados y los pastos duros. La presencia de la village a lo lejos, donde resaltaba el tejado celeste del Chateau Tongariro Hotel, nos indicó que ya no faltaba tanto.

A las 14:30 horas habíamos completado los 3,2 km finales del sendero, trayecto que nos había tomado casi una hora. Si bien habíamos avanzado a paso sostenido durante casi todo el regreso, apenas deteniéndonos para sacar fotos, la rodilla continuaba molestando… lo que más me preocupaba era el trekking del día siguiente.

Como aún teníamos una hora y media por delante antes de tomar el shuttle recorrimos el visitor centre del que remarco como interesante la información didáctica sobre las erupciones de los volcanes de la zona, los kiwis (incluyendo sus riesgos y porque son tan protegidos), y los pósum. Además, había ejemplares de varias aves y hasta un pósum embalsamados. Es un lugar que merece una visita sobre todo si uno tiene tiempo muerto y ni hablar si quiere resguardarse un rato del viento y el frío.

Arte maorí en la puerta del visitor centre

A falta de kiwis vivos... veamos uno embalsamado

Pósum

Si bien en las inmediaciones había algunos senderos cortos, no pudimos recorrerlos por la falta de tiempo y el dolor. A las 16:00 horas nos pasaron a buscar para regresar al lodge; nos desconcertamos un poco cuando en lugar de la combi apareció un micro. El bus que venía del Ketetahi Car Park con la gente que había completado el Tongariro Crossing track se había desviado a Whakapapa a recogernos. Esperábamos volver a tomar el mismo micro al día siguiente luego de haber cumplido nuestro objetivo!!!

Tan rápido como habíamos ido, regresamos al hotel. Aprovechando que era temprano nos preparamos unos capuccinos que acompañamos con unos galletones de jengibre, y a las 18:30 horas nos fuimos a hacer uso de los 30 minutos de “hot tub”… fuese lo que eso fuera. En realidad no teníamos idea de que se trataba, así que nos pusimos los trajes de baño y fuimos a lo desconocido… El hot tub resultó ser un hidromasaje con capacidad para 6 personas, cuyo exterior estaba rodeado por una “cerca de madera” como si fuese un barril. A pesar de que cabían más personas, el uso era personal y no se compartía con otros huéspedes. Así que disfrutamos de media hora en esa bañadera que propulsaba potentes chorros de agua de caliente; muy relajante! Pequeños placeres de los que uno disfruta en vacaciones.

Sin ganas de salir y teniendo que madrugar al día siguiente, nos quedamos en el departamento y preparamos unos fideos para cargar de energía los músculos. Pipones preparamos las mochilas y nos fuimos a dormir.

Conclusiones del día:
  • Taranaki Falls - Tama Lakes tracks: una interesante opción para activar un poco los músculos para los que están en la zona para completar el Tongariro Alpine Crossing. Es un sendero sin dificultad técnica ni desniveles pronunciados (salvo que completen el trayecto entre lower y upper Tama lakes) que ofrece una gran vista del Monte Nguaruhoe y bastante tranquilidad (sobretodo entre la cascada y los lagos). 
  • Tongariro National Park Visitor Centre: nos resultó muy interesante la forma didáctica en la que estaba organizada la información sobre la fauna y actividad volcánica de la zona. Eso sumado a sus toilettes limpios y calorcito, lo hacen un lugar de visita obligada (sobre todo en un día de frío).
  • Aunque las probabilidades de encontrarse un equipo entero de hombres lindos y musculosos "en medio de la nada" es de 1 en 1.000.000 nunca pierdan las esperanzas: puede suceder!!!

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sábado, 13 de enero de 2018

En micro lechero a National Park...un pueblo fantasma?

By Sole

Domingo 4 de diciembre 2016

A las 7:10 ya estábamos en la calle arrastrando las valijas. A esa hora el pueblo estaba más desierto aún que durante las tardes y apenas encontramos un local abierto (Lotus Café & Bakery) para comprar el desayuno.

Cuando llegamos a la terminal el micro ya estaba cargando pasajeros pero... el chofer recién nos dejó subir cuando terminamos de tomar el café y tiramos los vasos. Si bien la empresa de buses era siempre la misma parecía que las reglas iban cambiando o se hacía cumplir en mayor o menor medida dependiendo de quien estuviese a cargo del vehículo. Luego nos enteramos de que la restricción no sólo incluía bebidas calientes, sino también helados y comidas con olor fuerte; ya me imagino un indio comiéndose un curry o un chino con una pata de pollo o sopa perfumando todo! El hombre también era estricto respecto al uso de cinturones de seguridad (hasta ahora nunca los habíamos usado y ni siquiera estoy segura de que todos los micros los tuviesen). Antes de arrancar hizo todo varios anuncios por el altavoz incluyendo la amenaza de tener que pagar una multa si nos paraba la policía y no teníamos los cinturones abrochados…

Puntualmente a las 7:45 horas partimos rumbo a Hamilton donde teníamos que bajar para hacer un transbordo. Durante el corto trayecto pasamos por un par de pueblos pequeños tan iguales a todos por los que habíamos pasado en otros viajes. Minutos antes de las 9:20 llegamos a destino.

Curiosa edificación en un pueblito (ni idea el nombre)

Teníamos dos horas por delante hasta la salida del siguiente micro en este contexto: domingo por la mañana, temperatura alrededor de 10ºC y equipaje a cuestas. Quedaban descartados el shopping (abría después de las 10 horas) y la caminata a la vera del río (no era la mejor opción con las valijas). La mejor idea fue ir a buscar un lugar calientito donde sentarnos y recargar cafeína: Starbucks!

Siendo el único café abierto en los alrededores, cuando entramos apenas quedaban un par de mesas libres. Nos sentamos en un rincón, reparados del viento que entraba por la puerta,… y sacamos unas “Gingernut biscuits” para acompañar el capuchino que compramos. Estas galletas típicas de Nueva Zelanda, Australia y su madre Reino Unido no eran más que galletitas con sabor a jengibre… no sé a qué se debe el “nut” porque no tienen ninguna fruta seca entre sus ingredientes. Al dar el primer bocado notamos que eran bastante duras… mientras rogábamos que no se nos rompiera ningún diente continuamos con la cata cuya conclusión fue que de sabor estaban bien pero no eran lo que esperábamos. Varios días después, cuando terminamos el paquete y se me dio por leerlo, descubrimos que eran para mojar en leche o infusiones; la consistencia dura tenía una explicación.

Café + diario de viaje + valija

Alrededor de las 11 horas regresamos a la terminal a esperar el micro que había partido un par de horas antes desde Auckland. A las 11:25, con apenas unos minutos de retraso, logramos subir y encontrar dos asientos libres. Hamilton fue uno de los últimos pueblos en los que subió gente, prácticamente de ahí en adelante la mayor parte de las paradas fue para el descenso de pasajeros. No puedo ni siquiera estimar en cuantos pueblitos y caseríos paramos; parecía un micro rojo de los “Hop on- hop off”.

Para hacer el viaje más movido, al llegar a Taumarunui tuvimos que bajar del micro; había que cambiar de chofer y el que tenía que "tomar la posta" aún no había llegado. Pasada la media hora, y ya habiendo recorrido de punta a punta la minúscula estación de buses y usado los toilettes (y en nuestro caso también haber caminado varias cuadras por la calle principal) la ansiedad del pasaje iba en ascenso. Cuando apareció el chofer y abrió la puerta del micro, todos subimos a velocidad récord y pocos minutos después partimos.

Calle principal de Taumarunui

En el último tramo del viaje, además de los verdes campos ondulados con ovejas y vacas, se sumaban a lo lejos algunas montañas con sus cubres nevadas, una imagen que tranquilamente podría haber sido de Suiza o de la Patagonia.

Tras parar en un par de pueblos más, a las 15 horas llegamos a National Park, una pequeña village que apenas tenía unas 10 manzanas. Ante la ausencia de terminal de buses la parada de referencia era “Ski Haus”, un local en Carroll Street que parecía abandonado (por el nombre tal vez abre en la temporada invernal). Bajamos junto a otras 3 personas que se dispersaron en distintas direcciones. Nosotros tomamos esa misma calle en dirección a la ruta; tuvimos que regresar unos 250 metros de los 400 que el micro había recorrido del pueblo.

Si Rotorua nos había parecido un pueblo fantasma, este ni siquiera tenía fantasmas! Pasamos frente a varios negocios cerrados incluido un gimnasio que sólo abría en invierno, un par de alojamientos en los que no había nada de movimiento y la escuela que al ser domingo tampoco tenía actividad. Las veredas estaban desiertas y por las calles tampoco circulaban autos…

Pocos minutos después llegamos al Plateau Lodge que resultó ser más grande de lo que habíamos imaginado. Tenía una zona para casas rodantes con fuentes de energía, área de acampe, un sector de habitaciones compartidas y privadas, y apartamentos. Su bien habíamos reservado una habitación con baño privado nos hicieron un upgrade a un departamento. Las energías del universo se volvían a equilibrar… de la habitación sin baño de los días previos pasamos a tener living, dos habitaciones, cocina y baño; más ambientes que nuestra propia casa! Estábamos como queríamos!!! Y encima en el costo de la habitación estaban incluidos 30 minutos gratis en el “hot tub”. Lo que sí tenía un costo adicional era el uso de Internet ($5 cada 24 horas con 10 GB de navegación). Aprovechamos el check in para contratar los transfers a Whakapapa village para el lunes y el Tongariro Alpine Crossing para el martes que era el día en que las chances de lluvia eran menores (el pronóstico para los siguientes días no era para nada prometedor... lluvia, nubes y más lluvia). Nos costó $35 cada ticket con retorno.

Nuestro departamento

A pesar de estar pronosticada lluvia para esa tarde, apenas estaba nublado –eso sí algunas nubes eran bastante negras-, así que rápidamente acomodamos las cosas que traíamos y nos fuimos al supermercado a comprar provisiones para los siguientes días.

Rumbo al super

En la caminata hasta el minimercado, que estaba junto a la estación de servicio, notamos que había un poco más de vida en ese sector del pueblo. No necesariamente me refiero a que había gente, pero si al menos había un par bares o restaurantes que parecían estar abiertos. Al menos no íbamos a morir de hambre! Como todo caserío neozelandés este también tenía una escultura de un animal: un gran kiwi.



Hechas las compras, dejamos las bolsas del super en el hotel, agarramos las mochilas con y nos fuimos a buscar un sendero de hiking que comenzaba cerca del pueblo. Tomamos Carroll Street en dirección a donde nos había dejado el micro hasta chocar con las vías del tren. Tras cruzarlas y girar a la izquierda encontramos el inicio de Fisher Road claramente señalizado con un cartel. Se trataba de un camino de ripio algo irregular, tapizado por pequeñas piedras sueltas, por el que podían circular peatones, caballos, bicis y autos.



Bajo un cielo con nubes de todos los colores que dejaban pasar algunos rayos de sol aislados fuimos avanzando sin tener mucha certeza a que distancia hallaba el inicio del sendero a Tupapakurua Falls; sólo sabíamos que estaba a unos 30 minutos de caminata. Si bien esos tiempos suelen ser simplemente orientativos, en este caso se cumplió al pie de la letra. Basado en eso estimamos que habíamos caminado unos 2 km. En todo ese trayecto no nos cruzamos con nadie; el canto de algunos pájaros eran los únicos signos de vida.

Fisher Road

Al final de Fisher Road nos encontramos con un pequeño parking, que en ese momento tenía un auto estacionado, y a la izquierda el cartel de la senda. Teníamos pensado hacer sólo la primera parte, hasta el Taranaki Lookout; llegar a las falls requería un par de horas y habíamos leído que era un camino difícil y no bien demarcado. Con apenas dar un par de pasos ingresamos a los ya conocidos bosques húmedos, esos que dan la sensación de estar caminando por la selva. No faltaban los helechos de varios tipos, incluidos el ponga con forma de árbol y algunas subespecies que no habíamos visto antes (es increíble pero siempre terminábamos identificando alguno nuevo), líquenes en abundancia, hongos y plantas que crecían en los delgados troncos de árboles.

Tupapakurua Falls I

Tupapakurua Falls II

Tupapakurua Falls III



Luego de caminar unos 20 minutos por un terreno con muy poco desnivel y sin dificultades técnicas llegamos al lookuotJusto cuando llegamos un par de personas estaban yéndose; aunque cueste creer el sendero fue el lugar más populoso en el estuvimos esa tarde!

El mirador consistía en una estructura de madera desde la cual teóricamente se podía ver a unos 100 km de distancia el Monte Taranaki. Si bien sobre nuestra cabeza había algunos rayos de sol, el horizonte estaba cubierto de nubes que nos limitaban la visión. Como ya era habitual, dependiendo hacia dónde mirásemos podíamos encontrar cielo despejado con sol, celeste con nubes blancas inocentes o totalmente tapado por nubes blancas y grises oscuras. La zona parecer ser todo un desafío para la meteorología!!!

Vista desde el mirador

A pesar de no ver nada, nos sentamos un rato en uno de los bancos a descansar y hacer una mini merienda con banana y unas galletitas crackers de "10 granos" que fueron un gran hallazgo (buenísimas en cuanto sabor, consistencia y calidad nutricional). La falta de vista fue totalmente compensada por lo tranquilo y lindo del sendero; realmente había valido la pena ir hasta ahí.

Con energías renovadas emprendimos el regreso, caminando sobre nuestros pasos. A pesar de no haber hecho ningún mal movimiento súbitamente reapareció la molestia en la rodilla derecha, la misma que había tenido en Rangitoto. Al menos no era con todos los movimientos y ni siquiera llegaba a ser un dolor que me impidiera caminar... de todas maneras agregué en mi lista mental de cosas para hacer "tomar un ibuprofeno". Si el tiempo lo permitía teníamos 2 días con muchos kilómetros de caminata por delante.

Una hora después estábamos de regreso en el hotel dispuesto a descansar y preparar las mochilas para el hiking del día siguiente mientras se cocinaba la cena.


Conclusiones del día:
  • Se puede llegar prácticamente a cualquier lado con Intercity, pero hay que estar dispuesto a entrar y parar en todo pueblo habido y por haber.
  • National Park es un pueblo muy tranquilo y solitario, en el que mucha gente (incluídos nosotros) se queda un par de noches por estar a pocos kilómetros del punto de partida del Tongariro Alpine Crossing.
  • Tupapakurua Falls es un sendero muy lindo y tranquilo de baja dificultad que está walking distance de National Park. Nos encantó! 


domingo, 7 de enero de 2018

Rotorua: caminata por los redwoods y relax en el spa

By Sole

Habíamos caminado por el sendero que bordea Blue Lake, visto carreras de canotaje e identificado especies en el Tikitapu Nature Walk... era hora de seguir viaje hacia los Redwoods!

El calor del mediodía se hacía sentir; el sol del otro lado del planeta parecía quemar más! Al ratito de estar expuestos teníamos la sensación de que nos estábamos friendo. No en vano, esa mañana el empleado del i-site nos había preguntado si llevábamos protector solar…

Iniciamos la caminata del lado izquierdo de la ruta donde parecía haber un esbozo de senda que cada tanto se desdibujaba obligándonos a ir por la banquina. Comprobando la cantidad de tránsito, incluidas camioneta con lanchas en sus trailers que iban a toda velocidad, agradecí no estar ahí con la bicicleta; hubiese entrado en pánico. Tranquilos, pero sin pausa fuimos caminando esos 5 kilómetros, esquivando latas de gaseosas vacías y restos de conejitos en diferente estado de descomposición que parecían haber muerto aplastados por los vehículos.


En plena caminata

En un momento, no podría especificar en qué kilómetro estábamos, una señora que iba en auto en dirección a Blue Lake se detuvo y se ofreció a llevarnos hacia los Redwoods luego de preguntarnos hacia dónde íbamos. “It’s a long way. Are you sure?” fue su respuesta tras denegar su oferta. Tal vez si hubiese estado yendo en dirección a Rotorua, y no para el lado contrario, hubiésemos aceptado tan amable ofrecimiento. Otra muestra más de la amabilidad de los neozelandeses.

Durante esa hora, el paisaje fue bastante monótono con campos del lado derecho de la ruta, y bosques del izquierdo. Lo único que nos llamó la atención fue una vaca muy curiosa que nos fue siguiendo con la vista mientras pasábamos; por suerte estábamos del otro lado de la ruta y ella estaba detrás de una cerca, su mirada no me gustó ni un poquito.


Qué estaría pensando esa vaca???

Qué felicidad cuando encontramos un desvío hacia el bosque!!! Si bien no estaba identificada por un cartel, había una entrada peatonal que asumimos que era una de las tantas que tenían los Redwoods. Sin tener la certeza que era el camino correcto, pero sin existir carteles que indicaran que se trataba de una propiedad privada o que prohibiesen el ingreso, entramos; lo peor que podía pasar era que tuviésemos que retroceder sobre nuestros pasos.

Luego de caminar algunos metros, un cartel nos confirmó que estábamos en “The Redwoods”, un parque de 5600 hectáreas con senderos peatonales, para bicicletas y para caballos, con diferente nivel de dificultad y duración. Al haber entrado por uno de los accesos menos populares, pudimos disfrutar durante un rato del silencio en esos lares solitarios de la foresta. Qué placer!!! Altos árboles de alguna especie que no logramos identificar predominaban en el lugar; eso sí, ninguno de color rojo. “Por qué le habían puesto de nombre “redwoods”? dónde estaba la madera roja?


Redwoods I: estábamos bien orientados!


Redwoods II: soledad y silencio.

La situación cambió completamente cuando nos acercamos a la entrada principal de “The Redwoods Whakarewarewa Forest” donde estaba el parking, un precario café, los baños públicos, el visitor center y la gran atracción turística “Redwoods Treewalk”. Esta última actividad que tenía un costo de $25 por persona, y consistía en caminar por puentes suspendidos de los árboles –a una altura que iba de 6 a 12 metros según el sector- y que se extendían por poco más de 500 metros. No estando dispuestos a pagar ese precio, continuamos con nuestro plan original para lo que agarramos un mapa del bosque y planificamos por dónde íbamos a seguir caminando.

Volviendo al parque, iniciamos la segunda parte del recorrido tomando Quary Road, un sendero ancho con árboles altos que en un principio eran parecidos a los que habíamos visto más temprano y a medida que avanzamos fueron mezclándose con pinos hasta terminar predominando estos últimos. Justamente estos pinos llamaban la atención por su gruesa corteza roja… ahí estaba la respuesta a la pregunta del porqué del nombre de la foresta.

Giramos a la derecha continuando con el “Redwood Memorial Grove Walk”, sin dudas el sector más impresionante de los que recorrimos!!! La altura y dimensión de los troncos de estos árboles rojizos era tal que no cabían en las fotos que intentamos tomar, nos sentíamos miniaturas al lado de ellos. No tengo recuerdo de haber visto algo parecido… Este sendero es un must de cualquier visita a Rotorua!!! No es de extrañar que fuera el lugar donde más gente cruzamos.


Redwoods III: hasta Seba se veía pequeño...

Redwoods IV: imposible tomarlos enteros en una foto



Cuando llegamos al final del camino, en lugar de salir a la calle o completar el loop, nos desviamos por el Quary track tentados por la presencia de un mirador a mitad del camino según el mapa que teníamos. Comenzamos con un trayecto ascendente en el que el paisaje cambió completamente; atrás quedaron los pinos apareciendo árboles más pequeños y helechos. Metros más adelante comenzamos a oler algo que nos parecía muy familiar… al elevar la vista comprobamos que había eucaliptus! Así que siguiendo la célebre frase de Borges de alguna manera nos transportamos miles de kilómetros hasta Adrogué “En cualquier lugar del mundo en que me encuentre, cuando siento el olor de los eucaliptus estoy en Adrogué”.


Rotorua V: Quarry Track

Con cada paso que dábamos el cansancio se sentía cada vez más, y ni hablar cuando el terreno tenía pendiente ascendente… cuando ya pensábamos que habíamos pasado el mirador de largo sin identificarlo, apareció el cartel que anunciaba su presencia. Le habíamos puesto tantas expectativas que terminó decepcionándonos… la vista no era gran cosa. Apenas sacamos una foto y seguimos caminando hasta desembocar nuevamente en Quarry Road, optando por caminar nuevamente el espectacular sendero de pinos de tronco rojizo que tanto nos había gustado; al final del camino esta vez continuamos hacia la salida.


Rotorua VI: el mirador

Desde ahí teníamos que encontrar una calle que nos condujera a Rotorua, tarea que nos resultó mucho más difícil de lo que habíamos pensado. En el momento que conseguimos que el GPS del celular nos marcara la ubicación (por momentos funcionaba y por momento parecía estar más perdido que nosotros) en la que estábamos vimos que continuando hacia la izquierda estaba la calle que buscábamos. Siguiendo la sugerencia del Samsung comenzamos caminando por un pequeño track que discurría entre un circuito de mountain bike y un enrejado (que evitamos tocar por riesgo de que estuviese electrificado) de algo que parecía una fábrica. Caminamos y caminamos varios metros con la gran incertidumbre de si iba a haber una salida al final o si íbamos a tener que girar 180 grados y buscar una vía alternativa. Cuando ya estábamos desesperanzados, el predio que asumimos como fabril terminó y apareció un parque y varias casas. Si hay un barrio con casas tiene que haber una salida nos dijimos… Efectivamente, luego de caminar unos cientos de metros más terminamos en una avenida que nos llevó a Fenton Road… Finalmente una calle con nombre conocido!!! Estábamos yendo en la dirección correcta!!! La alegría se transformó abruptamente en desesperanza cuando vimos el cartel que indicaba que estábamos a 2 km del centro… Para ese entonces nuestro ánimo estaba tan gris como el cielo que anunciaba posibles chaparrones.

No sé de dónde sacamos energías para caminar esas 20 cuadras por una aburrida avenida en la que apenas nos cruzamos con otros seres vivientes. Al menos por 1,5 km solo vimos hoteles y moteles de diferentes categorías que se sucedían uno al lado del otro.

Con el último aliento llegamos al hostel a dejar las mochilas. Luego de tanta caminata era el momento ideal para comprobar el efecto de las famosas aguas termales.

Raudamente agarramos los trajes de baño y ojotas, y caminamos las pocas cuadras que nos separaban del Polynesian Spa. Ingresamos a un gran hall donde había un par de orientales observando las distintas opciones de piletas y servicios ofrecidos. Como sólo íbamos a utilizar lo que estaba cubierto en el free pass para el “Lake Spa” (incluía el uso de las piletas de aguas termales que estaban junto al lago, lockers y toallas) nos limitamos a presentar los vouchers sin evaluar otras posibilidades.

A pocos pasos de la recepción encontramos los vestuarios que realmente eran de 1° nivel con sector de baño, cambiadores individuales, duchas con shower soap/ shampoo y acondicionador, lockers, secadores de cabello, toallas y hasta crema hidratante. Quedé maravillada... igual aclaro que mi parámetro de comparación son vestidores y duchas de los clubs o gimnasios y nunca antes había entrado a un spa. Guardé la mochila en uno de los lockers, agarré una toalla y salí por la puerta que daba directamente a las piletas donde me reencontré con Seba.

Si bien continuaba nublado no había llovido ni llovía en ese momento, pero sí la temperatura había descendido y estaba un poco fresco para pasearse en bikini por la intemperie. Comenzamos con la pileta de menor temperatura, unos 36°C; la elección estuvo basada en que era la que estaba más vacía. Fue raro entrar en agua tan caliente estando acostumbrada a la pileta que como mucho está en 30°C. Nos sentamos con todo el cuerpo salvo la cabeza cubierto por el agua. Al principio se sintió muy bien y nos pareció relajante, pero después de algunos minutos nos aburrimos y decidimos que era tiempo de seguir probando el resto. La que seguía estaba muy llena, más precisamente llena de orientales (no era de extrañar porque era la más cercana a la puerta de los vestuarios), así que seguimos directamente a la pileta estrella del lugar “The Priest” con aguas provenientes de un manantial con dicho nombre…

"Qué tienen que ver los sacerdotes con esas aguas?" fue la pregunta que se me vino enseguida a la cabeza… En 1878 un sacerdote (priest en inglés) católico de Tauranga que sufría una artritis tan severa que le impedía caminar se bañó en estas agua que decían tener propiedades curativas… creencia o no, se cuenta que el cura salió del baño caminando. Las aguas de “The Priest” justamente se recomiendan para el tratamiento de la artritis, reumatismo y trastornos nerviosos (vaya uno a saber que englobará ese “nerviosos”…). El Polynesian Spa se jacta de tener exclusividad en el uso de ese manantial. 

En esta pileta la experiencia fue diferente, digamos que se complicó un poquito con los 39- 41°C del agua. Tras poner el primer pie adentro tuve la misma sensación que cuando entro en la ducha con el agua demasiado caliente. Así que el primer instinto fue sacar el pie; el contraste con la temperatura exterior que no llegaba a los 20° C era muy evidente. Tomé valor y seguí avanzando, poco a poco me fui agachando hasta quedar sólo con la cabeza fuera de agua. Lentamente el cuerpo se adaptó al calor, y la sensación de que la sangre se me iba a coagular transformándome en una gran morcilla desapareció.

Desde este baño se podía ver el agua del lago –el sector que tenía actividad termal- y un nido de gaviotas que no paraban de graznar y sobrevolaban los alrededores sin pasar el alambrado del Spa; supongo que el calor o el vapor que salía actuaban de barrera.

Luego de estar algunos minutos, el bienestar que sentí tras de adaptarme a la temperatura desapareció y me comencé a marear. Hora de salir!!! Cuando me paré el mareo fue aún mayor, apuesto a que tenía la presión muy baja por el calor… Consejito: no se queden mucho tiempo, levántense lentamente y de a poco, sentándose un ratito con el torso fuera del agua antes de salir definitivamente de la pileta, y si son de presión baja o toman alguna medicación para el corazón piénsenlo dos veces antes de entrar… Me llamo la atención que no hubiese carteles que indicaran todo esto.




Luego pasamos por otras 2 piletas con una temperatura menor, que rondaba los 36°C; teníamos que recuperarnos de las calientes agua del curita… De a poco me fui sintiendo mejor, terminando al 100%. Aprovechamos este último rato para estudiar las curiosidades de nuestro alrededor, mereciendo una especial mención:
  • el encargado de controlar la temperatura de las piscinas que se paseaba con su termómetro en la mano (había imaginado que era algo automatizado y no un trabajo que hacían manualmente)
  • los bañistas orientales. Ellas vestían trajes de baños que eran comparables a los que uno ve en las fotos de los años 50 y algunas llevaban encima remeras, además de las infaltables capelinas; con todo ese atuendo al agua! Ellos con sus torsos blancos y lampiños, y una flacura extrema (que hacían ver a Seba como gordo) se paseaban de una pileta a otra.

Cuando nos aburrimos dimos por terminada la experiencia Spa!

Ducha de por medio abandonamos el lugar bastante relajados y con sueño, y con anillos nuevos! Un detalle que no tuvimos en cuenta fue el de sacarnos los anillos a pesar de que en la entrada nos dijeron que nos quitemos las alhajas. El pequeño olvido hizo que al salir las anillas plateadas terminaran de color gris oscuro y muy brillosos… al menos el olvido fue compartido y salimos los dos con los anillos iguales. Con el paso de los días y las semanas recuperaron su color original.

Aunque aún no había anochecido, de camino al hostel compramos comida thai. Ibamos a cenar tempranito porque ya teníamos hambre y al día siguiente nuestro bus partía tempranito hacia National Park.