By Sole
Espero
que no me maten por lo que voy a decir, pero estando parada entre Hagia Sophia
y Blue Mosque me resultó mucho más impactante y bonita esta
última. La iglesia devenida en mezquita y posteriormente en museo, si bien es
imponente no ostenta gran belleza desde el exterior; tal vez por la falta de
simetría y por los contrafuertes construidos hace cientos de años para soportar
el peso del gran domo.
Con sólo dos personas delante en la fila de la boletería compramos los tickets de 30 TL cada uno. Estuvimos en la duda de comprar una tarjeta de tres días (85TL) que incluía otras atracciones, pero teniendo en cuenta los lugares que queríamos visitar no ahorrábamos dinero. Decidimos que nuestro interés determinara los lugares a visitar y no una tarjeta…
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Hagia Sophia a la izquierda, Blue Mosque a la derecha |
Con sólo dos personas delante en la fila de la boletería compramos los tickets de 30 TL cada uno. Estuvimos en la duda de comprar una tarjeta de tres días (85TL) que incluía otras atracciones, pero teniendo en cuenta los lugares que queríamos visitar no ahorrábamos dinero. Decidimos que nuestro interés determinara los lugares a visitar y no una tarjeta…
Tras
presentar las entradas pasamos por el detector de metales y las mochilas por el
scanner, y a qué no saben lo que pasó??? El trípode de Seba no tenía permitido
el ingreso!!! Otra vez nos encontrábamos con una regla absurda!!! Habiéndonos
pasado lo mismo en India, entregamos el trípode que retiraríamos a la salida.
Los “palitos” para sacar selfies pasaban sin problema!!!
Caminamos
raudamente bajo la lluvia los metros que nos separaban del atrio y tras pasar
dos puertas bastante imponentes nos encontramos con el interior de la iglesia.
Inmensidad suele ser una de las palabras que mejor describen este lugar. Ni
siquiera el andamio que cubría la mitad izquierda de la misma permitía ocultar
las dimensiones de la construcción. Seguramente no es el edificio más grande
que visité, pero tal vez sí el más grande con tantos años de historia atrás.
Para que se den una idea, mide unos 100 metros del atrio externo al altar, con
un ancho de casi 70 metros. El domo, una de las partes más impactantes, tiene
una altura de 55 metros y un radio de 31 metros. Grande, no?
En el interior de Hagia Sophia |
Durante
la época de las cruzadas sufrió un gran deterioro, y recién en el año 1453,
luego de la conquista del Sultán Mehmed fue remodelada y transformada en
mezquita. Se reforzó la estructura, se agregaron pilares y con el tiempo se
fueron agregando los característicos minaretes.
Tras
varios siglos de funcionar como mezquita, en 1935 fue convertida a museo; la
función que tiene en la actualidad.
No voy a
detenerme a hablar de estilos arquitectónicos, en los materiales empleados en
la construcción ni en los numerosos emperadores y sultanes que pasaron por ahí
porque sería bastante tedioso –sin contar de que estaría escribiendo sobre
temas que desconozco –. Simplemente voy a hacer mención a las cosas que
llamaron nuestra atención:
- Los paneles caligráficos son sin duda los elementos más icónicos de las fotos que circulan de Hagia Sophia. Esos ocho grandes círculos de 7,5 metros de diámetro con inscripciones en árabe son los más grandes del mundo islámicos. Todos se preguntarán que significarán esas grandes figuras doradas sobre un fondo de madera verde tan oscuro que casi parece negro… no son ni más ni menos que los nombres de Ala, Mahoma, los nietos de este último (Hasan y Husain) y los primeros cuatro califas (Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali). Existen además otros paneles de menor importancia cerca del altar que llevan los nombres de algunos sultanes otomanos.
- Los mosaicos con imágenes de
Cristo me llamaron la atención por dos razones. La primera fue la
tolerancia que tuvo el islamismo hacia imágenes representativas de otra religión. Pero al leer un poco descubrí que Jesús fue una de los
profetas del islam como los fueron también Noé, Abraham, y Moisés
–personajes en común también con el judaísmo–. Teniendo en cuenta esto
podría entender que conservaran esos mosaicos porque en algún punto eran
representaciones de un personaje que también era parte de su religión. Lo
segundo que me llamó la atención fue la
manera en que estaban realizados. Estas verdaderas obras de arte fueron
realizadas entre los siglos IX y XIII; en la mayoría están presentes
Jesús, la virgen María, ángeles y los mismísimos emperadores (hombres
modestos y para nada vanidosos, no?).
El que nos resultó más impactante y el que retuvo más la atención –apuesto que por la cercanía con la que se podía apreciar– fue el “Mosaico Deesis” en el que está representado Jesús, la virgen María a su izquierda y San Juan el Bautista a su derecha, quienes rezan para que Cristo tenga piedad de la gente durante el juicio final. Se encuentra ubicado en la galería norte del primer piso, y aunque es uno de los mosaicos más nuevos del lugar –siglo XIII– apenas se conserva la parte superior del mismo. Ese pequeño segmento es suficiente para apreciar con todo detalle las pequeñas piezas –en su mayoría doradas– que como si fuera un gran collage de papel glasé metalizado van delimitando con gran precisión las figuras humanas. Vale la pena dedicarle unos minutos de la visita. - La escritura vikinga es la
evidencia de que el “vandalismo” no distingue épocas ni culturas. En una
de las barandas de mármol del primer piso se pueden ver un par de
“garabatos” tallados en la piedra que según la traducción dice “Havdan
estuvo aquí”. Aparentemente fue escrito en el siglo XIII por un
vikingo que formo parte de la guardia imperial que peleaba en nombre de la
corte en esa época.
- La columna de los deseos!
Donde hay una leyenda ahí estamos leyéndola! Cerca de la escalera que
conduce al primer piso nos encontramos con una columna con un orificio
cubierto de placas de bronce. Se dice que la columna tiene el poder de
curar enfermedades… hay que meter el dedo en el orificio, dar una vuelta
de 360º (se complica si lo que duele es el hombro) sin sacarlo de ahí, y
si sale mojado la enfermedad se curará o el deseo de cumplirá. Esta vez
sólo nos detuvimos a mirar, no nos atrevimos a meter el dedo…
El frío
que hacía en el interior de Santa Sofía no tenía nombre! Es más no sé si no
hacía más frío en el interior que en el exterior… las paredes y pisos
recubiertos con mármol –en algunos sectores tan gastado que tenía huellas como
las rutas por donde pasan muchos camiones– no ayudaban ni un poquito… Mis
zapatillas mojadas y el trench más primaveral que otoñal tampoco eran de ayuda!
Tantas cosas para fotografiar... pero su particular iluminación, o la presencia del
andamio, o una combinación de ambos factores hicieron que nos resultara
bastante difícil encontrar el ángulo con la luz ideal para sacar fotos.
Probamos distintos modos de la cámara, alturas, focos, etc. tratando de plasmar
de la forma más veraz lo que estábamos viendo. Quedamos un poco decepcionados
con nuestro trabajo fotográfico…
Luego de casi una hora y media de recorrido, en el exterior nos reencontramos con la lluvia! Nada había cambiado! Las inclemencias del tiempo hicieron que no le dedicásemos a los alrededores de Hagia Sophia el tiempo que merecían. Apenas pispeamos un poco el exterior de las tumbas de sultanes y princesas que imponentemente se erigían como edificios secundarios en los jardines tapando parcialmente a la iglesia.
Al elevar
la vista no pudimos dejar de prestar atención a los minaretes, esa estructura
arquitectónica distintiva de las mezquitas utilizadas para anunciar el horario
de la oración. Sumando a la asimetría externa de Santa Sofía producto de los
arbotantes adicionados para evitar que se venga abajo y las tumbas que la
rodean los minaretes son diferentes entre sí! Uno llama particularmente la
atención por ser de ladrillo rojo desentonando con toda la estructura.
Antes de salir retiramos el trípode y nos fuimos a cambiar
el calzado mojado al hotel para continuar recorriendo esta enigmática ciudad.
Nuestro siguiente punto de interés a recorrer era el Grand Bazaar.