jueves, 8 de mayo de 2014

Jaipur: la ciudad rosa que no es rosa

By Sole con colaboración de Seba

En el camino de regreso a Jaipur paramos frente al Palacio del agua o Jal Mahal para tomarle una foto. Este  edificio, ubicado en el medio del lago artificial de Man Sagar, tiene 5 pisos pero por la altura del agua sólo pudimos ver dos. Se dice que cuando el lago se seca es posible verlo en su totalidad. Mientras nos sacábamos la foto aparecieron los vendedores y hasta un mago, que fueron ahuyentados rápidamente. Del otro lado de la calle se veían un par de camellos para alquilar y dar una vuelta por la zona.


Jal Mahal

Aun teníamos dos visitas más para esa mañana. La primera fue al observatorio o Jantar Mantar, un complejo con varias formas geométricas de grandes dimensiones, construido en 1728 por el maharajá Jai Singh II. Este hombre que además de ser maharajá era astrónomo construyó en total cinco observatorios siendo este el más importante a tal punto que en el año 2010 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.



Creo que si uno va por su cuenta no entiende absolutamente nada, y se limita a ver un grupo de figuras sin sentido. Por suerte teníamos a nuestro guía que nos explicó el funcionamiento de algunas de estas estructuras, que cuando había sol, permitían calcular la hora en la ciudad (unos 40 minutos más que la hora oficial de la India).



La segunda visita dentro del casco histórico de Jaipur fue al City Palace. Para ingresar tuvimos que pagar una entrada aparte de 300 Rp; no estaba incluida en el combo que compramos en Amber. Es el palacio donde vive el maharajá de Jaipur, que en forma lucrativa ha convertido parte de los edificios que lo integra en salón de fiesta, museo y escuela de arte, con sus respectivos gift shops.

City Palace

Se pueden visitar el museo de indumentaria con trajes que pertenecieron a diferentes generaciones de maharajás, obviamente que eran sumamente ornamentados con bordados en hilos de seda. Llama la atención el gran pantalón pijama que perteneció a Jai Singh II. Un detalle que había olvidado comentar es que el hombre medía casi 2 metros de alto y pesaba más de 250 kg. En un momento que me distraje, el guía se acercó a Seba y le contó al oído (conversación exclusiva de hombres) que el maharaja era tan gordo que cuando mantenía relaciones se quedaba tumbado en la cama y las mujeres tenían que ir arriba…

La recorrida por el City Palace continuó con la sala de armas, que incluía una interesante colección de armas blancas y de fuego de todo tipo y de lo más originales. De ahí fuimos a la escuela de arte, donde una vez más tuvimos que seguir el juego del guía que mientras nos invitaba a sentarnos delante de un pintor nos dijo: “él les va a explicar la técnica de pintura con pincel de pelo de ardilla sobre papel de arroz”. Nos sentamos en unas banquetitas y comenzó la explicación de cómo había heredado la profesión (su padre y abuelo hacían las mismas pinturas) y los elementos que usaba al tiempo que iba dibujando. El hombre hacía un trabajo precioso, con tan pocas cosas lograba verdaderas obras de arte. Miramos las láminas que tenía a la venta, pero al ver los precios de las que nos gustaban (aunque no eran excesivamente caros) desistimos de comprar.

No dejamos de visitar el salón que se alquila para fiestas de bodas al módico precio de U$S 40000, sin contar comida, animación, etc, etc, etc. Lo único destacable del lugar son los dos jarrones de plata de 345 kg y capacidad de 9000 litros, que utilizó el maharajá de turno en 1902 para llevar agua del río Ganges a Inglaterra para realizar baños purificadores durante su viaje a dicho país. Son tan grandes que figuran en el libro Guinness de los Records como los objetos de plata más grandes del mundo.

A tener en cuenta los que se están por casar...

En las inmediaciones de este salón visitamos un patio con cuatro puertas alrededor de las cuales había pinturas con diferentes motivos, muy pero muy lindas. Me gustó mucho una con pavos reales, las aves nacionales de India.



Concluimos la recorrida pasando por una gran sala donde se llevan a cabo las coronaciones y eventos importantes. En las paredes hay retratos de todos los maharajás que impusieron su poder desde ese palacio. La mayoría fueron retratados con rosarios hindúes en sus manos, otra demostración más de la importancia de la religión en el pueblo indio.

Nos llamó la atención que el guía hablaba con mucha admiración y respeto de estos hombres e incluso justificaba su bondad en el hecho de que había donado algún edificio para hacer escuelas. A pesar de estos comentarios nos llevamos la sensación de que eran una elite que vivió y continúa viviendo en la opulencia rodeada de pobres que viven en la indigencia, a los que muy cada tanto en alguna celebración popular les da algo de comida y tan sólo con eso mantienen la idolatría.
A modo de balance del City Palace, si bien es un lugar muy pintoresco no lo voy a poner entre los must de Jaipur, sobre todo si no sobra el tiempo y el dinero.

A esta altura del día estábamos muertos de hambre así que fuimos a comer al restaurante escogido por Ravi y el guía. Caímos en un lugar llamado “DURG (the fort)”, una especie de carpa en un gran patio en las que estaban dispuestas mesas de diferentes tamaños (algunas largas preparadas para tours) y otras más pequeñas alrededor de una tarima central donde se desarrollaba el show. Nooo!!!! Había show!!!! La mayoría de las mesas estaban ocupadas por grupos de turistas clásicos que comían mientras observaban como un hombre y un niño disfrazados tocaban instrumentos de percusión y cuerda. En la parte delantera había otra carpa más pequeña en la que comían los choferes y guías como comisión.

Luego de una larga espera llegó nuestro pedido: bhuna gosht (trocitos de cordero con jengibre y cilantro en gravy), el clásico vegetable biryani (especias, verduras al curry y arroz basmati cocido en horno de barro) y agua. La comida estuvo bien, sin demasiado picante lo que era esperable por ser un lugar 100% preparado para el turismo. Y siempre donde hay turistas hay posibilidad de pedir tip por todo… en el baño del lugar también estaba el hombre que reclamaba propina!

A pesar de sutiles intenciones de llevarnos de compras, aprovechamos el ticket combinado que pagamos en el Amber Fort para visitar el Hawa Mahal o Palacio de los vientos.

Hawa Mahal
El edificio, construido en 1799, es básicamente una fachada con 365 ventanas que eran utilizadas por las mujeres para observar lo que sucedía en la calle sin ser vistas. Subiendo a lo alto del mismo se tiene una vista muy bonita de la ciudad, incluyendo el City Palace y el Jantar Mantar. Ahi van algunas fotos, imposible no ponerlas...

Por una de las ventanas del Hawa Mahal
Vista panorámica desde el Hawa Mahal I

Vista panorámica desde Hawa Mahal II

Viendo que no teníamos mucho espíritu de compradores para meternos en algún emporio de piedras o telas, el guía nos llevó a recorrer las calles de los alrededores del Hawa Mahal que estaban repletas de locales comerciales. Pasamos por un sector de vendía todo tipo de latas y cacharros de acero, un mercado callejero de frutas, verduras y flores, y varios locales de fideos sueltos y aceite (muchísimas variedades desconocidas para nosotros). 





Sólo paramos en un negocio de especias “recomendado” donde vendían lo mismo que en el Spice market de Old Delhi. La venta infructuosa incluyó hasta una demostración de cómo comer las semillas de anís con azúcar post-comida; tuve que comer el mix que el vendedor había depositado en mi mano, siguiendo las instrucciones del guía. “Espero no intoxicarme con esto” fue lo que pensé mientras masticaba el anís azucarado. Sobreviví!!!.

Terminamos el recorrido cerca de un templo hindú donde fuimos a comprar más malas; teniendo un precio de referencia conseguimos un mejor trato que en Old Delhi. Con esto concluyó el servicio del guía, de quien nos despedimos y seguimos viaje con Ravi, a quién le pedimos que nos lleve a un autoservicio. En el pequeño supermercado predominaban los arroces y una amplísima variedad de legumbres y productos importados (golosinas y galletitas).  Con algunos víveres y algunos condimentos para llevar a casa regresamos al hotel donde pasamos el resto de la tarde leyendo un poco sobre lo que haríamos al día siguiente.

Como queríamos probar otra opción para la cena (diferente al restaurante del hotel) hicimos una búsqueda por tripadvisor descubriendo un lugar llamado “Krishna Palace Rooftop”. El lugar tenía buenas críticas y estaba justo a la vuelta de Shahpura House. Llegada la hora de la cena, hacia allí fuimos!

Sin muchas dificultades encontramos el edificio, exteriormente era igualito al que habíamos visto en las fotos. Ingresamos al jardín donde estaba el cartel que confirmaba que estábamos en el lugar correcto, terminando en un lugar raro: un porche con una máquina de expendio de cigarrillos y gaseosas, una mesa alta que parecía un mostrador, un pasillo y una escalera al frente, y una puerta que daba a un dormitorio en el que había un colchón en el suelo y  se divisaba el reflejo de la tele. No se veía a nadie por ningún lado!!! Cuando estábamos por gritar “Hello!” salió de la habitación una pareja de fisonomía india y edad incierta, tal vez 60 o 70 años. Ni bien comencé a hablar el hombre nos dijo que esperáramos, y en forma casi simultánea apareció del fondo una chica que nos indicó que debíamos subir la escalera para llegar al restaurante.

Ni bien comenzamos a subir tuvimos la impresión de que se trataba de un lugar sucio sin nada del glamour que reflejaba la fachada. Nos recordó a la película “The Best Exotic Marigold Hotel”, que habíamos visto antes de viajar. En el tercer piso encontramos el rooftop con un par de mesas en el exterior (estaba fresco como para sentarnos ahí) y un espacio techado con unas 6 o 7 mesas más. Dudamos entre quedarnos o salir corriendo al ver la soledad y el aspecto de fonda!!! Apenas se veían 3 hombres jóvenes desalineados que parecían ser los encargados del lugar. Ya que habíamos llegado hasta ahí, le dimos una oportunidad!


Elegimos dos diet Coke, un plain chapatti, un Kashmiri Dum Alu (Potatoes stuffed with cottage cheese in an onion and tomato gravy) y un Dal Fry (lentis in sauce); los precios eran bajos comparados con lo que habíamos venido pagando. Luego de una espera de unos 20 minutos,  en la que permanecí atenta viendo si aparecía una laucha por alguna parte, llegó el pedido. A esta altura ya no estábamos solos en el salón, había dos comensales más y afortunadamente ningún roedor. Qué nos había tocado en suerte??? Una papa en una salsa con el mismo olor de siempre y una sopa en la que flotaba una capa de aceite, unos vegetalitos y unas pocas lentejas. Eso sí, lo que no le faltaba era picor!!! Comimos un poco temerosos, sin saber si al día siguiente estaríamos vivos…

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